Venezuela: El cinismo como bandera

Omar Rafael García Lazo

Analista politico internacional
Después de certeras acciones políticas, jurídicas y electorales que consolidaron el vector revolucionario en la correlación de fuerzas al interior de Venezuela, la prensa de derecha regional y global, desesperada, arremete nuevamente contra la Revolución Bolivariana sin reparar en límites éticos ni en factores que podrían vulnerar su debilitada credibilidad.
Asamblea Nacional Constituyente
Asamblea Nacional Constituyente
La convocatoria, elección e instalación de la Asamblea Nacional Constituyente y la demostración de respaldo al PSUV y a la Revolución en las elecciones regionales y municipales, coronaron la estrategia defensiva del Gobierno basada en el principio de la defensa de la paz con la verdad y con el pueblo.

 

Esta victoria política desarticuló a la derecha local y dejó sin piso la cobertura mediática, jurídica y diplomática que se tejía al interior de la OEA donde varios gobiernos de derecha de la región, liderados por Washington, intentaron aislar a Caracas.

 

La fragmentación de los sectores contrarrevolucionarios venezolanos obligó a Washington a tomar la sartén por el mango y asumir el grueso de la contraofensiva contra Venezuela, dirigida a evitar la recuperación económica del país e intentar re-articular los despojos de una desprestigiada oposición.

 

Sin embargo, aunque la contraofensiva  estadounidense persiste, la evidencia confirma que la Revolución avanza en medio de las dificultades, fortaleciendo la gobernabilidad, reduciendo los focos de violencia y respondiendo a las necesidades de la población. El chavismo mantiene viva su identidad, revitaliza su diálogo con las masas y mantiene su liderazgo en todo el país.

 

Solo un contexto como este puede explicar el tono caricaturesco de la nueva campaña mediática contra la Revolución Bolivariana.


El desespero los delata

El enfrentamiento armado entre fuerzas regulares del Gobierno y una célula terrorista venezolana
El enfrentamiento armado entre fuerzas regulares del Gobierno y una célula terrorista venezolana
El enfrentamiento armado entre fuerzas regulares del Gobierno y una célula terrorista venezolana, que terminó con la muerte de dos efectivos gubernamentales y siete terroristas, y con la detención de otros seis, ha sido pasto para la reactivación de la campaña que intenta presentar al Gobierno de Nicolás Maduro como “violador de los derechos humanos”.

 

Ante la consolidación política del chavismo con sus tres victorias electorales, Washington y la derecha regional esperaban –o indujeron- un nuevo hecho que reactivara la maquinaria de desprestigio.

 

Resulta incomprensible que la prensa que ha reportado con entusiasta solidaridad las acciones de enfrentamiento al terrorismo de Estados Unidos, de varios países de Europa e incluso de América Latina, critique, sin el menor pudor profesional y ético, el accionar de las fuerzas gubernamentales venezolanas frente a 13 hombres fuertemente armados y responsables confesos de varios hechos calificados como terrorismo en todo el mundo.

 

¿Acaso se puede comparar la resistencia ofrecida por el terrorista venezolano con la que ofrecieron los terroristas dados de baja por la policía francesa en abril de 2017?

 

¿Se puede decir que fue desproporcionada la acción de la policía de Nueva York que neutralizó con seis disparos al terrorista que atropelló a decenas de personas y mató a 8 en esa ciudad en noviembre de 2017?

 

¿Fue una violación de los derechos humanos la acción de la policía francesa que, con helicóptero incluido, abatió en el 2015 a los terroristas que atacaron la revista Charlie Hebdo y asesinaron a 12 personas, operación en la que incluso murieron rehenes? 

¿Qué pasó en la acción contra Bin Laden y cuál fue el destino de su cuerpo?

 

¿Cómo podríamos calificar la acción de los Mossos d`Escuadra españoles en agosto de 2017 cuando abatieron a cinco terroristas que planeaban, ni siquiera realizaron, acciones terroristas en Cambrils, justamente después del atropello de 13 víctimas en Barcelona?

 

El terrorista venezolano, no solo estaba fuertemente armado, sino que se mantuvo disparando hasta el final y asesinó a mansalva a un negociador. El terrorista venezolano, además de bombardear edificios públicos en los que se encontraban  civiles y niños, atacó y tomó por la vía armada un cuartel de la Guardia Nacional Bolivariana de la que sustrajo decenas de armas y cientos de proyectiles. El terrorista venezolano estuvo involucrado en el ataque a otra guarnición militar, entrenó en técnicas paramilitares a los secuaces que resistieron junto a él y planeaba además atacar con coche-bomba una embajada acreditada en Caracas.

 

Si eso no es terrorismo, preguntémosle entonces a la prensa internacional confabulada contra Venezuela, qué lo es.

 

Pasados los límites éticos por esta prensa articulada, concentrada y transnacionalizada, solo queda concluir que estamos frente a unos medios de comunicación que han trascendido su rol periodístico, informativo y reflexivo para convertirse en actores políticos, no ya en función de los intereses de la oligarquía -eso sería una ingenuidad- sino en defensa de sus intereses como parte que son de la oligarquía. La democratización de la comunicación pasa entonces por la democratización de las sociedades.

 

La articulación mediática contra Venezuela no es nueva. El cinismo demostrado por la prensa oligárquica en este capítulo confirma el desespero de la derecha regional frente a la resistencia y consolidación de la Revolución Bolivariana. Solo resta entonces, articular las fuerzas solidarias para defender ese proceso; pues probablemente en Venezuela se esté librando la batalla de Ayacucho del siglo XXI. 

Los puntos de vista y opiniones expresadas en este artículo son las del autor y no reflejan necesariamente el punto de vista de Al Mayadeen.