De cuando el Ché Guevara conquistó Bogotá

Omar Rafael García Lazo

Analista politico internacional
Cuando en 1967 lo asesinaron, no imaginaban el alcance de su pensamiento y de su ejemplo. Tampoco lograron ver, en medio de un contexto muy distinto al actual, cuando una idea puede recorrer el planeta en un segundo, que su imagen se convertiría en ícono de la rebeldía consciente y en bandera de la lucha por la justicia social.
Por las ideas del Che se combatió en toda América Latina
Por las ideas del Che se combatió en toda América Latina
En aquel infausto año, mientras en la Plaza de la Revolución en Cuba un silencio monumental se esparcía con la confirmación de la noticia, en Colombia ya se luchaba por las ideas revolucionarias que catalizó el proceso cubano, donde el Guerrillero Heroico, Ernesto Guevara, fue protagonista.

 

Por las ideas del Che se combatió en toda América Latina y buena parte del mundo. Y Colombia no fue la excepción. Pero no solo el monte y las balas fueron testigo y expresión de la inconformidad. En las universidades, los estudiantes también hicieron lo suyo.


Un mural en La Nacional

General Francisco de Paula Santander
General Francisco de Paula Santander
Cuentan que en 1976, en medio de grandes disturbios en Bogotá, un grupo de estudiantes quiso conmemorar el noveno aniversario de la muerte del Ché. Decidieron hacerlo derribando la estatua de Francisco de Paula Santander que presidía la Plaza Central en la Universidad Nacional y rebautizar el sitio como “Plaza Ché”.

 

La acción tuvo un simbolismo extraordinario pues Santander es uno de los próceres que más venera la oligarquía colombiana, contrapuesto incluso a Simón Bolívar, padre de la independencia del país. Por lo que desplazar a Santander para denotar el sitio con el nombre de un héroe de la contemporaneidad, comunista y por demás extranjero, representaba un desafío ideológico de elevados quilates.

 

Y así sucedió. Con una grúa, la figura de Santander fue retirada y envuelta en una bandera estadounidense. Tras ser “rescatada” por la policía y remodelada, fue erigida nada más y nada menos que en la Escuela de Cadetes General Santander.

 

La Plaza rebautizada y sin estatuas se mantuvo siempre con pintadas y letreros alegóricos al mítico revolucionario argentino-cubano, dando fe de la efervescencia que vivía Colombia en medio de las luchas guerrillera, social y estudiantil contra un sistema cada vez más afincado en la violencia y la explotación.

 

No es hasta 1981 que aparece en la Plaza la histórica foto del Ché, tomada por el fotógrafo Alberto Korda. Fue pintada en la fachada del Auditorio León de Greiff, cuyas puertas se abren de cara a la explanada. Cuentan que fueron los hermanos Alfredo y Humberto Sanjuán Arévalo, los que con mucho esfuerzo pintaron la imagen del guerrillero argentino-cubano en un día, justo en la pared exterior del Auditorio, acompañados de música y jolgorio estudiantil.

 

Meses después, ambos hermanos fueron asesinados y desaparecidos. Aunque el crimen sigue impune, algunas investigaciones determinaron la responsabilidad de una estructura oficial de inteligencia, lo que confirma la intolerancia del sistema político colombiano.


La imagen de la resistencia y la memoria

La imagen de la resistencia y la memoria
La imagen de la resistencia y la memoria
La permanencia de la imagen del Guerrillero Heroico, además de ser una clara señal de definición política de un sector de la Universidad, se convirtió en sí misma en una bandera de resistencia y en un tributo a los estudiantes asesinados o desaparecidos, como los hermanos Sanjuán.

 

En no pocas ocasiones tanto estudiantes como autoridades han tratado de eliminarla. En el 2005 el Tribunal Administrativo de Cundinamarca ordenó retirar la imagen arguyendo razones burocráticas cual cortinas de humo frente al desafío que por décadas significó un Ché inmenso en el medio de Bogotá. Días después, cuentan, al ritmo de canciones políticas, decenas de estudiantes retornaron al mítico guerrillero a su sitio universitario.   

 

Recientemente, en octubre de 2016, la Universidad amaneció sin su Ché, el mismo que había resistido en los últimos 10 años hasta una petición de referendo universitario. La indignación fue inmediata y en lo que avanzaba el debate sobre si debía o no estar la imagen, un grupo decidió restituir la foto en su lugar.

 

El debate aún no concluye. Mientras tanto, la Plaza sigue llevando el nombre del Ché y su imagen preside el campus. Por mucho que se insista, parece que se diluye en el tiempo su nombre original: “Plaza Santander”, cuya estatua derribada no pudo volver jamás, ni siquiera a la biblioteca de La Nacional, de donde también la desalojaron en 1990. La Plaza Ché es terreno ganado.

Los puntos de vista y opiniones expresadas en este artículo son las del autor y no reflejan necesariamente el punto de vista de Al Mayadeen.