¿Cómo evitar el retorno de la guerra civil al Líbano?

Ibrahim al Amín

Editor en jefe del diario libanés Al Akhbar
Mucho se está hablando últimamente en El Líbano sobre el peligro del retorno de la guerra civil. Una carta dirigida por el editor en jefe del diario libanés Al Akhbar Ibrahim Al Amín, al presidente de la República y al Líder de la Resistencia Libanesa, ha constituido un grito de auxilio a la patria del país de los cedros. Seguidamente, y por su importancia, Al Mayadeen transcribe la misiva integralmente.
Una ley electoral que prepare al país y sus habitantes para una nueva guerra civil
Una ley electoral que prepare al país y sus habitantes para una nueva guerra civil
En el umbral de los esfuerzos continuos, para aprobar una ley electoral que prepare al país y sus habitantes para una nueva guerra civil, conduciéndolos hacia la hoguera que abrasa la región, tendríamos una vez más y cada vez que la oportunidad lo permita, que elevar la voz ante quienes en realidad poseen el poder de decisión y colocar la invocación en manos de quien pueda impedir el colapso del ultimo muro.

Para el Presidente General Michel Aoun

El general Michel Aoun, Presidente de la República Libanesa
El general Michel Aoun, Presidente de la República Libanesa
Que este sea mi último mensaje para usted, si usted desea que fuese así; sin embargo, dejare que mi voz emane del fondo de un corazón estrujado por la opresión, el miedo y la injusticia.


Que sea el último si usted así lo desea, un papel desdeñado, que se arroja junto con las promesas y las esperanzas.


Que sea el último si algunos quieren que así sea, tal vez puedan descansar en sus esferas estrechas como sus mentes y que se vayan al infierno con sus ideas que las inspira el diablo.


Que sea el último, incluso si algunos quieren que este sea un grito previo a la muerte, por si reina después el silencio, sin quejas, ni gemidos, ni siquiera una súplica a Dios…


Que sea el último, incluso si no te permiten verlo, o lo interpretaran como los bribones que son estos cortesanos de la corte que nunca se han alejado del palacio. 


Que sea el último, aunque aparezcan los nuevos misioneros, con sus ambiciones a las que llaman la cruz de los sacrificados por los demás. Tenemos derecho de obstaculizar lo que se prepara de leyes criminales contra los individuos y la comunidad.


Que sea el último, aunque la queme un predicador que roba la comida de los pobres, para luego adelantarse a ellos para llegar al confesionario sin dejar de pecar.


Que sea el ultimó, luego puedes hacer lo que se te antoje, lea las letras, aunque hay alguien que se esfuerza vilmente por borrarlas, y observa las frases, aunque se te acerque quien no ha leído la historia de su familia, de su pueblo y la historia de su nación y solo ve con los ojos de un pasado mísero, que solo revela la introversión, que es la maña de los cobardes serviles. 


Que sea el último, aunque intente quien vive en tu patio trasero usar tu espada, para atacar a tus súbditos gritándoles: ¡yo soy su dios supremo, traigan a sus hombres para que me agradezcan, denme sus mujeres para tenerlas cautivas y solo engendren quien garanticen que será mi sirviente, y sirviente de mis descendientes después de mi hasta el fin de los tiempos!


¡Cerca de ti, se comete hoy un crimen que solo se puede resarcir con hierro y fuego; en nombre de tu cruz los enmascarados conciben un evangelio falso con el fin de desigualar a la gente, como si viviéramos en tiempos de la esclavitud y la servidumbre; se multiplican los vendedores de ilusiones y los que arrastran a la gente hacia un suicidio colectivo en nombre del miedo!


Para el Sayyed Hassan Nasrallah

Sayyed Hassan Nasrallah , secretario general de Hizbullah, Líder de la Resistencia Libanesa
Sayyed Hassan Nasrallah , secretario general de Hizbullah, Líder de la Resistencia Libanesa
Y este también es un último llamado

Oh heredero de la sangre de los mártires, quien rechaza vender su alma a otro que no sea su creador, erguido más allá de su estatura, firme a pesar de todos, el mejor que tenemos, el más cercano al ideal de justicia; él quien ha rechazado la injusticia y el ardid de los agresores; ¿que hace que aceptes lo que no aceptaría tu creador, sus profetas y los hombres virtuosos?  ¿Qué te impide elevar tu voz y no tu dedo, en cara de una nueva generación de farsantes y usurpadores de sueños?

¿Que hace que aceptes que algunas personas se sometan a otras? ¿Qué es lo que hace esto tolerable, como si fuera una enfermedad y no es así? ¿Acaso Dios clasificó a su creación en opresor y oprimido hasta el fin de los tiempos?  


Como es posible para quien se enfrentó al peor de los déspotas, le tema a la injusticia de los seres más cercanos, y calla ante los corruptos quienes si los dejamos seguirán haciendo lo que han acostumbrado hasta el día del juicio.  


Esto no se trata de emociones o sentimientos de ira; así como no es un chantaje de quien aparentemente fue persona justa pero cuando se consolidó se convirtió en su contrario; y tampoco se trata de retirarse de una batalla prolongada y grande para favorecer formas mezquinas aquí y allá.


