Omar Rafael García Lazo

Analista politico internacional

Elecciones en Cuba y Colombia

En América Latina y el Caribe se desarrollaron este domingo dos procesos electorales trascendentales para los destinos de dos países y también de la región.

En Cuba, de 8 millones de personas convocadas para ejercer su derecho al voto

En Cuba, de 8 millones de personas convocadas para ejercer su derecho al voto, cerca del 80% votó y eligió a los 605 diputados a la Asamblea Nacional del Poder Popular (Parlamento) que legislará entre el 2018 y el 2023, y que elegirá de su seno en abril al Presidente del Consejo de Estado, órgano ejecutivo colegiado que tiene también un Primer Vicepresidente, cinco Vicepresidentes, un Secretario y 24 miembros más.

 

En Colombia, más de 36 millones de electores estaban convocados para elegir a los Representantes y Senadores que conformarán el Congreso Nacional durante el período 2018- 2022, sin embargo, solo acudieron a las urnas poco más del 48% de los electores.

 

En la Isla, por ley y por la propia naturaleza no competitiva de las elecciones, no se realizan campañas electorales. Solo la Comisión de Candidaturas, compuesta por representantes de todas las organizaciones sociales del país, da a conocer la reseña biográfica de los nominados en lugares públicos y no en los medios de comunicación.

 

Sin embargo, en Colombia, los candidatos y partidos invierten decenas de miles de dólares en asesores de comunicación política, cuñas publicitarias en radio, televisión y redes sociales, publicidad gráfica y otros muchos soportes propagandísticos. También tienen que garantizar, mediante distintas formas de pago, la presencia de sus testigos en el escrutinio.


En Colombia, son casi una decena de partidos los que participan en la lid electoral

A todo eso se suman los dineros que muchos partidos y políticos destinan para inducir por diversas vías el voto, más aún cuando es reconocida la enorme desigualdad existente en el país, caldo de cultivo para prácticas clientelistas. Y aunque existe la financiación estatal, desigual por cierto, también los candidatos pueden aceptar “donaciones”, posibilidad que aprovechan, no las organizaciones sociales, sino las grandes empresas para demostrar “generosidad” con sus partidarios.

 

En la Isla, las mesas electorales están compuestas por vecinos respetados por su transparencia y decencia, quienes de manera voluntaria y sin que medie pago alguno, se encargan de asesorar y desarrollar el proceso comicial. Las urnas, como es habitual, son custodiadas por niños y adolescentes, simbolizando la pureza del ejercicio electoral. El escrutinio es público y se hace en presencia de todo aquel que lo desee, sin necesidad de garantizar un testigo para asegurar un conteo transparente.

 

En Cuba, el Partido Comunista, genuina expresión del sentimiento de unidad nacional y garante junto al pueblo organizado del proceso revolucionario, no participa en los comicios, ni siquiera en la etapa de nominación de candidatos. Son las organizaciones sociales las que lideran ese proceso. Esta es la razón por la que en el Parlamento cubano están representados los estudiantes, los obreros, los militares, los campesinos, las mujeres, los científicos, los artistas, los trabajadores privados. Hasta un zapatero remendón, por su respeto en la comunidad, fue electo este domingo como Diputado.

 

En Colombia, son casi una decena de partidos los que participan en la lid electoral decidiendo en su interior quienes serán los candidatos, quedando para el pueblo la opción de validar con su voto lo que otros, de manera individual o corporativa, decidieron. De esta forma es inevitable que inmensas franjas de la población queden sin la oportunidad ni el derecho de tener un representante en la instancia legislativa nacional.


El Primer Vicepresidente del Consejo de Estado

En Cuba se pudo ver el domingo cómo el Primer Vicepresidente del Consejo de Estado saliente hizo la fila con su esposa para votar en el circuito electoral al que pertenece, sin privilegios. Mientras que en Colombia los dispositivos de seguridad, incluso de los candidatos, llamaban la atención de la muchedumbre.

 

En ambos países estas elecciones, tal vez como ninguna otra, tienen una gran importancia.

 

Raúl Castro, quien fuera elegido como Presidente en el 2008 y reelegido en el 2013, decidió declinar una nueva postulación y propuso que los principales cargos de dirección del país sean ocupados por dos períodos de cinco años.

 

De esta forma da continuidad al de traspaso de las principales responsabilidades en el Estado, el Gobierno y de la administración pública a las generaciones nacidas en la Revolución, proceso que se corona con la próxima elección de la nueva o el nuevo presidente del país.

 

Esta “transición”, ocurre en medio de una situación regional caracterizada por los retrocesos coyunturales de la izquierda en América Latina y el Caribe y por el reforzamiento de la ofensiva imperial contra los gobiernos progresistas de la zona.


Colombia en cambio desarrolló sus elecciones en medio de un sinuoso proceso de implementación del Acuerdo de paz

En el caso de Cuba, el plan de Washington se evidencia con el recrudecimiento de la hostilidad y de los planes subversivos de la Administración de Donald Trump que alimenta la vaga ilusión de poder incidir en los destinos de Cuba, asumiendo que la salida de la generación histórica del poder abre causes favorables para destruir el socialismo en la Isla.

 

La contundente muestra de respaldo del pueblo cubano en estas elecciones confirma que la inmensa mayoría de los cubanos y las cubanas no está dispuesta a bajar las banderas que los veteranos de la Sierra Maestra les entregan; y que continuarán defendiendo la soberanía y la unidad conquistadas.

 

Colombia en cambio desarrolló sus elecciones en medio de un sinuoso proceso de implementación del Acuerdo de paz, donde las campañas más representativas del poder real en el país se resisten a mirar las causas más profundas de una guerra que parece no terminar.

 

Desde Washington, ambos procesos electorales estuvieron en el foco de atención de los que monitorean constantemente lo que ocurre al Sur del río Bravo. Saben allá en el Norte lo que se estaba definiendo en ambos países en términos tácticos y estratégicos. Por eso, la fiesta no debió ser completa. Si desde el sur del Continente las noticias fueron complacientes, desde el Caribe los hechos, una vez más, agravaron sus rostros.