Opinión - #Oposición Venezolana

El chavismo vuelve a ganar como el pasado 30 de julio, y gana por varias razones indiscutibles. La primera porque las elecciones se dieron en un marco de absoluta paz, sin ningún tipo de incidentes. Segundo porque el voto fue masivo, el bravo pueblo salió otra vez a votar con todo, como el pasado 30 de julio para la Constituyente. En un país donde el voto no es obligatorio salieron a cumplir con su mandato democrático el 61,4% de los votantes. El resultado oficial es implacable para quienes apostaron a la desaparición del chavismo: 17 gobernaciones sobre 22 quedaron para el PSUV. Y puede sumarse una más en las próximas horas, si se consolida el triunfo en el Estado Bolívar.

Una enorme marcha antiimperialista comenzó a serpentear la ciudad de Caracas desde las primeras horas de la mañana del martes. En sus pancartas el pueblo venezolano hablaba mejor que decenas de manifiestos y declaraciones: "Trump saca tus manos de Venezuela" o sencillamente, apelaban a la historia dolorosa del continente: "Yanquis go home". Esa consigna que el gran Alí Primera hizo que en una prolongada época del pais, la entonaran como un himno gentes de todas las edades.

Definitivamente, la elección, instalación y funcionamiento con total legitimidad de la Asamblea Nacional Constituyente (ANC) en Venezuela significó una importante victoria táctica del chavismo en la batalla que libra contra EE.UU. y la derecha local en defensa de la Revolución bolivariana.

Si hay algo que ha quedado definitivamente claro el pasado domingo 30J es que la contundencia de la respuesta chavista en las urnas no solo asegura el camino hacia una Constituyente de amplia integración y de propuestas revolucionarias, sino que también ha servido para poner en paños menores a una oposición que sigue sin brújula.

La Agencia Central de Inteligencia (CIA) estadounidense volvió a destapar la caja de Pandora, después de confirmarse su participación en un plan de golpe de Estado contra el gobierno de Venezuela que encabeza el presidente, Nicolás Maduro.

Es evidente que el gobierno venezolano no se equivocó cuando decidió lanzar la convocatoria a votar por la realización de una Asamblea Constituyente. No sólo porque en su contenido está implícita una mayor participación de los sectores populares que siguen empujando el tren bolivariano, sino porque el enemigo local e internacional se ha dado cuenta que esa instancia significa el paso necesario para profundizar la Revolución. De allí que traten de impedirla: desde Donald Trump hasta sus aliados incondicionales de la Unión Europea no han dudado en exigirle al presidente Nicolás Maduro que desconvoque ese llamamiento estratégico. Ni qué decir de los amanuenses de los gobiernos de derecha latinoamericanos, representado entre otros por el cuarteto Macri-Temer-Cartes-Santos, que no han ahorrado munición gruesa para difamar todo lo que Venezuela ha venido construyendo en estos últimos 18 años.

Contra Venezuela se ha desarrollado una intensa campaña mediática que se esfuerza por posicionar la matriz de “gobierno represor”, con la cual intentan aislar política y diplomáticamente al gobierno de Nicolás Maduro y crear un consenso regional y global que justifique acciones más agresivas contra la Revolución Bolivariana.

El plan imperial de azuzar a los sectores más fascistas de la oposición venezolana para convertir las calles de Caracas y otros puntos del país en lo que fueron los inicios de la gran invasión terrorista en Siria, sigue funcionando a todo vapor. Día a día, a todas las iniciativas de guerra descargadas sobre Venezuela Bolivariana (la económica y la mediática como señal más distintiva de la embestida derechista) se suma una violencia ciega, desalmada, repulsiva, que parece ser la matriz que amenaza imponerse entre esa mezcla de hordas juveniles de lúmpenes en que se han convertido Voluntad Popular y otros grupos acicateados por Leopoldo López y Capriles Radonski.

Sería imposible entender lo que está sucediendo en este año 2016 en Venezuela, si no se conoce al menos parte de lo actuado en la ofensiva criminal de Estados Unidos contra este país, que acumula mucho más de una década de agresiones en forma permanente, y que ahora está amenazado por un intervención como escarmiento para América Latina.