Opinión - #Venezuela

Nicolás Maduro y la revolución bolivariana han vivido bajo un fuego en toda la línea de los medios de comunicación de su país e internacionales, y bajo las más disímiles presiones políticas, internas y externas.

Lo más importante que ocurrió el domingo 20 de mayo es que venciendo amenazas de todo tipo, el pueblo venezolano otra vez salió a votar e impuso democráticamente y a la vista de cientos de observadores electorales la esperada reelección de Nicolás Maduro. Ese detalle precisamente, el de la renovada práctica de defender la soberanía popular con una urna como arma es la que desde aquel no muy lejano diciembre de 1998 viene poniendo a los sucesivos gobiernos estadounidenses al borde de la histeria.

Tanto se habla de las elecciones en Venezuela que el mundo ignora lo que ocurre al oeste de ese país. Si la algarabía no tuviera tantas implicaciones geopolíticas, económicas, ideológicas y simbólicas, se podría llegar a pensar que tanto ruido contra Caracas busca, además, desviar la atención de lo que ocurrirá en Colombia el próximo 27 de mayo.

Se anuncia desde Argentina que el gobierno de Mauricio Macri pretendería, con no poca inmodestia, lograr lo que no han podido las administraciones de George W. Bush y Donald Trump por las malas ni la de Barack Obama por las menos malas: Romper la alianza estratégica entre los gobiernos de Cuba y Venezuela.

La campaña presidencial en Venezuela arriba hoy a su última jornada, preámbulo de la cita con la historia de este pueblo el próximo 20 de mayo.

Una agresión contra la República Bolivariana de Venezuela es una alternativa existente dentro del arsenal de Estados Unidos, su ejecución sería ilegal y algunos aliados estarían asustados por sus consecuencias.

No, no estamos ni nos sentimos derrotados. Vencimos. Ese fue nuestro gran problema. Ahora estamos pagando las consecuencias.

Luis Britto García: “En una guerra, si el adversario te está golpeando tú tienes que responder”

Estados Unidos y sus aliados están haciendo “mucho más” en Siria. La cipaya clase política opositora venezolana clama porque lo haga en Venezuela.