Lo que se vive hoy en el Líbano, será el preludio de la destrucción de lo que queda de un templo, que habían sido forzados los invasores a abandonarlo dócilmente y que habíamos dejado en manos de quienes no son capaces de gobernarlo, quienes tampoco se merecían la confianza, aprovechando la oportunidad para acabar con la dignidad del ser humano, y atentar contra la ambición y el deseo de superarse.

    

La injusticia no es una fatalidad y el sacrificio no es una sumisión infinita a los opresores, no es cierto que el silencio en el servicio de Dios requiere de tanta tolerancia, tampoco es correcto simplificar la magnitud de lo que planifican los locos de esta generación. 


El proyecto sedicioso de ley no corrige estragos en corazones enfermos y solo añade más miedo al miedo convirtiendo a la persona en un demente pesimista, que solo le vale suicidarse y eso es obra del diablo y no de los creyentes.


Callarse ante la conducta de niños frívolos que sueñan con espejismos, no da resultado en la protección de jóvenes que no buscan el bienestar de los otros, ni honran a familias bondadosas que se esfuerzan por hacer el bien a favor de la dignidad de los demás. 

 

Aprobar la ley de la gran destrucción no se puede justificar ni ante Dios o ante sus ciervos, más bien es una derrota que no te caracteriza, y eso es rebajarse ante quien aflige al otro, negociando su dignidad y su sangre a cambio de un poder efímero que desaparecerá hoy o dentro de poco tiempo, y en caso de ser aprobada esta ley esta sería una injusticia aunque fuese involuntaria, ya que los otros tienen el derecho de vivir dignamente y sin condiciones.   


¿Cómo podemos aceptar, un razonamiento que enfrenta la expiación con expiación y ve que no puede vivir con los otros solo porque nacieron en familias que profesan otra religión? ¿Cómo podemos encubrir a los nuevos maniáticos que aún no entienden que la coerción solo produce coerción y que la anarquía previa a la revolución es el último refugio de los oprimidos?!


¿No recuerdan los tiempos cuando eran libres? (Foto de Ted Swedenburg )
¿No recuerdan los tiempos cuando eran libres? (Foto de Ted Swedenburg )
Aquellos que controlan el destino de la nación y de la gente, no se han hartado de oprimirnos y de asesinarnos, y no se han cansado de azotarnos, embrutecernos y subyugarnos…


¿Acaso no se cansan de acumular dinero? ¿Acaso no se han hartado hasta la saciedad de saludos y reverencias falsas? ¿Acaso mantendrán la opresión como legado? ¿O será que gozan transfiriendo el poder a sus hijos y nietos para lograr doblegar a los demás?


¿Qué les queda después de todo lo que pasó? ¿Qué les dejan a quienes llevan su nombre y a los suyos en la tierra? ¿Por qué no les preguntan a las dinastías de antaño sobre lo que acumularon sus padres?


¿Tendrán ustedes contacto con el otro mundo? ¿Les contó algún fallecido de sus parientes que sigue siendo el primero entre los muertos? ¿No recuerdan los tiempos cuando eran libres, cuando nacieron, y durante su juventud, como rechazaban las ataduras de la familia y de la tribu? ¿No piensan como viven ahora? Acompañados constantemente por el miedo, no duermen sin guardaespaldas, ni pasean sin los ojos vigilantes que detienen la vida en el sitio donde van y no comen sin un catador suicida, logrando la felicidad siempre por cuenta de la miseria de los otros. 


¿Qué es lo que impide que uno de ustedes no pueda despertarse un día, recoja sus cosas o lo que necesita de ellas para el resto de su vida, y llora después ante su familia y le pide perdón a sus víctimas antes de partir?


¿No saben acaso que solo dejan detrás de ustedes una brisa amarilla que no les da la oportunidad a sus hijos y nietos de vivir sin sangre?


Mientras tanto, nosotros la categoría de las víctimas que se multiplican día tras día, no otorgaremos a los que hablan en nombre de Dios el derecho de ajusticiarnos, y no dejaremos que nuestros hijos que les hemos seleccionado nombres que no los distinguen, que vivan con temor a causa de un apellido que quieren convertirlo en un pecado original del que no se pueden salvar.


Tenemos derecho no solo de gritar, sino de maldecir a los nuevos locos, de difamarlos uno a uno, y hacer un llamado a la resistencia, con toda la violencia si es necesario y con toda la ferocidad cuando llegue el momento.


Tenemos derecho de entorpecer lo que se prepara de leyes criminales que atentan contra el individuo y la comunidad; tenemos derecho de incitar a la gente, a los hijos y a los nietos para que los odien y los rechacen a ustedes.    


¡Tenemos derecho de hacer un llamado para enfrentarlos sin miramiento, piedad, ni misericordia, ya que al parecer la lección de la guerra civil no les sirvió de nada y hay entre ustedes quien se otorga a si mismo cualidades de los profetas y de santos!

Los puntos de vista y opiniones expresadas en este artículo son las del autor y no reflejan necesariamente el punto de vista de Al Mayadeen.