Ismail Ibrahim

Escritor libanés y analista de política árabe e internacional

Irán rebelde, para disgusto de EE.UU.

Desde el derrocamiento del régimen del Sha de Irán en 1979, las relaciones entre Estados Unidos e Irán no se encuentran bien, en realidad están regidas por la tensión.

Irán seguirá vendiendo su petróleo pese a sanciones de Estados Unidos.

Desde la conversión de la embajada israelí en Teherán en una embajada palestina; de la crisis de los rehenes estadounidenses durante la gestión del presidente James Carter, y la guerra entre Irán e Iraq, que fue un conflicto bélico de la Casa Blanca financiado con dinero del Golfo, contra la joven revolución iraní, hasta llegar a lo que se alega fue al papel de la nación persa en la muerte de 241 militares del Pentágono en 1984 cerca del aeropuerto de Beirut, entre otros acontecimientos.

Después llegó el colapso de la Unión Soviética y la imposición de un mundo unipolar, pero Irán desarrolló sus capacidades militares y expandió su influencia en su entorno regional, consolidando su alianza con Siria, armando a Hezbollah en el Líbano, apoyando a los dos movimientos Hamás​ y la Yihad Islámica en Palestina, y los Huthies en Yemen, buscando controlar el estrecho de Bab el Mandeb tras llevar las riendas directamente del estrecho de Ormuz.

Si todo lo anterior puede indicar algo, sería el creciente papel político y militar de Teherán es esta parte del mundo y lo que algunos denominan “la expansión iraní” en su vecindario árabe.

De hecho, es un papel que indica la progresiva fuerza y el ascenso de este estado -no importa de si estamos con o en su contra-, lo que muestra evidentemente el esfuerzo que se realiza para llenar un vacío político en la región, en un momento en el que los regímenes árabes abandonaron la causa central que es Palestina en sus dimensiones la árabe y la islámica, y si en la naturaleza no se percibe posible el vacío, tampoco lo es en la política, y el papel iraní obstaculiza en gran medida los proyectos estadounidenses e israelíes.

Los líderes del Golfo Árabe, encabezados por Arabia Saudita, han estado involucrados en diferentes grados en el plan terrorista takfiri estadounidense-israelí, representado por Daesh (EI) y sus organizaciones afines.

Sin embargo, Irán mantuvo una postura en pro de la unidad de Iraq y Siria y contra Daesh, mientras consolidó sus relaciones estratégicas con Rusia y China, conservando a la vez sus nexos con el Occidente europeo, y siguiendo su postura antagónica hacia Israel y la política estadounidense.

Los árabes (los pseudo –árabes) han ido muy lejos en cuanto a su abandono de Palestina, como tierra y como causa de un pueblo, y han decidido aliarse y normalizar sus vínculos con el enemigo israelí, haciéndose eco de la retórica del país de Norteamérica y del régimen sionista de que Irán es el enemigo, y es la razón principal de la inestabilidad de la región y el apoyo al terrorismo.

Irán, a diferencia de todos los países de la región, ha adoptado una línea política independiente, que busca desarrollar su tecnología, imponiéndose como potencia nuclear con propósitos civiles y pertrechando sus defensas con un poderoso sistema misilístico de alcance corto y medio.

O sea, Irán ingresó al club de los países nucleares y el club de países productores, retando a Occidente que no quiere que este Oriente sea más que un mercado consumidor de sus productos y los de Israel.

Por tal razón -y más- Irán se convirtió en el eje de los países “rebeldes” como lo son Corea del Norte, Cuba y Venezuela; causa por la cual Estados Unidos, influenciado por Israel, se retiró del acuerdo nuclear y ha impuesto una serie de sanciones económicas para limitar el papel de Irán o para derrocar a su gobierno.

El papel independiente de Irán en el desarrollo, la tecnología, la producción y las armas es el objetivo de la escalada estadounidense-israelí – “arabista”. Cuba no ha caído a pesar del bloqueo económico continuado desde 1962. Igual sucede con Irán.

Y aunque la nación persa se vea afectada considerablemente por las sanciones,  no caerá, pues la acompañan económica y políticamente los países más importantes del mundo.

Por ello fracasará la política de imposiciones estadounidense a la luz de la actual coyuntura internacional.