Opinión - #Argentina

Fue un día de furia en la tiranía institucional impuesta por Mauricio Macri. Amenazaba serlo desde prácticamente 72 horas antes cuando la ciudad de Buenos Aires fue invadida por miles de gendarmes, prefectos navales y policías de diversos uniformes, todos ellos fuertemente armados, especialmente amenazantes. La excusa era defender los intereses de los invitados de la Organización Mundial de Comercio.

Entrevista a la dirigente mapuche, Moira Millan, de la comunidad Pillán Mahuiza de Chubut, Argentina.

En un marco tan especial como fue el de recordar los 50 años del asesinato de Ernesto “Che” Guevara, los participantes del II Encuentro Latinoamericano de Comunicadores y Comunicadoras Antiimperialistas, reunidos en Vallegrande, Bolivia, no pudimos abstenernos de estar imbuidos por el pensamiento y la práctica que el Guevara comunicador y periodista le impregnó al mismo.

Una visita a Río de Janeiro me dio la oportunidad de conversar con numerosos amigos, militantes sociales y colegas que participaron en el estupendo seminario internacional que organizara la Universidad Federal de Río de Janeiro (UFRJ) junto con otras instituciones académicas, en conmemoración del primer centenario de la Revolución Rusa. De esos fructíferos intercambios con mis interlocutores brota el siguiente diagnóstico sobre la situación brasileña, que me permito compartir con mis lectores.

Con la malignidad de quienes se sienten amparados por tantos años de impunidad como son los que alberga la propia historia argentina, el gobierno de Mauricio Macri intentó nuevamente colar por vía judicial la idea de tirar por el suelo uno de los logros más saludables obtenidos por la sociedad argentina en su conjunto: el castigo a los que tanto mataron, torturaron, hicieron desaparecer y desterraron a decenas de miles de argentinos y argentinas.

El frente de la Embajada de Chile en Argentina apareció cubierto de pronto con banderas mapuche y pancartas que sintetizaban una urgente demanda: lo que está ocurriendo con la machi Francisca Linconao es una verdadera injusticia. Anciana, enferma y acusada de un delito que no cometió esa mujer de rostro tranquilo espera en una oscura prisión de Temuco, territorio mapuche bajo conquista del invasor chileno, que las autoridades de ese país descarguen sobre su cuerpo una condena de tres decenas de años de cárcel. Tal castigo es producto de la aplicación por parte del gobierno Bachelet de la Ley Antiterrorista por ella promulgada y aplicada con saña a decenas de prisioneros y prisioneras mapuche.

El Plan Cóndor fue un sistema de represión militar coordinado entre dictaduras del Cono Sur del continente americano, durante los años 1970 y 1980. Se creó el 28 de noviembre 1975, en Chile, en el marco de una reunión de seguridad presidida por Manuel Contreras, jefe de la policía secreta chilena, y en la que participaron militares de Argentina, Brasil, Bolivia, Paraguay y Uruguay. El objetivo era perseguir y eliminar a militantes políticos, sociales, sindicales y estudiantiles de nacionalidad argentina, uruguaya, chilena, paraguaya, boliviana y brasileña.

Entrevista con Adolfo Pérez Esquivel, Premio Nobel de la paz, 1980.