India, Afganistán el paseo del perro loco

Guadi Calvo

Escritor y periodista argentino. Analista Internacional especializado en África, Medio Oriente y Asia Central
Como, si los problemas del presidente afgano Ashraf Ghani y la cada vez más endeble alianza que lo mantiene en el poder fueran pocos ya que no solo debe lidiar con un economía que no se puede poner de pie y el sectarismo de los clanes cada vez más rebeldes, además y fundamentalmente con la insurgencia talibán cada vez mejor armada y entrenada que prácticamente controla el 40% del territorio, llegando a incursionar en las zonas más controladas de la capital Kabul. Su mentor y socio fundamental los Estados Unidos con las nuevas estrategias de Trump no solo para Afganistán sino para toda la región, lo están poniendo de hecho en la línea de fuego que día a día se incrementa entre Washington y Beijing.
 Ashraf Ghani
Ashraf Ghani
Estados Unidos se encuentra muy atento al intercambio económico y político entre China y Pakistán, donde el gobierno del presidente Xi Jinping está haciendo gigantesca inversiones que superarían los 50 mil millones de dólares en búsqueda de una salida terrestre con trenes y rutas para sus productos en busca de los mercados de occidente.



La gira de cuatro días que comenzó este último martes el Secretario de Defensa norteamericano, James “perro loco” Mattis, por el sur de Asia cuyo primer punto a visitar fue la India, país en el que desde hace por lo menos tres meses se incrementa el siempre latente conflicto fronterizo con China (Ver: India entre la Revolución Rosa y China.)



En Nueva Delhi, Mattis se reunió con su homóloga, Nirmala Sitharaman, para discutir “una serie de asuntos bilaterales, regionales y globales” en buen romance y fundamentalmente la cuestión fronteriza con China, Pakistán y el envío de tropa indias a Afganistán.


Mattis, después de la reunión declaró: “India es un socio de la defensa principal, y cuenta con una oportunidad histórica para nuestras dos democracias, en un momento de convergencia estratégica” y agregó “A medida que India ocupe el lugar que le corresponde en la mesa mundial, la India encontrará a los Estados Unidos como un amigo y socio firme”.



A pesar de los elogios del jefe de la defensa norteamericano, Sitharaman aclaró que India no está dispuesta a enviar tropa a territorio afgano. No es para menos, si se tiene en cuenta los 2900 kilómetros de frontera con Pakistán, en que se incluye los siempre muy ardiente 740 kilómetros de la “Línea de Control” el sector en disputa en Cachemira, que ya ha provocado tres guerras entre ambos países, hoy los dos potencial nucleares. Además las fuerzas armadas y particularmente el todo poderoso inter-Services Intelligence (ISI) pakistaní mantiene con los grupos fundamentalistas como Harkat-ul-Mujahideen (Guerreros de la Fe), Tehrik-e-Talibán Pakistán y otra organizaciones vinculadas a al-Qaeda y al Daesh, una extraña relación que  en algunos puntos parecen acercarse demasiado. Sumado a los 150 millones de musulmanes que viven en India, con quienes la situación tampoco admite que Nueva Delhi, salga a matar a sus hermanos afganos.



Nueva Delhi, si ha comprometido inversiones en Afganistán por Nueva Delhi ha comprometido 3 mil millones de dólares en proyectos de desarrollo y entrenamiento  militar a oficiales afganos.



El acercamiento entre Washington y Nueva Delhi, lo corrobora la compra de armamento norteamericano por unos 15 mil millones de dólares durante la última década, alejándose así de Rusia, quien fue históricamente su proveedor. En la actualidad, indios y norteamericanos, se encuentran en avanzadas negociaciones para una adquisición de 22 aviones teledirigidos Sea Guardian y drones para que la marina hindú, pueda monitorear y aumentar la vigilancia en el Océano Índico, donde buques de guerra y submarinos chinos incursionan con cierta regularidad.



