Luis Beatón

Periodista cubano, ex corresponsal de PL en Estados Unidos

Chile y el fracaso de la vitrina neoliberal en América Latina

Durante años el presunto éxito de la política neoliberal en Chile colocó a esa nación como el espejo donde debían mirarse las llamadas democracias afines a los intereses de Estados Unidos en la región.

  • Politólogo brasileño Emir Sader

Según el politólogo brasileño Emir Sader,  la derecha latinoamericana fracasó, porque su modelo, el neoliberal, ni siquiera logró la reanudación del crecimiento económico, promoviendo la exclusión social, el desempleo y la miseria.

De ahí lo marea de protestas que estremecen la región, en especial a Chile, que desde el 18 de octubre se sacude  y la respuesta de los “demócratas” es la represión más despiadada contra aquellos que se oponen a continuar con un modelo excluyente y que los criminaliza.

Según el diario La Tercera, las fuerzas de Carabineros  en el país fueron  instruidas para emplearlas 'en forma efectiva a la consecución del objetivo deseado, que no es otro que disolver manifestaciones que no sean pacíficas y a la gradualidad como protocolo sobre el uso de la fuerza'.

En ese escenario destaca el incremento del uso de las bombas lacrimógenas, tras suspender el alto mando de Carabineros el empleo de las escopetas antidisturbios por los serios daños que han causado los balines a cientos de personas, muchas de ellas con lesiones oculares irreversibles.

Evidentemente, la derecha latinoamericana  perdió la capacidad de control de los movimientos populares,  y ahora apela  a los golpes y dictaduras militares, como ocurrió en Bolivia, un país que bajo un gobierno popular de izquierda eclipsó al neoliberalismo y se constituyó en una de las economías más sólidas de la región, un ejemplo que “las democracias fabricadas en los laboratorios estadounidenses” no podían permitir.

Plantea Sader que bajo el modelo neoliberal prácticamente a todos los países del continente acogidos a ese fraude  despilfarraron el patrimonio público, destruyeron derechos históricos de los trabajadores, promoviendo la más grande exclusión social que nuestros países conocieron.

  • Sebastián Piñera

En el caso de Chile destaca que ya en su primer gobierno, Sebastián Piñera comenzó a preparar a las fuerzas armadas y carabineros para -en alianza con Estados Unidos- reprimir al pueblo en caso de que explotara la olla de presión que significaba la existencia de un sistema caracterizado por la enorme exclusión de la mayoría de los chilenos, según señala el analista internacional Sergio Rodríguez Gelfenstein.

Ya hoy pocos hablan de  Chile como el país exitoso de los grandes logros macro en lo económico, de la tranquilidad y el orden, el modelo idílico, diseñado en la época de la dictadura y que fuera envidiado por sus vecinos que trataban de imitarlo, se convirtió en la vitrina del fracaso.

En esta nación suramericana la llamada  democracia, tal como se experimentó, se convirtió en la herramienta institucional para sofocar la cólera latente de un pueblo sofocado por la desigualdad.

Según la revista The Nation , en Chile,  “la ira por un aumento del 3 por ciento en las tarifas del metro reveló una población no sólo molesta por los "problemas de bolsillo" -la subida de las tarifas elevó los costos de tránsito al 21 por ciento del salario mensual de un trabajador que ganaba el salario mínimo-, sino tan agotada por la austeridad, tan exprimida por los bajos salarios y las largas jornadas laborales y la deuda, tan harta de la codicia y la ceguera de los pocos adinerados que dirigen el país y que estaban dispuestos a quemar casi todo".

Es pocas palabras algunos estudiosos señalan que “así como el imperialismo es la fase superior del capitalismo, el neoliberalismo es la expresión más criminal del imperialismo, lo cual, ya es mucho decir.

En detrimento de las grandes masas,  los neoliberales defienden que el Estado no debe intervenir en la economía. Retoman y se basan en los falsos supuestos de la teoría económica clásica que establece que los mercados, por sí solos y gracias a una mano invisible, logra que todos se pongan de acuerdo y sean felices.

