Qasem Ezzeddine

Investigador, Diploma en Estudios Antropológicos de la Universidad de Sorbonne en París. Escritor en varios periódicos.

¿Acaso apuesta Netanyahu por salvar a Trump de su aprieto iraní?

Netanyahu, quien anhela que Israel recupere su papel de policía regional, juega con fuego en el contexto del intercambio de servicios con Trump con la esperanza de que ambas partes permanezcan en el poder; pero tal vez esté apostando a una lucha por encargo para compensar la incapacidad de Trump en la confrontación militar con Irán.

Desde que al Sayyed Hassan Nasrralah amenazó con una guerra generalizada en caso de que Trump intente un ataque que pueda parecerle limitado, esto ha dejado de manifiesto la incapacidad de Donald Trump de librar la guerra contra Irán en el Golfo, hasta en respuesta al derribo del avión estadounidense, este hecho frustra el anhelo del Golfo de que Estados Unidos encabece la guerra y así poder reflotar a los estados del Golfo frente al eje de la resistencia en la región, permitiéndole resolver de esta manera su seria crisis por estar alienada a Washington y a Tel Aviv; paralelo a eso está discapacidad también frustra la dependencia israelí de Trump en relación a un ataque contra Irán para destrozar con ello el incremento del potencial de la resistencia en el Líbano, Palestina, Siria e Iraq hasta alcanzar a Yemen; tal vez esto haga que Israel pierda también la esperanza de hacer cumplir lo que arguye es la promesa del “Acuerdo del Siglo” a pesar de la normalización y la consolidación de relaciones entre los “aliados de Estados Unidos”.   

"Israel" no se atreve a aventurarse y emprender una agresión contra una “superpotencia regional” así lo concluye el investigador israelí Eran Etzion en la revista “Tiempos de Israel”, y es lo que no se atreven hacer los aliados de Estados Unidos en el Golfo que alegan combatir los “brazos iraníes” particularmente en Yemen; pero Netanyahu amplia la agresión en Iraq contra la Concentración Popular y la resistencia en Gaza, Siria y el Líbano, para dar la impresión de que “libra en efecto una guerra contra Irán”, según el editorial del periódico Haaretz, intencionalmente intenta ampliar su agresión alegando que combate a Irán de manera directa fuera de su territorio y señalando que “no hay inmunidad para Irán en cualquier lugar”.


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De esta forma, Netanyahu se imagina que acaricia los sueños de John Bolton y de Mike Pompeo, quien se apresuró a “apoyar a Israel hablando del derecho de esta de defenderse contra Irán”; Netanyahu anuncia que la agresión de Akraba en el perímetro de Damasco, y el asesinato de combatientes de Hezbollah en su retiro, es un ataque preventivo contra una operación que preparaba la Guardia Revolucionaria iraní, así como anunció sobre el ataque contra los campamentos de la Concentración Popular iraquí, señalando que es un ataque preventivo contra las células del comandante de la Legión de al Quds dentro de la Guardia Revolucionaria, el general Qasem Soleimani.

De hecho, Netanyahu intenta retomar el papel del policía regional israelí que actúa en nombre de Estados Unidos y de los países occidentales contra la independencia de los países de la región y los derechos de sus pueblos, con el fin de “refutar las críticas y mostrar su control sobre la situación” así como lo dicen Haaretz y la mayoría de los medios de comunicación israelíes cuando hablan de las elecciones y la escalada de tensión en la región; tal vez se compense la discapacidad estadounidense en la guerra contra Irán al agredir a “Irán fuera de su territorio” con la esperanza de mostrar gratitud hacia Trump y hacia los pilares de su administración, salvándolo así de un enredo que podría tener un efecto de peso en las elecciones estadounidenses.


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La apuesta israelí para cambiar las normas de enfrentamiento con Hezbollah en el Líbano es una aventura circunstancial de consecuencias impredecibles, y no se trata de una agresión israelí específica y la naturaleza y de la magnitud de la respuesta de Hezbollah a esta agresión, sino que se trata de ecuaciones y un balance de fuerzas más amplio y más completo que esto, convirtiéndose en constantes en el potencial de la resistencia para imponer el balance de la disuasión y del terror y es un balance que se inclina paulatinamente a favor de Hezbollah y del eje de la resistencia en la región donde Netanyahu se encuentra cercado a causa del crecimiento del potencial de los enemigos de Israel ubicados alrededor de Palestina ocupada hasta llegar a Yemen.

El sueño israelí de retomar su papel de policía regional lo enfrentan las transformaciones estratégicas en las que emerge Irán emerge como una “gran potencia regional” haciendo que Estados Unidos sea incapaz de enfrentarla, así como lo resume la revista estadounidense “TheHill” en el análisis de  Matthew Barros y Julian Muller Caller, en lo que describieron como “el callejón sin salida en la estrategia de presión extrema”; en ese contexto más amplio de las transformaciones del conflicto estratégico entre Estados Unidos e Irán, Netanyahu se aventura con la esperanza de poder modificar las reglas de enfrentamiento, pero la respuesta que se aproxima, se produce en el marco de los cálculos de las reglas de equilibrio de disuasión y terror.