Opinión - #Elecciones

El pasado martes se efectuó el tercer debate presidencial. No hubo sorpresas. Todo siguió en la misma tesitura de los dos anteriores. No hubo vencedor claro como en los otros dos. Cada simpatizante ve ganar al suyo. Pero eso indica que el puntero es el que conserva la ventaja, en este caso Andrés Manuel López Obrador. Durante tres meses se esperó que cayera una bomba en algún debate que cambiará el curso de la elección. Nunca pasó.

Lo más importante que ocurrió el domingo 20 de mayo es que venciendo amenazas de todo tipo, el pueblo venezolano otra vez salió a votar e impuso democráticamente y a la vista de cientos de observadores electorales la esperada reelección de Nicolás Maduro. Ese detalle precisamente, el de la renovada práctica de defender la soberanía popular con una urna como arma es la que desde aquel no muy lejano diciembre de 1998 viene poniendo a los sucesivos gobiernos estadounidenses al borde de la histeria.

Tanto se habla de las elecciones en Venezuela que el mundo ignora lo que ocurre al oeste de ese país. Si la algarabía no tuviera tantas implicaciones geopolíticas, económicas, ideológicas y simbólicas, se podría llegar a pensar que tanto ruido contra Caracas busca, además, desviar la atención de lo que ocurrirá en Colombia el próximo 27 de mayo.

Para intentar comprender la razón por la cual la mayor parte de la clase política antichavista decidió no participar en las elecciones del 20 de mayo, es preciso remontarse al 7 de octubre de 2012: el antichavismo nunca llegó a recuperarse de la última derrota electoral que sufrió contra Hugo Chávez.

Las recientes sanciones estadounidenses contra la Resistencia libanesa o Hizbullah, crearon confusiones, con relación a las posibilidades de crear un nuevo gobierno rápido en la nación de los cedros, según vaticinios de hoy emitidos por diversos medios.

La campaña presidencial en Venezuela arriba hoy a su última jornada, preámbulo de la cita con la historia de este pueblo el próximo 20 de mayo.

Una agresión contra la República Bolivariana de Venezuela es una alternativa existente dentro del arsenal de Estados Unidos, su ejecución sería ilegal y algunos aliados estarían asustados por sus consecuencias.

El secretario general de Hizbulah, Sayyed Hassan Nasrallah, marcó un hito en su definición del discurso político para el periodo postelectoral, intentando redimir la vida política alejándola del lenguaje irracional y provocativo y su manera de recurrir al fanatismo, e intentando hacer que tanto las diferencias como el diálogo se basen en proyectos y temas y no en lealtades, acusaciones y antagonismos

Miguel Mario Díaz Canel Bermúdez es el nuevo Presidente de Cuba y la noticia, aún antes de ser refrendada por la Asamblea, convirtió su nombre en tendencia mundial en Twitter.