Luis Beatón

Periodista cubano, ex corresponsal de PL en Estados Unidos

Estados Unidos: el trono en subasta

Ahora, cuando demócratas y republicanos apenas comienzan la carrera hacia 2020 por el “trono” en la Casa Blanca, las butacas de un tercio del Senado de 100 miembros y los 435 asientos de la Cámara de Representantes, el tema del dinero en las elecciones estadounidenses comienza a emerger entre cuestionamientos.

En este espectáculo, un protagonista tradicional será el dinero que usarán todos los contendientes y que pueden hacer de esta “subasta” de la silla presidencial la más cara de la historia.

John LeBoutillier, ex congresista republicano de Nueva York, aseguró recientemente que el presidente de Estados Unidos,  Donald Trump se entregó al mejor postor a cambio de ayuda y financiamiento de la campaña.

En un comentario publicado en el diario digital The Hill,  el político sostuvo que rusos, sauditas, emiratíes, qataríes, entre otros,  apuntalaron la llegada al poder del actual mandatario, algo que puede ser aireado cuando se conozcan los resultados de una investigación que desarrolla el fiscal especial Robert Mueller,  en la cual “habrá evidencia de que millones de dólares extranjeros ingresaron ilegalmente en los cofres de la campaña de Trump en 2016”.

Ahora, cuando demócratas y republicanos apenas comienzan la carrera hacia 2020 por el “trono” en la Casa Blanca, las butacas de un tercio del Senado de 100 miembros y los 435 asientos de la Cámara de Representantes, el tema del dinero en las elecciones estadounidenses comienza a emerger entre cuestionamientos.

En Estados Unidos elegir un presidente cuesta más de dos mil millones de dólares, a los que hay que sumar la carrera por llegar al Capitolio que costará cerca de cuatro mil millones en total.

Por ejemplo, a cada uno de los 227 millones que pudieron acudir a las urnas en noviembre de 2016, los comicios le costaron unos 30 dólares, mientras en Francia, en los comicios de 2012, en los que llegó al Palacio del Elíseo el presidente François Hollande apenas costaron unos 97 millones de dólares, lo que equivale a 1,88 dólares por cada potencial votante.

La puja electoral parece será enconada en toda la geografía de la nación norteña, pues muchos, entre ellos republicanos tradicionales, quieren sacar a Trump de la Casa Blanca, sin contar que se contempla a cerca de tres docenas de demócratas pujando para llevarse la nominación de los azules.

Aun cuando está fijada para el lejano noviembre de 2020, la liza se anticipa complicada con un presidente imprevisible, pero con un fuerte respaldo de los sectores que lo llevaron a la Oficina Oval, y un campo demócrata dispuesto a aprovechar el descontento con muchos corredores en las primarias, algo que puede ser positivo por el amplio debate que se abrirá, y a la vez pudiera generar divisiones a la hora de ir detrás del nominado de la agrupación.

Va a verse un interminable desfile de anuncios de nuevos candidatos y renuncias, debates y discursos de campaña, sin olvidar que si Trump no deja la Casa Blanca por los muchos problemas que lo asechan, será un aspirante a reelegirse muy polémico.

En este espectáculo, un protagonista tradicional será el dinero que usarán todos los contendientes y que pueden hacer de esta “subasta” de la silla presidencial la más cara de la historia.

La cifra para llegar a la Casa Blanca pudiera ser mayor de dos mil 651 millones de dólares que, según el Centro para Políticas Responsables , una ONG -que hace seguimiento al financiamiento de la política en Estados Unidos- consumió en los últimos comicios presidenciales.

Pero a esta cantidad habrá que sumar más de cuatro mil millones de dólares en gastos de las campañas para escoger los miembros de la Cámara de Representantes y del Senado, puestos a los que aspiran muchos multimillonarios estadounidenses.

Recientemente, el diario digital The Hill, especializado en temas del Congreso, abordó el asunto del dinero en la carrera de los del partido azul, donde figuras como el multimillonario Michael Bloomberg podrían financiar sus propias campañas o financiar otras.

Ese autofinanciamiento es criticado por diversos sectores que reprenden “campañas financiadas por multimillonarios, ya sea a través de súper PAC  (Comités de Acción Política) o su propio dinero”,  según dijo la  senadora Elizabeth Warren de Massachusetts, una de las primeras demócratas en anunciar su campaña por la nominación partidista.

Otro de los que debe integrar el  pelotón de ese partido, el senador Bernie Sanders, es un crítico también  de "la clase multimillonaria" que aspira a controlar el poder, aunque algunos de estos multimillonarios tienen puntos de vista políticos liberales, como Bloomberg, quien gastó más de 100 millones de dólares en causas populares.

Algunos análisis sugieren que los ataques a los multimillonarios pueden ser especialmente atractivos para los liberales más jóvenes y los trabajadores de clase media en los primeros comités y estados que realizan primarias, pero no es menos cierto que algunos que pueden correr con buen pronóstico como el senador Sherrow Brown (Ohio) y el ex representante Beto  O'Rourke no tienen mucho efectivo en su cartera.

Paradójicamente, en una era de reacción populista contra los ricos, cada vez más candidatos se autofinancian, según el Centro para la Política Responsiva. Sin embargo, hay evidencias de que quienes se pagan su carrera, generalmente no ganan en campañas políticas, aunque no está del todo claro por qué, aseguran análisis.

Al respecto, datos citados por The Hill muestran que de los 73 candidatos de elección general a gobernador que gastaron un millón o más en sus campañas desde el 2000, solo 25 ganaron, según los datos recopilados por el Instituto Nacional para el Dinero en la Política.

Por ahora, el campo demócrata se acerca a ser el más numeroso en la historia de las primarias, con varios potenciales aspirantes presuntamente considerando una carrera por el trono, mientras entre los republicanos, algunos como el ex senador Jeff Flake, no descartan enfrentar a Trump.

Lo previsible, en este mundo contradictorio, es que en la meca del capitalismo el dios dinero marque el rumbo de las elecciones de 2020. ¿Cuál será el costo para los estadounidenses?