Opinión - #Israel

El axioma jurídico se verifica, en las últimas acciones del régimen sionista contra posiciones sirias, que desenmascaran cuál ha sido su proceder desde el mismo inicio del conflicto en 2011.

¡¿Que significa todo esto?! significa que nos encontramos ante un ente agresor que se ha apoderado no solo de la tierra (Palestina, el Golán, las Granjas de Chebaa entre otras), sino también de la historia, los manuscritos, y las antigüedades palestinas y árabes, o sea de uno de los componentes de la memoria árabe; y este es un crimen que necesita de una respuesta y que no se detiene solo en los límites de la legalidad y de la organización de la UNESCO, sino que necesita que se le adjudique un papel a la fuerza en sus diferentes formas.

El exterminio de Palestina, comenzó mucho antes de la llamada “declaración del estado de Israel”, el 14 de mayo de 1948, y sin duda la responsabilidad de esta lenta agonía fueron las políticas coloniales del Reino Unido y Francia, ejecutadas por el acuerdo de Sykes-Picot (1916), la Declaración de Balfour (1917) y otros enjuagues diplomáticos, aunque la invasión sionista a Palestina había comenzado a finales del siglo XIX y principios del XX.

Cuándo la victoria siria, sobre la “entente cordiale” encabezada por los Estados Unidos y un sin número de países occidentales y árabes, parecía estar al alcance de la mano, tras más de siete años de una de las guerras más siniestras que se recuerden. Cuándo ya habían sido derrotadas las tropas de mercenarios autodenominados Ejército Libre Sirio (ELS), ahora reconvertido en las Fuerzas Democráticas Sirias (FSD) una banda de criminales pagos por Arabia Saudita y Qatar, que según las circunstancias también podría llamarse Daesh o al-Qaeda, todos entrenados por la CIA, el Mossad y los servicios secretos franceses, gracias a la intervención de Rusia, Irán y el Hezbollah, que fueron en ayuda del Ejército Árabe Sirio (EAS).

Las erráticas y vagas políticas del Departamento de Estado norteamericano, respecto a Siria, Afganistán, Libia, el Sahel, Somalia y Yemen, entre otros tantos, donde los objetivos norteamericanos, son por lo menos confusos, parecen revelar todo lo contrario respecto a lo que está intentado concretar en una de las regiones más sensibles del mundo. En ese complejo mosaico de intereses económicos, etnias, religiones e ideologías que conforman nada menos que Pakistán, India, China e Irán, y lo que sumando los países de Asia Central y Rusia sería lo que el geógrafo británico Halford John Mackinder nombró en 1919, como el Heartland o Región Cardial, entre otras denominaciones, a lo largo de la historia ha sido escenario de conflictos que hasta la fecha parecen no haberse resuelto.

Las autoridades argentinas ven con inquietud la compra masiva de tierras en la Patagonia por parte de un multimillonario británico y las «vacaciones» de decenas de miles de soldados israelíes en las propiedades de ese acaudalado personaje.

A casi ocho años de iniciado el plan desestabilizador para las naciones árabes refractarias a los mandatos de Estados Unidos, en esencia Libia y Siria, cuyo nombre de fantasía fue “La Primavera Árabe”, ahora mal trecha, casi agónica, resurge en lo que sin duda había sido el objetivo fundamental, de aquel trazado, instalar el caos y si fuera necesario una “guerra civil” en Irán, para terminar con la revolución de 1979.

La agenda del presidente estadounidense Donald Trump, durante 2017, estuvo marcada en gran medida por el abandono de reglas, medidas y acuerdos de administraciones pasadas, sobre todo los adoptados por su predecesor, Barack Obama (2009-2017).

Arabia Saudita está al borde del abismo, y como consecuencia de ello Oriente Próximo está al borde de la guerra. Nos estamos quedando en los pequeños detalles, como la impuesta (por Arabia Saudita) renuncia del primer ministro libanés o la detención de ciertos príncipes y burócratas sauditas, pero todo lo que está sucediendo no es otra cosa que el preludio de la guerra final o mejor, del intento final -puesto que todos los anteriores han fracasado estrepitosamente, desde Líbano a Yemen pasando por Irak y Siria- de "evitar" lo que los medios de propaganda occidentales (antes llamados medios de comunicación) consideran "el creciente poder de Irán".