Enrique Román

Periodista, académico y comunicador cubano, analista de política internacional.

El criminal recurso a las sanciones

Desde el 2 de mayo comenzó una nueva etapa del casi sexagenario afán estadounidense de destruir a la Revolución cubana. Como es conocido y condenado universalmente, desde 1962 la isla ha soportado un bloqueo económico que ha marcado la vida de varias generaciones de sus habitantes.

El uso de las sanciones económicas como un arma para imponer la voluntad imperial no es ni nuevo ni limitado. Estados Unidos lo viene utilizando con impunidad desde hace varias décadas.

Desde el 2 de mayo comenzó una nueva etapa del casi sexagenario afán estadounidense de destruir a la Revolución cubana.  Como es conocido y condenado universalmente, desde 1962 la isla ha soportado un bloqueo económico que ha marcado la vida de varias generaciones de sus habitantes.

En 1996, aprovechándose de un incidente nada fortuito – el derribo de dos avionetas que lanzaban  propaganda subversiva sobre la capital cubana – Jesse Helms y Dan Burton, dos cavernarios congresistas de Estados Unidos --, regalaron sus firmas para titular una ley que compendiaba las decenas de resoluciones que cortaban el paso a cualquier operación comercial de Estados Unidos con Cuba.

Y más allá: que amenazaba a las entidades extranjeras que invirtieran en Cuba con permitir que estadounidenses antiguos propietarios de bienes nacionalizados por la Revolución, establecieran reclamaciones ante los tribunales, reclamando compensaciones por el uso de las instalaciones que, al nacionalizarse,  se convirtieron en productoras de bienes y servicios destinados a elevar el nivel de vida de todos los cubanos.

Pero la Helms Burton iba muy lejos. No solo establecía ese derecho para estadounidenses de entonces, sino que lo extendía a los cubanos, o sus descendientes, que se hubieran naturalizado después como ciudadanos de Estados Unidos.  El espectro de la aplicación de la ley se amplió con la peor de las intenciones.

Era una medida compleja, por sus implicaciones internacionales. De inmediato, Europa Occidental anunció que respaldaría a sus inversionistas. México y Canadá hicieron otro tanto. A la ley Helms Burton siguieron “leyes antídoto” de varios países.

Ni el mismo presidente Clinton, firmante de la ley, ni George W. Bush ni Barack Obama se atrevieron a poner en vigor el llamado título tercero, que dictaba esta escandalosa norma. El propio Donald Trump no la puso en vigor hasta ahora.  Según el mecanismo establecido, todos firmaban cada seis meses un aplazamiento de su vigencia.

Pero de Trump se puede esperar cualquier cosa. A pesar de las graves implicaciones para las relaciones de su país con otras naciones, que para más enredo son muchas veces sus aliados, decidió no aplazar más la medida. 

Y el 2 de mayo, para algarabía de los abogados miamenses – que sueñan con hacer fortuna con los complicadísimos procesos que sobrevendrán –, y para disfrute de la facción ultrarreaccionaria de la emigración cubana en Estados Unidos, se levantó la veda.  Y comenzó la cacería de dinero y el chantaje en los tribunales norteamericanos.

Veinte países sancionados

El uso de las sanciones económicas como un arma para imponer la voluntad imperial no es ni nuevo ni limitado. Estados Unidos lo viene utilizando con impunidad desde hace varias décadas. 

El listado de los veinte países que, por ahora, sufren sanciones estadounidenses es impresionante: Corea del Norte, Irán, Iraq, Yugoslavia, Birmania, Zimbabue, Bielorrusia, Siria, República Democrática del Congo, Sudán, Somalia, Libia, Costa de Marfil, Líbano, Ucrania, Yemen, Sudán del Sur, Rusia, y por supuesto, Cuba y Venezuela.

Este periodista ha intentado en vano imaginar el gigantesco aparato burocrático que tiene que haber creado Estados Unidos para perseguir meticulosamente y con ensañamiento, cada una de las operaciones comerciales de estos países y promover sanciones de gran envergadura.

