México: ¿el giro?

Enrique Román

Periodista, académico y comunicador cubano, analista de política internacional.
La puja electoral en Honduras, donde la derecha ha acudido a mecanismos espurios para detener el triunfo del candidato progresista Salvador Nasralla, demuestra que la restauración neoliberal en América Latina dista mucho de ser un proceso irreversible.
Las elecciones en Brasil y nada menos que en México, pueden inclinar la balanza del poder en el continente y convertirse en un revés estratégico de la restauración neoliberal en marcha.
Las elecciones en Brasil y nada menos que en México, pueden inclinar la balanza del poder en el continente y convertirse en un revés estratégico de la restauración neoliberal en marcha.
Otra señal: en las recientes elecciones chilenas, la victoria casi segura del derechista Sebastián Piñera se vio eclipsada por la votación sin precedentes a favor del izquierdista Frente Amplio, consolidado como tercera fuerza nacional.  En la segunda vuelta el 17 de diciembre, el apoyo de esta organización, de integración juvenil, puede inclinar la balanza a favor del opositor – y seguidor de Michelle Bachelet – Alejandro Guillier.

Sin embargo, estos son solamente indicios. Los momentos culminantes de esta recuperación de las fuerzas progresistas tendrán lugar el próximo año.

Las elecciones en Brasil y nada menos que en México, pueden inclinar la balanza del poder en el continente y convertirse en un revés estratégico de la restauración neoliberal en marcha.

Sobre Brasil se ha hablado mucho. La saga de acontecimientos que llevaron a la destitución de la presidenta Dilma Rousseff mediante un golpe de estado parlamentario, abrió las puertas del poder a una caterva de elementos impopulares y corruptos.

Para el 2018, a pesar de trabas y zancadillas, Luis Inazio Lula Da Silva sigue siendo el candidato con mejores resultados en las encuestas. La restauración dará un gran paso atrás.


De vencer Andrés Manuel López Obrador en el 2018, candidato que agrupa a fuerzas de izquierda en su propio partido,  , la historia contada hasta ahora tendría que volver a ser escrita.
De vencer Andrés Manuel López Obrador en el 2018, candidato que agrupa a fuerzas de izquierda en su propio partido, , la historia contada hasta ahora tendría que volver a ser escrita.
México es otra cosa

Pero México, otro gigante, podría ser la gran sorpresa. De vencer Andrés Manuel López Obrador en el 2018, candidato que agrupa a fuerzas de izquierda en su propio partido,  , la historia contada hasta ahora tendría que volver a ser escrita.

México es el tercer país más extenso del continente, después de Brasil y Argentina.  En virtud de su riqueza étnica y por lo tanto cultural, no es solo el país hispanohablante más poblado – 120 millones de habitantes - sino el séptimo  con más diversidad lingüística en el mundo – 287 idiomas, con el español como lengua oficial y predominante.

Por el monto de su PIB, su economía es la número 15 del mundo.

Su frontera de más de 3 mil kilómetros con Estados Unidos ha signado desde siempre y hasta hoy el destino mexicano.  Al presidente Porfirio Díaz se atribuye la frase famosa:  México, tan lejos de Dios y tan cerca de Estados Unidos.

La Revolución mexicana de 1910 fue la primera en América Latina del pasado siglo, y tuvo influencia no solo en ese país, sino en todo el continente. El país norteño fue el refugio de políticos de las tendencias más diversas, desde los primeros marxistas hasta los republicanos españoles que emigraron hacia allí al triunfar el fascismo en España en 1939.


Durante 71 años un partido, el Partido Revolucionario Institucional, PRI, imperó monolíticamente  en México.
Durante 71 años un partido, el Partido Revolucionario Institucional, PRI, imperó monolíticamente en México.
El nacionalismo mexicano fue también ejemplar para el continente, cuando el general Lázaro Cárdenas decidió en 1938 que la principal riqueza natural del país, el petróleo, pasara a ser patrimonio nacional. De esa decisión nació la empresa estatal de petróleos mexicanos –PEMEX—y el país se benefició de su producto, que hoy representa alrededor del 40 por ciento del PIB de México.

Durante 71 años un partido, el Partido Revolucionario Institucional, PRI, imperó monolíticamente en el país, tanto tiempo como el Partido Comunista de la Unión Soviética. El camino neoliberal, comenzado en la década del 80, y rematado con la firma del famoso Tratado de Libre Comercio de América del Norte, se aceleró con la llegada al poder del Partido Acción Nacional, PAN, de franca derecha. 

