Luis Beatón

Periodista cubano, ex corresponsal de PL en Estados Unidos

Guerra genética podría usarla (Israel) contra palestinos y árabes

Según la versión del semanario británico, científicos israelíes involucrados en el desarrollo de la llamada bomba étnica tratan de aprovechar los descubrimientos médicos que permiten identificar los genes.

En el pasado siglo, en noviembre de 1998, el periodista Juan Carlos Gumucio, en un artículo que publicó el diario El País, de España, denunció que Israel tenía planes para la creación de un arma biológica diseñada para eliminar sólo a cierto tipo de árabes, citando un informe del diario The Sunday Times.

Según la versión del semanario británico, científicos israelíes involucrados en el desarrollo de la llamada bomba étnica tratan de aprovechar los descubrimientos médicos que permiten identificar los genes. "La intención es utilizar los virus y ciertas bacterias para alterar el código genético" en las células de algunos grupos, aseguraba el rotativo británico.

El periódico precisaba que los científicos del instituto biológico de Nes Tziyona, el principal centro de investigaciones secretas para el desarrollo de armas químicas y biológicas en (Israel), estaba involucrado en la investigación.

En esa época un informe confidencial del Pentágono, publicado en 1997, planteaba que era posible manipular agentes biológicos para producir armas letales, o sea manipular agentes patógenos con fines étnicos, según manifestó William Cohen, entonces secretario de Defensa de Estados Unidos.

La situación retoma actualidad con un artículo denuncia publicado por el periodista Rodrigo Bernardo Ortega, en medios alternativos, “La guerra genética: El nuevo escenario de confrontación de EEUU”, que alerta Washington pasó “al desarrollo de sofisticadas armas biológicas incubadas en poblaciones específicas con el fin de controlar territorios concretos”.

De acuerdo con ciertas características especiales en el desarrollo genético, estas armas pueden ser letales sólo para algunos grupos poblacionales, ya no solamente por un área geográfica determinada, sino por patrones biológicos comunes, los cuales se encuentran en coincidencias biométricas o de ADN.

Según Ortega “en otros términos, sí es posible, científicamente hablando, producir armas biológicas diseñadas para atacar sólo a algunos grupos étnicos en función de sus diferencias genéticas como lo planteó un informe reciente de la Asociación Médica Británica”, algo que no escapa a los planes israelí.

Es indudable que ciertas poblaciones pueden ser blancos de estas guerras como ya ocurrió décadas atrás cuando Washington introdujo, según autoridades, el virus del dengue en Cuba, entre otras enfermedades que sorpresivamente afectaron a ese país.

Comenta Ortega que esta situación muestra el riesgo potencial al que se enfrentan diversas poblaciones del mundo que son percibidas por el Pentágono como “peligrosas” o “indeseables”, por lo que el surgimiento del control demográfico al estilo del nazismo está “ad portas” de revivirse, algo que puede ser parte del extermino de los palestinos que buscan los halcones de Tel Aviv.

Un ejemplo de estas prácticas es que la rama de biología molecular de la 59° ala médica de la Fuerza Aérea de los Estados Unidos recolectó muestras de tejido sinovial (conectivo) de ARN específicamente de ciudadanos rusos, lo que desde luego despertó inquietudes por parte del gobierno de ese país en torno a un posible programa de armas biológicas étnicas desarrolladas por la Casa Blanca.

No debe descartarse, en ese sentido, que los laboratorios secretos que Estados Unidos tiene ubicados de manera estratégica en diversas partes del mundo, se encuentren implementando tecnologías para crear bombas genéticas que tendrían, entre otros destinos, el pueblo ruso, plantea Ortega.

En su aproximación al tema, el periodista cita a un antiguo miembro de la Comisión de la ONU sobre armas biológicas, Igor Nikulin, quien plantea el Pentágono trata de desarrollar varios tipos de armas biológicas para portadores específicos de este grupo genético y los caucásicos son necesarios ya que constituyen la mayoría de la población rusa.

Por otra parte, hay analistas que aseguran que resulta inquietante que Washington tenga tantos laboratorios biológicos desperdigados por el mundo, por lo que hay una alta probabilidad de que se estén incubando nuevas armas biológicas.

Resulta llamativa esa red del mal que está desplegada en la Amazonia (en la triple frontera de Perú, Brasil y Colombia) cerca de la asediada Venezuela, además de los laboratorios de Indonesia, Tailandia, Kenia y Egipto, a ello debe sumarse los peligrosamente cercanos a Rusia localizados en las repúblicas ex soviéticas de Ucrania y Kazajistán, sostiene el analista.

Recuerda Ortega que existen casos de pandemias y enfermedades que tuvieron su origen en zonas geográficas específicas como África y Asia, que fueron utilizados como conejillos de indias a lo largo de la historia ¿por qué no desconfiar de un gobierno que fue capaz de utilizar el agente naranja como arma de guerra?, pregunta. Científicos como Matthew Meselson llamaron la atención sobre esta cuestión e incluso denunciaron los peligros que acarrea el uso de armas biológicas.

Con esto en mente, podría decirse que el futuro de la humanidad está en peligro, toda vez que Washington sólo requiere el material genético de determinados grupos étnicos para comenzar con su exterminio feroz.

Existen también algunos antecedentes como el régimen del Apartheid en Sudáfrica que intentó utilizar su programa nacional de vacunación como cobertura para esterilizar de manera encubierta a su población negra o el caso de los estudios en (Israel) para atacar a grupos árabes a través de armas genéticas.

En el artículo “Armas Etnicas” que publicó en noviembre de 1970 la revista Military Review del Comando del Estado mayor de Estados Unidos se aborda el asunto y su autor Carl A. Larson describe “la conveniencia y las posibilidades de los patógenos biológicos modificados que afectarían solo a aquellas razas que históricamente no tienen una defensa natural contra ciertos inhibidores de enzimas”.

Investigaciones indican que un arma química o biológica que aproveche la diferencia genética podría matar o incapacitar a poblaciones enteras, dejando a los ejércitos invasores prácticamente ilesos, como es la costumbre histórica de Estados Unidos y sus aliados sionistas, por ejemplo.

Analistas sostienen que el eje Tel-Aviv-Washington desarrolla armas genéticas para el control de la población mundial y luego de sus continuos planes fracasados para eliminar a la población palestina, no es descartable el uso de “armas” asesinas contra ese pueblo árabe para afianzar el expansionismo israelí.