El espectro de estas sanciones es variado. En cada uno de estos países, como norma, hay listados de cientos de personalidades de sus gobiernos que tienen prohibida la entrada en Estados Unidos y cuyos fondos financieros, personales o de sus negocios, son inmovilizados o confiscados.

En otros casos las medidas tienen un claro propósito subversivo.  El Senado de EEUU aprobó en 2004 la “Ley para la Democracia en Bielorrusia” que exige que Bielorrusia le informe sobre su suministro de armas y de tecnología. Y añade fondos para "apoyar los procesos democráticos" en el país, una medida claramente subversiva.

Las sanciones contra Siria cubrieron con un manto de hipocresía la injerencia desestabilizadora norteamericana en el país, cuyas políticas,  según Barack Obama, suponían "una amenaza importante y muy poco común contra la seguridad nacional, la política exterior y la economía de Estados Unidos".

Las sanciones contra Corea comenzaron desde la guerra de 1950 y han conocido diferentes momentos. En la última etapa son instrumentos para obligar al país a detener su programa militar defensivo y a aceptar los términos de negociación planteados por Estados Unidos.

Un grupo de otros países son sancionados por el socorrido argumento de la violación de derechos humanos, cumpliendo así el papel mesiánico que Estados Unidos, casi desde su fundación, se ha atribuido como guardián de libertades. Las mismas que desconoce y conculca, dentro y  fuera de su propio territorio.

Por supuesto que Irán, Cuba y Venezuela se llevan la palma en el cúmulo de sanciones revitalizadas y recrudecidas en el caso cubano, fieramente impuestas en el caso venezolano, e irresponsablemente implementadas en el caso iraní, con consecuencias que pueden afectar no solo la estabilidad regional sino el comercio petrolero mundial.

Orgullos heridos

Luego de los recientes fiascos en la subversión contra la revolución bolivariana, el discurso se ha recrudecido para Cuba y Venezuela.  Para Cuba, no basta con la aplicación plena de la ley Helms Burton.  Trump confunde los 20 mil médicos y personal de los servicios de salud que prestan servicios en el país sudamericano… con 20 mil inexistentes soldados.

Y con ese falso pretexto habla de un bloqueo completo, absoluto.  Trump también amenaza a Venezuela con “medidas devastadoras”.

Un bloqueo así se ha aplicado muy pocas veces en la historia reciente: en 1948 por la Unión Soviética contra Berlín Occidental, por coyunturas del momento y durante once meses. Y en 1962, durante la Crisis de los Misiles o de Octubre, John F. Kennedy decretó el bloqueo contra los puertos cubanos para impedir el ingreso de barcos soviéticos que pudieran transportar material nuclear.

Dos amenazas inhumanas, dirigidas ostensiblemente contra los pueblos de ambos países, castigándolos por no doblegarse a las intenciones del imperio norteamericano.  El periodista ha buscado referencias de una retórica similar en otros momentos de la historia reciente.  Solamente las ha encontrado en la propaganda hitleriana o en los genízaros de Pol Pot.

Dos furibundos anticubanos y antibolivarianos, bien situados en el Senado de Estados Unidos, han dejado ver su preocupación por el tono inhumano que la frustración y el orgullo mancillado del presidente dan a sus expresiones.  Y por el ridículo que manchaba sus operaciones frustradas contra el gobierno de Nicolás Maduro.

Bob Menéndez, senador demócrata de larga historia anticubana, y Rick Scott, hoy senador, antes gobernador por Florida, de afinidades estrechas con la emigración venezolana contrarrevolucionaria, llamaron a la cordura.  Todo, dijo uno de ellos, no se puede lograr en un día.

En el caso de Cuba, llevan sesenta años esperando.  Venezuela, fuertemente agredida, sigue su camino de resistencia redoblada.