Ahmed Nachaat y Takht Attourath en una velada oriental excepcional en París

Frente a un público heterogéneo, de orígenes sociales variados, de confección religiosa diversa y de cultura diferente, Ahmed Nachaat no ha dejado de cantar durante dos horas y media, acompañado de los músicos de Takht Attourath, con su vestido tradicional, dando mucho exotismo a esta velada.

Esta coral constituida de “poetas migratorios”, originarios del mundo árabe, artistas o aficionados, y todos enamorados del arte poético árabe tradicional, desconocido o mal conocido por la nueva generación.

Cuando la música oriental se mezcla con la voz de Ahmed Nachaat en un ambiente místico, de una iglesia protestante de París, el resultado no puede ser sino maravilloso y excepcional.

Frente a un público heterogéneo, de orígenes sociales variados, de confección religiosa diversa y de cultura diferente, Ahmed Nachaat no ha dejado de cantar durante dos horas y media, acompañado de los músicos de Takht Attourath, con su vestido tradicional, dando mucho exotismo a esta velada. 

Frente a un público heterogéneo, de orígenes sociales variados, de confección religiosa diversa y de cultura diferente, Ahmed Nachaat no ha dejado de cantar durante dos horas y media, acompañado de los músicos de Takht Attourath, con su vestido tradicional, dando mucho exotismo a esta velada.

Esta coral, cuyo fundador, Abdelrahman Kazzoul, la presenta como si fuera su hijo querido: “Desde siempre llevo un amor por la música oriental y el laúd, en particular. Cantaba los muwachahat al oído hasta que encontré profesionales libaneses que me hicieron descubrir la verdadera música árabe renacentista, y desde entonces decidí formar Takht Attourath”.

Es una coral constituida de “poetas migratorios”, originarios del mundo árabe, artistas o aficionados, y todos enamorados del arte poético árabe tradicional, desconocido o mal conocido por la nueva generación.

Aquí interviene Ahmed diciendo: “Hago parte de Takht Attourath desde hace más de 3 años. Y lo que me gusta más en esta experiencia es la posibilidad de revitalizar el canto clásico de los muwachahat, por un lado, y el canto popular y místico de Egipto, mi país natal, por otro lado. Y con esta velada, hoy, el objetivo es doble, porque nuestra presencia en una iglesia muestra que la música no tiene fronteras y sobrepasa cualquier prejuicio. Con un público, que, a menudo, no entiende el árabe, pero sí que canturrea y baila al ritmo de la canción.”

Y sigue comentando: "Con mucha voluntad pudimos perpetuar la tradición, mantener los vínculos socioculturales entre las diferentes comunidades árabes y extranjeras, y hacer de nuestra actividad una causa humanitaria, porque los ensayos musicales se hacen cada domingo en un hospital donde todos los enfermos pueden participar. No podemos ofrecerles nada sino nuestra voz, nuestra música y nuestro amor, y somos orgullosos de hacerlo”.