  • Economista venezolana, Pascualina Curcio

La académica y economista venezolana, Pascualina Curcio, define que neoliberalismo es reducir el gasto público para lograr su “equilibrio”, liberar los precios de los bienes, congelar los salarios, privatizar, de hecho, a través del desfinanciamiento público, o de derecho entregando oficialmente a los privados lo que está en manos del Estado, así como promover las inversiones privadas extranjeras para dar espacio a los grandes monopolios transnacionales conjuntamente con la eliminación de aranceles, y desregular la banca”.

Curcio subraya que la única manera de instaurar un sistema neoliberal es por la fuerza, reprimiendo a los pueblos, sea con abiertas dictaduras o aquellas que disfrazan de democracia. Lo encubren con discurso de “libertad”. Una libertad exclusiva para quienes fijan precios y salarios. Para los grandes capitales industriales y financieros, para los monopolistas, señala.

En términos generales,  sin obviar Chile, el  resultado luego de medio siglo de políticas neoliberales es un mundo más desigual, por lo tanto con más pobreza. El 82 por ciento de la riqueza mundial generada durante el 2018 se concentró en el 1 por ciento más rico de la población del mundo.

Así, por ejemplo, la década de los 70 muestra un punto de inflexión de la desigualdad: en EEUU aumentó 47 por ciento desde 1970, en Reino Unido 47 por ciento y en Europa 19 por ciento.

Pero, los vientos de cambio que se escucharon en Estados Unidos años atrás cuando multitudinarias y enojadas protestas contra el 1 por ciento que se apropia de la mayoría de las riquezas sacudieron al imperio, se extienden ahora por Chile, Colombia y otras muchas naciones.

  • Analista política Ximena de la Barra

Plantea la analista política Ximena de la Barra, en un artículo sobre el caso que el pueblo chileno en lucha, no volverá a caer en la misma trampa, y asegura que el tan publicitado milagro chileno, no era tal. El neoliberalismo más que liberar, destruye a los pueblos y a sus territorios.

Como marchan las acontecimientos, la rebelión social es la única alternativa que queda a los pueblos para arrojar el yugo neoliberal.

Pero mientras llega ese momento que termine con años de neoliberalismo en la nación austral, el gobierno de Sebastián Piñera  intensifica su “defensa” contra el pueblo, viola los derechos humanos con una agenda de contención represiva de las movilizaciones sociales, que criminaliza a su propio pueblo y lo califica de enemigo.

Los defensores del casi moribundo sistema, alegan que el país  vive “una ola de violencia criminal” que enfrenta “con los instrumentos de la democracia y el Estado de Derecho” y se niegan a reconocer que eso no es más  que una legítima demanda por justicia social que busca un pacto social que sea reflejado en una  nueva Constitución.

Todo indica que el neoliberalismo recibirá su sepultura en un  Chile hambriento de recuperar la dignidad y sus derechos ciudadanos que durante años negaron los herederos del fascista Augusto Pinochet.

No obstante, el gobierno de Piñera se muestra incapaz de abandonar los privilegios e injusticias sociales, consecuencia directa de un modelo económico que provocó el estallido popular.

En ese sentido, advierte el analista político Oto  Higuita, en un artículo que publica el sitio digital de Rebelión, “un fantasma recorre el continente, es el fantasma de la rebelión ciudadana contra la oligarquía, el neoliberalismo y el golpismo que pretende detener la historia que hacen los pueblos”.

Y por qué Chile si ese país era considerado la “vitrina” del neoliberalismo. Sencillamente, allí el uno por ciento más rico detenta el 26,5 por ciento de la riqueza de acuerdo con cálculos recientes de la Cepal.

Además el 10 por ciento más favorecido concentra el 66,5 por ciento, mientras el 50 por ciento más pobre accede a un magro 2,1 por ciento de toda la riqueza del país, son solos pinceladas de algo que se hace insostenible y que solo el pueblo puede cambiar.

Las ideas y opiniones expresadas en esta artículo son las de los autores y no reflejan necesariamente el punto de vista de Al Mayadeen