La Orquesta Sinfónica Nacional de Siria y Kais, su estrella de 12 años, en el Kremlin

Ir a la ópera de Damasco una vez al mes para asistir a representaciones de música clásica es algo común para la mayoría del público sirio, sediento de cultura y de relajamiento en estos años de estrés, guerra y malestar. Pero cuando se trata de ver a una estrella de 12 años que toca el piano como jugar a la pelota, sin ninguna nota musical de memoria. Eso es un acto excepcional.

Orquesta Sinfónica Nacional de Siria

Nacimiento del bebé de Sulhi el Wadi

A lo largo de los 7 años de guerra, cada día que pasa es un éxito y un nuevo desafío frente a la muerte y a la emigración de muchos músicos. Tras 30 años de débiles experimentaciones, la Orquesta Sinfónica Nacional de Siria nace definitivamente en 1990, con un programa académico bien establecido gracias a su jefe y maestro, Sulhi El Wadi, que desde su vuelta de Londres en 1960, no sueña sino con la constitución de una orquesta nacional de fama internacional. Como lo repetía siempre: “Es una necesidad nacional y cultural”. Entonces contactos, programas académicos con músicos rusos y ayudas gubernamentales masivas se intensifican para construir y estructurar finalmente el alto Instituto Árabe de Música en Damasco. Y, con él, la constitución de la orquesta sinfónica nacional.

En esa época, muchísimos conciertos tienen lugar, tanto en Siria como en el extranjero. En Damasco en el Palacio Azem y el Palacio de los Congresos, en la ciudadela de Alepo, en el antiguo anfiteatro de Palmira, en los Emiratos Árabes Unidos con los famosos tenores Plácido Domingo y Roberto Alania. ¡Para mencionar sólo algunos!


En medio de la situación en Siria, las representaciones de la orquesta son una escapatoria, el oxígeno y la energía positiva que sólo la música es capaz de ofrecer.

Excelencia. Superioridad. ¡Y después!

El auge en el que se acunan miles de músicos y espectadores llega a su fin con el estallido de la guerra en Siria en marzo 2011. Muerte de músicos, emigración de algunos, mortíferos ataques en la ciudad y peligro continuo. En resumen, para cada miembro de la orquesta, lo cotidiano se parece al de cualquier otro sirio que ha elegido quedarse en el país en los últimos 7 años, porque, al fin y al cabo “él es sólo un miembro de la sociedad siria. Y la amenaza le toca. Además, entiende el alcance de su sufrimiento, y tiene muchas dudas sobre el sí o el no de dar conciertos en tales circunstancias. Quedan pendientes las preguntas del por qué, para quién y para qué”, como lo dice el actual director de orquesta, Misak Baghbudarian.

Pero, afortunadamente, las respuestas recibieron rápidamente una acogida muy favorable. Las representaciones de la orquesta son una escapatoria, el oxígeno y la energía positiva que sólo la música es capaz de ofrecer. Y con mucha voluntad, fe y compromiso, cada músico logra superar las dificultades y ofrecer un poco de alegría a su público.

 


Dentro del grupo de adolescentes del Instituto, se destaca Kais Safadi, 12 años.

“La orquesta trata siempre de mejorarse, desarrollarse y hacer valer los talentos emergentes. A nivel internacional, los contactos son reducidos, porque desgraciadamente, los gobiernos mezclan política y cultura. Sin embargo, Argelia era y queda como el único país con quien guardamos relaciones estrechas, y es con mucho orgullo que damos conciertos ahí en nombre de Siria”, añade el maestro Baghbudarian.

Pero también, con Rusia la orquesta tiene un tratamiento especial.

¡Donde hay música, hay vida!

Dentro del grupo de adolescentes del Instituto, se destaca Kais Safadi, 12 años, de Sweida, del sur de Siria. Está en su cuarto año académico, y, con mucho talento, toca solo el piano en el Kremlin.


Tengo el ambicioso objetivo de ser muy famoso para representar mi país en el mundo entero. ¡Con la música, la vida continúa!” recalca Kais.

Desde 2014, su profesora particular en el Instituto es una rusa, Victoria Afdiniko. “Aprobé el examen de selección y me fui al Kremlin en septiembre pasado.  Qué orgullo poder representar mi país en esas circunstancias. Y a pesar de la guerra injusta, de la destrucción de nuestra civilización, hay todavía gente que cree en un mañana mejor, y hace todo para desarrollar la música, y desarrollar el arte que vive en nuestras entrañas.  Cada uno tiene un deber para con su país. El militar ofrece su sangre, su bravura, y yo ofrezco mi talento musical, y tengo el ambicioso objetivo de ser muy famoso para representar mi país en el mundo entero. ¡Con la música, la vida continua!” recalca Kais.