Arleen Rodríguez Derivet

Periodista cubana y conductora del programa de la televisión cubana “Mesa Redonda”. Premio Nacional de Periodismo José Martí. Premio Abril.

Otoño en Nueva York, descifrando el silencio

Durante toda una semana, la que duró el viaje del presidente Miguel Díaz-Canel a Nueva York, lo primero que hice cada día, fue consultar las ediciones impresas de The New York Times y Wall Street Journal, que la administración de nuestro modesto hotel en Park Avenue ponía a disposición de sus huéspedes antes de amanecer.

Otoño en Nueva York, descifrando el silencio

Al séptimo día descansé, como Dios manda y la partida de la ciudad determinó. No he vuelto a ver ambos periódicos, pero sé que ninguno de ellos se dio por enterado del paso del nuevo presidente cubano por Nueva York.

Se afirma con sobrada razón que nada importante ocurre en la Gran Manzana, en Washington y hasta en el mismísimo resto del mundo, que esos dos, de los tres periódicos más importantes de Estados Unidos, no publiquen.

En esa misma semana, Brett Kavanaugh, el juez conservador nominado por Donald Trump para ocupar el cargo de magistrado de la Corte Suprema de Estados Unidos, no dio un paso fuera de las portadas ni lejos de las cámaras. Lo mismo con lo mismo -como decimos en Cuba cuando los periódicos se parecen- fue contado varias veces y de muchas maneras.

Pero de Díaz-Canel en USA, nada: ni su entrada por el JFK, ni sus tres discursos en la ONU, ni la respuesta directa a la crítica de Trump al socialismo cubano, ni la soberana confirmación de la invariable solidaridad con Venezuela, ni los encuentros con políticos afines y no afines…

…Ni la hermosa celebración en la histórica catedral de Riverside, donde el Presidente no sólo habló, sino que tocó tumbadora junto al grupo folclórico que animó la velada. Ni la reunión con los agrícolas, los Google, los empresarios, los cubanos residentes en ese país, el Arzobispo de la ciudad, el Consejo Nacional de Iglesias o con el Alcalde de Nueva York.

Ni siquiera la cálida recepción que le dieran Robert De Niro y un grupo de notables personalidades de la cultura norteamericana en el emblemático edificio Dakota “donde las balas mataron a John”, el Lennon por cuya música Díaz-Canel jamás ha escondido su admiración.

Más asombroso aún, parece que nunca supieron que Lis Cuesta, la esposa del Presidente tuvo su propio programa profesional, que visitó museos, universidades, centros comunitarios, además de asistir a varios de los eventos del estadista.

“El silencio como manipulación”, ha explicado Rosa Miriam Elizalde, infatigable seguidora de las redes sociales desde su actual plataforma de pelea por la información: Dominio Cuba. Su análisis, aunque apunta a la eficacia de Internet para perforar ese otro bloqueo que entierra los mensajes cubanos, confirma la absurda callada.

Digo callada con premeditación, aunque sin alevosía: ¿los mandaron a callar? Y, por favor, que nadie me responda con lo que publicó El Nuevo Herald. Hablo de lo que los expertos llaman mainstream (la corriente dominante), los diarios serios, los que presumen de adelantar acontecimientos políticos, aunque muchos años después nos enteremos que se “los adelantaron”.

Claro, que yo tengo mis propias respuestas. ¿Cómo le haces para esconder el encanto de un hombre que llega “con un mensaje de paz”, que agradece a los amigos, pero no se esconde para fustigar a los adversarios, que defiende el socialismo y la continuidad de la Revolución, que advierte que no hay ruptura generacional ni traición a los procesos integradores?

¿Qué foto incómoda le inventas al visitante que se inclina respetuoso ante las víctimas del terrorismo, que saluda sonriente a los artistas famosos, que rinde homenaje al Apóstol de su país en un parque concurridísimo y pide que no molesten a los que corren?

¿Cómo le explicas a los lectores que en el programa de la esposa no hay Boutiques, ni pasarelas, ni tiendas de marcas famosas?

Carlos Gutiérrez, uno de los más prominentes hombres de negocios que concurrieron a la cita con Díaz-Canel en el hotel Marriot, comentaba con asombro: “había mucho miedo de que fuera un militar. Es un civil…”, explicaba admirado.

Aquella mañana, la más fría del agradable otoño de Nueva York este septiembre, casi todos los empresarios dejaron sin tocar el desayuno por no perderse una palabra del breve discurso de Díaz-Canel, quien les pidió un enfoque holístico a la hora de ver las relaciones, hoy en retroceso, entre los dos países.

“Más que ver el turismo como un negocio, le damos mucha importancia a su poder espiritual, emocional, cultural…los viajes fomentan la amistad”, dijo, acentuando el valor humano del diálogo.

En esta visita, histórica aunque no cuente en los récords de la muy respetable gran prensa norteamericana, las palabras más reiteradas, desde el lado cubano, fueron: paz, amistad, puentes, oportunidades. Pero también se habló bastante del bloqueo, antónimo y obstáculo de todo eso.

Los próximos meses y años dirán qué pudo más.