Reinaldo Bolívar

Investigador, fundador del Centro de Saberes Africanos, Viceministro de Relaciones Exteriores de Venezuela para África de 2005 a 2017.

Brasil la encrucijada de América

Desde que salió Lula Da Silva de la Presidencia de Brasil las cosas no han estado fáciles para América del Sur. Pudo el Partido de los Trabajadores (PT) cometer errores, pero lo cierto es que el carismático Lula apostó por una política exterior cercana a la subregión.

Pudo el Partido de los Trabajadores (PT) cometer errores

Si no hubiese caído Brasil, y en eso estaba bien clara, la elite de ese país, difícilmente estuviera Venezuela siendo tan atacada desde los organismos regionales, y por gobiernos derechistas.

La caída del peronismo progresista en Argentina acentuó la estocada derechista. En Ecuador, fue más sencillo, la Revolución Ciudadana, perdió ganando, complicando el escenario para el hermano pueblo ecuatoriano. Paraguay fue otro tanto para la derecha, allí se hizo el primer experimento de judicialización de la política de la mano del poder legislativo, que luego aplicaron a Brasil.

Ahora se prenden las alarmas en el sector de la derecha. El golpe continuado en Brasil sacó a Lula Da Silva de la carrera presidencial, pero no así a los movimientos progresistas. Las elecciones en Brasil serán generales. Lo cual es clave para asegurar la permanencia de las políticas desarrolladas desde el ejecutivo nacional, sin un poder legislativo a favor es imposible que un presidente gobierne, y hasta que concluya su mandato.


Poder legislativo

La derecha logró golpear muy fuerte a la izquierda y centro izquierda brasileña porque estos sectores descuidaron la importancia de la mayoría en el poder legislativo. Si el PT y sus aliados progresistas hubiesen trabajado por esa mayoría el golpe parlamentario y luego judicial no hubiera sido posible. El poder legislativo y el poder de los medios de comunicación son esenciales para gobernar en Brasil. El poder comunicacional está con la derecha.

El pueblo brasileño -con más de 50 % de afro descendientes, con más de 50 % de mujeres, con ambos sectores sufriendo por la pobreza, agredidos y discriminados por las elites que ahora apuestan a profundizar el racismo y la discriminación- no ha abandonado sus luchas.

Las elecciones en Brasil son el nuevo campo de batalla para una guerra de gran aliento del pueblo humilde, el pueblo campesino, el pueblo obrero se ha planteado desde los años 1960. Del Brasil que surja de estas nuevas elecciones, en las cuales la derecha hará de todo lo impensable para ganar, depende la reconformación de los grandes ideales de Nuestra América, un avance directo o cobrar más vigor para no sucumbir ante la barbarie que amenaza a toda la región. No hay gobierno que triunfe sin un pueblo organizado.