Los cantos alepinos tradicionales renacen en el occidente y particularmente en París

Alepo emborracha París con sus muwachahat, cantos que resuenan en el corazón de la capital
Takht Atturath
Takht Atturath
Alepo, esta ciudad mágica del noroeste de Siria, conocida por su saber, arte, cultura y civilización. Alepo, cuna de famosos cantantes y músicos, pudo enseñar al mundo entero las bases de la música árabe y de los muwachahat, sus cantos tradicionales. 


Ciudad mágica porque ninguna ciudad árabe pudo alcanzar la fama en el arte y en la música como pudo hacerlo Alepo.  Y ningún país árabe pudo producir tantos músicos como esta ciudad espiritual, porque era, desde tiempos inmemoriales, un paso obligatorio y un espacio de descanso para las caravanas mercantiles venidas de Europa, Asia, y África del Norte, acompañadas por los cantantes y la propia forma musical de cada uno. 


Y por amor de este patrimonio alepino, personas como Abdelrahman Kazzoul y Hamam Khairy hicieron todo lo posible para reavivar la poesía alepina y sus cantos tradicionales, hoy en día, en París.



Abdelrahman Kazzoul
Abdelrahman Kazzoul
Coral de los poetas migratorios

De horizontes diferentes, pero todos originarios del mundo árabe, artistas o aficionados, estos “poetas migratorios”, enamorados del arte poético tradicional, formaron en París una coral, Takht Attourath, y participaron en diferentes veladas y festivales de música tradicional. 

Quisieron ser los embajadores de los poetas olvidados con el tiempo, desconocidos o mal conocidos por la nueva generación. 

Como lo revela Abdelrahman Kazzoul, este ingeniero marroquí, al origen de la coral Takht Attourath: “desde siempre llevo un amor particular por la música oriental y el laúd, en particular. Cantaba los muwachahat al oído hasta que encontré profesionales libaneses que me hicieron descubrir la verdadera música árabe renacentista”.

Poco a poco, Abdelrahman pudo constituir su coral y juntos hicieron, en directo, el primer concierto musical en la radio la BBC en 1991.

En 1995, esta coral integró los muwachahat en su repertorio, estos famosos cantos alepinos, olvidados por la nueva generación de cantantes, pero “reclamados por el gran público que sabe apreciar la buena música”, como lo repite siempre Abdelrahman.  

Y sigue comentando: "Con mucha voluntad pudimos perpetuar la tradición, mantener los vínculos socioculturales entre las diferentes comunidades árabes y extranjeras, y hacer de nuestra actividad una causa humanitaria, porque los ensayos musicales se hacen cada domingo en un hospital donde todos los enfermos pueden participar. No podemos ofrecerles nada sino nuestra voz y nuestro buen humor, y somos orgullosos de hacerlo”.


Póster del espectáculo en París.
Póster del espectáculo en París.
Muwachahat, o qudud alepinos, canciones y misterios  
¿Quién puede hablar del misterio de la canción alepina tradicional mejor que “su hijo”?  

Venido de Alepo en 2012 a París, Hamam Kheiry se encarga desde entonces de la coral Takht Attourath para enriquecerla de su experiencia profesional.

De origen alepino, Hamam es el profesor, director técnico y cantante del grupo. 

Esta gran voz venida del Oriente interviene sonriendo: “¡Alepo es una ciudad mágica y sus cantos misteriosos! Los muwachahat se habían extendido hasta los confines de China gracias a sus variaciones vocales y su originalidad en la improvisación. Los qudud, o mejor conocidos como muwachahat, son la obra de los comerciantes, venidos del mundo entero para descansarse antes de seguir su camino hacia Europa, África o Asia. Y por la noche, cada uno tarareaba un aire musical con la letra de su país. Pero como los Alepinos no hablaban ni entendían estos diferentes idiomas, trataban de introducir letra según el aire. Así fue como nacieron la riqueza y la magia de las canciones”. 

Y sigue diciendo: “canto por la paz, por el amor y la felicidad. Canto para hacer conocer el patrimonio cultural de mi país, especialmente en esos difíciles días de guerra y de destrucción. Cantamos todos juntos, cristianos, musulmanes, en una iglesia o una mezquita. 

Yo soy musulmán, y en junio pasado, en París, logramos hacer una velada espiritual alepina en la famosa iglesia Saint-Julien-Le-Pauvre, que tuvo mucho éxito, porque a pesar de todo, el canto sigue uniéndonos, y Alepo sigue contando y cantando nuestra historia, y la historia de la humanidad entera”. 


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