Tres notas sobre el primer año de una ¿larga? pesadilla

Enrique Román

Periodista, académico y comunicador cubano, analista de política internacional.
Todos tenemos la impresión de que ha sido presidente de los Estados Unidos durante un quinquenio. Sin embargo, a fines de enero Donald Trump cumplirá su primer año en el cargo.
Su presencia en la primera página de los diarios
Su presencia en la primera página de los diarios
Su presencia en la primera página de los diarios, ha sido ininterrumpida y abrumadora.  Comenzó incluso antes de ser electo.  Desde que anunció su decisión de postularse para la presidencia del país norteño, las bravatas, los dislates, las exageraciones, los pronunciamientos inesperados no han dejado sin material noticioso a los periodistas de todo el mundo. 

Desde hacía tiempo, el ahora presidente había pasado de ser un empresario avasallador para convertirse en un personaje de la industria del entretenimiento.  De la peor industria del entretenimiento. Ahora ha trasladado ese modelo a la política de su país y al mundo.

En estos días se hacen recuentos de su ejercicio durante el primer año.  Desde todos los ángulos posibles.  Ahorro las repeticiones y subrayo solamente algunos hechos característicos.

Damas y ajedrez

Mientras Trump jugaba a las damas, Xi Jinping jugaba al ajedrez (Foto tomada de Andrew Harnik / AP)
Mientras Trump jugaba a las damas, Xi Jinping jugaba al ajedrez (Foto tomada de Andrew Harnik / AP)
Hace pocas semanas, Trump regresó eufórico de China.  Le habían proporcionado, dijo, el mayor recibimiento que se le había dispensado a un presidente en toda la historia del país asiático.

Así son las declaraciones grandilocuentes de Donald Trump.  Pero olvidó que China tenía una historia, como gran país, de 3 500 años, lo que hacía difícil de sustentar su rimbombante apreciación.

Lo que sucedió realmente en el periplo chino fue que, mientras Trump jugaba a las damas, Xi Jinping jugaba al ajedrez.

Los halagos fueron dirigidos a un hombre que sucumbe ante los halagos, y que suele dirigirlos hacia sí mismo.  Pueden haber sido hasta una muestra de agradecimiento por el gran regalo que, a días de iniciarse su presidencia, Donald Trump hizo a la dirección china: la retirada total de Estados Unidos del Acuerdo Transpacífico.

Como veríamos después en otros temas, la bravata aislacionista carecía de un análisis más profundo y estratégico de sus consecuencias.

El llamado Acuerdo Transpacífico había intentado ser un puñal estadounidense en el corazón de la expansión china hacia su zona de influencia crucial.  Al encabezar un grupo de países que tributan – y lo harán mucho más en el futuro – hacia un área económica que será casi seguramente la más importante del mundo en las próximas décadas, Estados Unidos intentaba establecer su predominio económico a las puertas del gran gigante asiático.

La retirada de Donald Trump dejó a China en libertad de establecer el orden que quisiera en el espacio compartido con las naciones y las economías que se habían afiliado a la alianza. China, a partir de entonces, podrá ser la cabeza visible del comercio en el mar Pacífico.


El primer párrafo

La construcción de un muro a lo largo de la frontera con México (Foto tomada de thepostread)
La construcción de un muro a lo largo de la frontera con México (Foto tomada de thepostread)
Donald Trump es un hombre de un solo párrafo.  De un solo tweet o de una sola declaración amenazante y rotunda, a veces tan demoledora como irresponsable, cuando anunció a Corea del Norte desde las Naciones Unidas que podía ser barrida de la faz de la tierra.

O la escandalosa y fantasiosa idea de la construcción de un muro a lo largo de la frontera con México…  cargándole a México, para insulto y risa de los mexicanos, con el costo de la obra.

O la insensatez de mudar su embajada en Israel para Jerusalén, lo que supone un obstáculo monumental ante cualquier esfuerzo que se haga por encontrar una salida  viable al conflicto palestino israelí.  Una decisión que no había tomado ninguno de los presidentes que durante 70 años han honrado las íntimas relaciones entre Estados Unidos y su gran aliado en la región.

La relación es interminable.  Estamos ante un presidente que, en el mejor estilo mediático, concibe la política doméstica e internacional como un gigantesco reality show.  Que se levanta a horas tempranas, se sienta ante su computadora, y vierte en Twitter lo que piensa sobre los temas más disímiles.

Sin asesoramiento.  Sin experiencia de gobierno. Sin que esos párrafos sean la punta del iceberg de una posición elaborada y consensuada.  Por eso después, en la vida práctica, el proyecto no se realiza o se modifica.  O Trump choca con quienes, con los pies sobre la tierra, tratan de derivar de ellos un plan y una doctrina. 

