Enrique Román

Periodista, académico y comunicador cubano, analista de política internacional.

México: solo el comienzo

Resultó como se había previsto. La avalancha electoral a favor de Andrés Manuel López Obrador fue tal, que no hizo necesario que la autoridad electoral lo proclamara ganador: lo hicieron sus contendientes, cuando aún no se habían dado datos estadísticos iniciales de los comicios.

México: solo el comienzo

Concluyó así una maratónica campaña, como nunca antes se había visto en el país, y a un costo superior a la de cualquier otra consulta de este tipo.

Hay una famosa película de Hollywood en que Robert Redford encarna a un candidato a senador y, en esa calidad, cumple una tensa y fatigosa campaña.  Cuando finalmente, terminando el filme, logra la victoria, mira a su acompañante y le pregunta: “Y ahora ¿qué hacemos?”

López Obrador sabe lo que tiene que hacer.  Lo ha dicho a lo largo, no solo de esta campaña, sino de las otras anteriores en las que ha participado.  Ahora ha fijado objetivos concretos y una  gran meta general: devolver la dignidad mancillada a México.

Sabe que su victoria responde a sus pronunciamientos.  Pero también responde al hastío y a la decepción  del electorado, que participó en un porcentaje extraordinario en las elecciones, ante los males irresolutos que han asolado durante décadas a la sociedad mexicana.


Un gran país

Un gran país

Han sido elecciones cubiertas generosamente por la prensa mundial, tal como corresponde al país de los mexicanos.

México es uno de los países más grandes de América – el segundo de América Latina, después de Brasil –, uno de los más poblados, y una de las quince economías mayores del mundo. Es también el de más antigua historia del continente y enclave de decenas de culturas de gran riqueza.

México fue también un faro para Latinoamérica después de la revolución campesina de inicios del siglo 20.  Su territorio había amparado desde el siglo 19 a revolucionarios de todo el mundo y lo siguió haciendo. Concluida la Guerra Civil española en 1939, fue refugio de cientos de republicanos españoles que huían de la represión franquista.

La nacionalización del petróleo mexicano por el gobierno del general Lázaro Cárdenas fue una reafirmación de soberanía y una victoria saludada como propia por todo el continente.


Los grandes retos

Los grandes retos

AMLO encuentra un cúmulo de problemas que se han amontonado y agravado a lo largo de muchos años.  México hoy es conocido no solo por las virtudes de su pueblo y su cultura, sino por el triste papel que desempeña en el tráfico de estupefacientes.

La violencia, un viejo mal, ha alcanzado en los últimos decenios niveles tan altos que han puesto en duda la gobernabilidad del Estado mexicano. Los meses que precedieron a la votación del primero de julio fueron pródigos en hechos de violencia y muertes de decenas de políticos, periodistas y ciudadanos en general.

Y el neoliberalismo, desde finales de los 80 del pasado siglo, ha desvirtuado muchas de las bases de la soberanía económica nacional.  La gran conquista de Cárdenas – el petróleo además es la rama principal de la economía mexicana – se ve amenazada por la reforma energética, privatizadora, del gobierno de Enrique Peña Nieto.

Y otros dos males amenazan el destino del país: la corrupción en todos los niveles, que aunque es un mal veterano en el país, ha alcanzado cotas insospechadas en los últimos años. AMLO la ha declarado el principal mal a atacar por su gobierno.

Y Donald Trump. Si Estados Unidos siempre fue un vecino tan difícil como inevitable para México – no por repetido es ocioso el lamento del general Porfirio Díaz:  “México, tan lejos de Dios y tan cerca de los Estados Unidos” – ahora las ofensas y las medidas discriminatorias del mandatario norteño han convertido las relaciones bilaterales en un asunto de dignidad nacional para todos los mexicanos. Tanto las económicas, al amenazar con retirarse del Tratado de Libre Comercio y elevar los aranceles a productos mexicanos,  como  las migratorias, al ofender a la integridad moral de los mexicanos y persistir en la construcción del ya tristemente célebre muro fronterizo.

Un país tan rico, muestra cifras de pobreza desoladoras e incomprensibles.  Con más de 60 de los 130 millones de mexicanos en plena pobreza, la desigualdad en la distribución de los ingresos es aquí ominosa.

Todos estos temas han sido tratados por el candidato vencedor, en un discurso firme pero inteligente, claro, pero sereno. AMLO es un buen exponente de una clase política mexicana que se ha distinguido tradicionalmente, para bien o para mal, según el caso, por su astucia y por su sabiduría.


Nuestra América

José Martí

A sus 22 años, un joven cubano, José Martí, desterrado de la isla  a España por sus tempranas actividades independentistas, se instaló en la ciudad de México. Era 1875 y para el ya brillante escritor y periodista, el encuentro con el país fue deslumbrante:  la imponente geografía lo desborda, la riqueza cultural autóctona, antigua y diversa, lo deslumbra. 

Si su conocimiento directo de América era hasta entonces la isla de Cuba – más una visita de niño a Belice –, México le hace comprender a América de otra manera.  Cercanos en el recuerdo están también los episodios en los que el gran país perdió la mitad de su territorio por la avidez expansionista de los Estados Unidos.

Martí encerró en un concepto lo que era su América, la que tenía por origen las antiguas colonias hispanas y portuguesas. Unida tanto en su raíz común, en su polícroma e intensa cultura, como en el peligro que representaba desde entonces el vecino norteño, que galopaba hacia la construcción de un nuevo imperio.

Nació la idea martiana de Nuestra América.

No hay duda de que, con la izquierda que ahora ha llegado al poder en México, Nuestra América aplaudirá la recuperación de la dignidad ofendida.

Nuestra política exterior, dijo AMLO, será nuestra política interna. Al hacer frente y solucionar, en lo que seguramente será un largo y difícil proceso, con marchas y contramarchas, el alijo de problemas que la nueva presidencia hereda, México se levantará nuevamente como el país fundamental que siempre ha sido para el destino común de América Latina. De Nuestra América.