Opinión

Lo más importante que ocurrió el domingo 20 de mayo es que venciendo amenazas de todo tipo, el pueblo venezolano otra vez salió a votar e impuso democráticamente y a la vista de cientos de observadores electorales la esperada reelección de Nicolás Maduro. Ese detalle precisamente, el de la renovada práctica de defender la soberanía popular con una urna como arma es la que desde aquel no muy lejano diciembre de 1998 viene poniendo a los sucesivos gobiernos estadounidenses al borde de la histeria.

Tanto se habla de las elecciones en Venezuela que el mundo ignora lo que ocurre al oeste de ese país. Si la algarabía no tuviera tantas implicaciones geopolíticas, económicas, ideológicas y simbólicas, se podría llegar a pensar que tanto ruido contra Caracas busca, además, desviar la atención de lo que ocurrirá en Colombia el próximo 27 de mayo.

Se anuncia desde Argentina que el gobierno de Mauricio Macri pretendería, con no poca inmodestia, lograr lo que no han podido las administraciones de George W. Bush y Donald Trump por las malas ni la de Barack Obama por las menos malas: Romper la alianza estratégica entre los gobiernos de Cuba y Venezuela.

Para intentar comprender la razón por la cual la mayor parte de la clase política antichavista decidió no participar en las elecciones del 20 de mayo, es preciso remontarse al 7 de octubre de 2012: el antichavismo nunca llegó a recuperarse de la última derrota electoral que sufrió contra Hugo Chávez.

Las recientes sanciones estadounidenses contra la Resistencia libanesa o Hizbullah, crearon confusiones, con relación a las posibilidades de crear un nuevo gobierno rápido en la nación de los cedros, según vaticinios de hoy emitidos por diversos medios.

En este cuarto lustro del siglo XXI asistimos, en el plano internacional, a la consolidación de la impunidad como conducta, en materia de cumplimiento del derecho internacional por parte de una de las entidades más terroristas, que ha dado la historia de la humanidad: el régimen sionista israelí.

Las decisiones erráticas que caracterizan a la actual administración y la tendencia a resolver con acciones de fuerza asuntos clave de política exterior, hacen pensar a los especialistas en el peligro que representará el otorgamiento de un cheque en blanco al mandatario para usar el poderío bélico.

La campaña presidencial en Venezuela arriba hoy a su última jornada, preámbulo de la cita con la historia de este pueblo el próximo 20 de mayo.

Hay un pueblo que necesita la mayor atención posible, una atención permanente, de toda la comunidad internacional, y es el pueblo palestino. Se hace necesario levantar con mayor fuerza la solidaridad y recabar de las instituciones internacionales y estados organizados el cumplimiento de todas las medidas y las resoluciones acordadas frente a este conflicto palestino-israelí. Necesidad que se hace más imperiosa en la actualidad, dada la situación catastrófica en la se encuentra sumido este heroico pueblo palestino.