La compra también incluiría 90 aviones de guerra Avenger Predator para las bases  de la fuerza aérea india próximas a Cachemira. Además Estados Unidas está negociando la oferta de Lockheed Martin (LMT.N) para la construcción de aviones de combate F-16 como parte de la campaña de Modi para construir una base industrial militar nacional. Esto coincide con la reciente visita de  Modi a Israel, la primera que hace un mandatario indio al enclave sionista rompiendo la tradición de la diplomacia de Nueva Delhi, de apoyo a los reclamos palestinos, donde se acordaron compras de armamento y la construcción en India por parte de Israel de una fábrica de tanques y otras unidades blindadas.


Afganistán en otra línea de fuego

Mattis visita Afganstán (AFP)
Mattis visita Afganstán (AFP)
Tras su visita a India, el ex general Mattis fue recibido por todo los alto en Kabul, el miércoles pasado una andanada de morteros y la incursión de varios combatientes del Talibán, aunque existen versiones que podrían haber sido miembros del Daesh, quien como es un clásico se adjudica cualquier ataque, que penetraron en el extremo sur de Camp Sullivan, un complejo de la embajada de Estados Unidos cerca del aeropuerto internacional de Kabul, pocos minutos después que el jefe del Pentágono acompañado del secretario general de la Organización del Tratado del Atlántico Norte (OTAN), el noruego Jens Stoltenberg.



La acción provocó el incendio de un depósito de armas, lo que provocó una serie de explosiones. Al menos una persona murió y once resultaron heridas, mientras que dos aviones militares estadounidenses y uno afgano y otro civil resultaron alcanzados por el fuego. Según testigos los combates entre los muyahidines, y las fuerzas de seguridad que protegían el aeropuerto se prolongaron durante varias horas.



Tras el ataque aviones norteamericanos, en apoyo de una unidad especial de la policía afgana, realizó varios ataques, causando la muerte de varios civiles aunque no se dio información de cuantos y en que circunstancias. Un escueto comunicado confirmó que el accidente se produjo a raíz de un “desperfecto técnico”.



Más allá de los muertos que a Mattis no paran, el secretario declaró que Pakistán debe sellar sus fronteras para evitar el paso de los terroristas, que utilizan su territorio como santuario.



Semanas antes Trump había llamado a Islamabad a “hacer más” en la lucha contra el terrorismo y dejó caer una no tan velada amenazada cuando aseguró que Pakistán “tenía mucho que perder”, si seguía tolerando la presencia de terroristas en su territorio.


Las nuevas políticas de Trump para Afganistán que entre otras novedades llevara más militares norteamericanos a combatir a los Talibanes, se calcula entre 3 y 5 mil que se sumaran a los casi 9 mil soldados estadounidenses y los otros 5 mil de la OTAN, que aún permanecen en Afganistán en tareas fundamentalmente de vigilancia y entrenamiento.



Mientras tanto el gobierno afgano, convencido que nada se conseguirá por la fuerza con los rigoristas intenta abrir nuevas conversaciones de paz, al que el Talibánse niega mientras continúe la invasión norteamericana.



Las continuas y cada vez más duras objeciones de los Estados Unidos contra Pakistán, obligaron al país asiático a amenazar con romper los lazos con Washington, mientras que el ministro de Relaciones Exteriores pakistaní Khawaja Asif, salió en gira por los países de la región en un intento de discutir la formación de un frente para oponerse a la política norteamericana para Afganistán.



El último martes 20, el primer ministro pakistaní Shahid Khaqan Abbasi, se reunión con el vicepresidente Mike Pence, en el marco de la Asamblea General de Naciones Unidas, en Nueva York, para discutir las críticas relaciones entre las dos naciones que han sido históricamente aliadas. Aunque al parecer por los dichos Mattis tanto en India como en Afganistán no habrían llegado a buen puerto.



De seguir Trump con su diatriba contra Islamabad, quien desde 2003 tras acompañar a Estados Unidos en su guerra contra el terrorismo, ha perdido unos 22 mil soldados y 8 mil civiles, terminara de empujar a Pakistán a la alianza en ciernes que componen Rusia, China, Turquía e Irán. Un cuarteto demasiado contundente para asustar con un perro loco.

Los puntos de vista y opiniones expresadas en este artículo son las del autor y no reflejan necesariamente el punto de vista de Al Mayadeen.

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