Quienes tienen que realizar el control de daños.


Dudoso regalo

No era un republicano de origen (Foto tomada de FOX news)
No era un republicano de origen (Foto tomada de FOX news)
Trump ha sido un regalo inesperado para el partido Republicano. ¿Regalo envenenado? Está por ver. 

No era un republicano de origen.  Había integrado el partido Demócrata por breve tiempo. Era en realidad un independiente que, afiliado ahora como republicano, apareció en la larga lista de los contendientes a la candidatura presidencial por ese partido y, contra todo pronóstico, y contra la voluntad de la propia nomenclatura del partido, venció.  Y venció en las presidenciales.

Y ya que estaba ahí, pues había que aprovechar su popularidad.  Sobre todo para lograr dos proyectos esenciales para la perspectiva republicana:  la eliminación del Obamacare, es decir, la disminución del gasto público en la garantía de salud, su desaparición para 20 millones de ciudadanos,  y el favorecimiento al sector privado de esta rama. Y la reforma impositiva, que beneficiará, una vez más, a los ricos y gravará, una vez más también, a la clase media y a los sectores desposeídos. 

Como se sabe, no pudo con el Obamacare, y ahora trata de torpedearlo eliminando los aseguramientos financieros que permiten su cumplimiento.  Y luego de mucho esfuerzo, consiguió la reforma impositiva, que distancia, como nunca antes desde la época de Ronald Reagan, al Estado norteamericano de su papel como garante del bienestar de sus ciudadanos menos favorecidos.

De los propios congresistas republicanos, que no se reconocen en su estrafalario presidente, vinieron sus complicaciones legislativas.

Pero que lo aprovechan en no pequeña medida.  Es impresionante y poco divulgado el avance de las posiciones más conservadoras sostenidas por la agenda del partido Republicano en áreas estratégicas. 

Mucho se divulgó el trabajoso pero logrado nombramiento del derechista Neil Gorsuch como juez de la Corte Suprema, que inclinará el voto del máximo órgano judicial hacia la más estricta derecha.  Poco se ha difundido, sin embargo, cómo una masiva promoción de jóvenes jueces federales conservadores podría teñir de otro color la administración de justicia en el país.

O la retirada del Acuerdo de París sobre el cambio climático, también muy publicitada.  Pero menos conocida es la dimisión de más de 700 científicos, investigadores, ingenieros, especialistas en el tema, de la Agencia de Protección del Medio Ambiente, puesta en manos del negacionista Scott Pruitt – la Iglesia en manos de Lutero -  encargada justamente de evaluar el delicado tema en el medio ambiente estadounidense.

La agenda conservadora republicana avanza, indetenible e implacable, por debajo del show mediático del presidente Trump.


El porvenir

La pesadilla, no lo dudemos, puede continuar (Foto tomada de AP)
La pesadilla, no lo dudemos, puede continuar (Foto tomada de AP)
¿Cuántos años cumplirán Trump y su visión imperial y racista del mundo y de su país?  ¿Cuánto tiempo más de improvisación política y peligrosa superficialidad en sus decisiones? ¿Cuánto más tendrán que vivir intranquilos los ciudadanos de un planeta por culpa de un hombre que pasea su ego por su país y por el mundo, acompañado de un ayudante con un maletín con las claves de un poder nuclear que podría destruirnos a todos?

Las noticias no son buenas.  Si Trump fuera a elecciones hoy, a pesar de tener marcas recordistas de impopularidad, volvería a salir electo: sus bases electorales – sectores blancos conservadores, cristianos fundamentalistas, pero sobre todo trabajadores iletrados y pobres que esperan que sus promesas se hagan algún día realidad – se mantienen incólumes.  Los republicanos votarían por él, en un gesto tribal.

Hasta hoy. 

Trump vive todavía de su crítica a Obama y al partido Demócrata.  Como se sabe, este recurso de legitimación dura cierto tiempo.  Pero Trump lo criticó todo y prometió solucionarlo todo.  Dentro de cierto tiempo, cuando avance más su mandato, tendrá que ir asumiendo no solo las glorias de lo cumplido, sino también los efectos de lo que todo el mundo sabe que no podrá cumplir.

El pronóstico para el 2020 es reservado.  Lo que ocurrió, para sorpresa hasta de sus promotores, en el 2016, puede repetirse en las próximas elecciones.  La pesadilla, no lo dudemos, puede continuar.

Los puntos de vista y opiniones expresadas en este artículo son las del autor y no reflejan necesariamente el punto de vista de Al Mayadeen.