La indestructible maquinaria política del PRI  se había sacudido ya en los comicios de 1988 por el entonces izquierdista Partido de la Revolución Democrática, el cual alegó haber sido despojado de la victoria. El escándalo fue de grandes proporciones.

Lo mismo ocurriría en el 2012, cuando el PRI regresó a la presidencia, en un desenlace fuertemente puesto en duda por el opositor principal del electo presidente Enrique Peña Nieto: Andrés López Obrador, AMLO, para la propaganda política y para la nomenclatura popular.

Sería la tercera vez que López Obrador aspirara a la presidencia. A la tercera va la vencida, ha dicho, y cualquier encuesta que se haga lo da hoy como el vencedor en la justa, que se efectuará en julio del año próximo.


Trump: "Voy a construir un muro y lo van a pagar ustedes".
Trump: "Voy a construir un muro y lo van a pagar ustedes".
Al frente de su Movimiento de Regeneración Nacional, MORENA, y acompañado por fuerzas de izquierda, su triunfo alteraría sustancialmente la tendencia revanchista de la derecha latinoamericana desde un país decisivo, como lo es México.

Un oscuro trasfondo

El telón de fondo de estas elecciones es brumoso.  No se trata solamente de las conocidas contradicciones con las políticas racistas de la actual administración estadounidense, ni del incierto destino del TLCAN.  Hoy los mexicanos tienen la imagen más negativa del vecino del norte de los últimos 15 años. Un 65% lo percibe de forma negativa, el doble que hace dos años.

Hay otras realidades más significativas:   el 54 por ciento de  los mexicanos vive en la pobreza --60 millones--, según el Instituto Nacional de Estadística y Geografía de México.  De otro lado, la brecha entre ricos y pobres en México es de las más amplias en el continente.  Según Forbes, el 20 por ciento de los más ricos posee el 51 por ciento del ingreso corriente total, y solamente 12 de ellos representan el 15 por ciento del PIB.  El 20 por ciento más pobre recibe el 4,9 por ciento del ingreso corriente total.

Agua para el molino del descontento y para las esperanzas en un candidato que manifiesta su oposición al imperio de la desigualdad y de la corrupción, que crea gigantescas fortunas en medio de estas duras realidades.


Agua para estos molinos es la amenazante inseguridad que reina  en el país por la acción impune de las grandes mafias del narcotráfico, entre cuyos efectos ha estado la degradación de la autoridad presidencial, en un país que se caracterizó, a lo largo de muchos años, exactamente por lo contrario.

La posición de AMLO respecto a las bravatas de Donald Trump coincide también con el criterio de la mayoría de los mexicanos:   “Se debe dejar de lado la propaganda, porque no es serio decir: ‘Voy a construir un muro y lo van a pagar ustedes’. Hacerlo por los aplausos, para explotar un sentimiento nacionalista que hay en todos los pueblos no es serio”.


Y sobre el narcotráfico, ha insistido en la responsabilidad de Estados Unidos, como principal mercado de la droga que transita por el territorio mexicano.

López Obrador conoce bien los trasfondos de la política mexicana.  Inició su carrera en el PRI, luego pasó al PRD, antes de fundar su propio movimiento. Su popularidad ha crecido también por su crítica a la privatización progresiva del petróleo de los últimos años, obra de la presidencia priista de Enrique Peña Nieto, y sobre la cual afirmó que se revisarían los contratos firmados para garantizar que sean favorables a la población y no a las oligarquías dominantes. 

Adversario tradicional del TLCAN, criticó la forma en que se produce su revisión actual, en medio de presiones brutales del presidente Trump. "No es conveniente perseguir un acuerdo bajo presión”, y prometió que renegociaría cualquier acuerdo que dañe los intereses de su país.

Pero su caballo de batalla será la lucha contra la corrupción.  “Nosotros estamos en contra de la riqueza mal habida, estamos en contra de la corrupción política porque ese es el principal problema de México, es el cáncer que vamos a acabar cuando triunfe nuestro movimiento”.

México será cada vez más noticia en la medida en que avance el nuevo año.  Y nadie duda de que, de resultar electo Andrés López Obrador, el impacto se hará sentir en todas las capitales latinoamericanas  y en Washington a favor de los movimientos progresistas y en contra de los intereses oligárquicos.  

Los puntos de vista y opiniones expresadas en este artículo son las del autor y no reflejan necesariamente el punto de vista de Al Mayadeen.