Una apuesta saudita

Arabia Saudita, que está librando una guerra de precios en el mercado petrolero, apuesta por debilitar a Rusia en la política internacional a favor de Estados Unidos, sin embargo, disparar fuego contra Moscú golpea el presupuesto saudita y el petróleo de esquisto bituminoso estadounidense al mismo tiempo.

  • Guerra de precios en el mercado petrolero.

En las dimensiones de la crisis del petróleo entre Arabia Saudita y Rusia, Moscú no se niega a reducir la producción y mejorar los precios en beneficio de los países exportadores de petróleo.

Rusia ha aceptado reducir la producción en el acuerdo que pide extenderlo. Moscú cree que la nueva reducción de la producción no tiene como objetivo a aumentar los precios del crudo, sino más bien alinearse a Trump para presionar a Rusia.

Mientras tanto, Arabia Saudita, que está tratando de imponer un nuevo acuerdo busca aumentar su participación en el mercado para pagar los costos de las armas y las guerras, y lo más importante es que la monarquía del Golfo busca fortalecer las apuestas de Trump en el petróleo de esquisto bituminoso.

Por lo tanto, lo que despertó la preocupación de Rusia por este esfuerzo saudita es impulsar el petróleo estadounidense que Trump ha utilizado para presionar a Moscú en la política internacional y en las sanciones contra la compañía rusa Rosneft, como señala el presidente de la mayor petrolera de Rusia, Ígor Sechin.

En este contexto y en respuesta al desafío, según el ministro de Energía Alexander Novak, Rusia esperaba un escenario de guerra de precios, donde Moscú depende también de las exportaciones de gas y de otras capacidades financieras y de producción.  

Mientras la guerra de precios conduce a la desaparición del petróleo de esquisto bituminoso y a crisis de déficit en las compañías bancarias y en el mercado de valores en Wall Street, como se ha demostrado en el colapso que describieron como el lunes negro.

Mientras, en la guerra de precios, Mohammed bin Salman parece estar moviéndose de una crisis hacia el borde del abismo como lo describe The New York Times, el príncipe heredero de Arabia Saudita está tratando de complacer a Trump, esperando contar con él para ayudarle en sus crisis, pero su frustración en sus batallas perdidas abre la cuestión de la posibilidad a volver a confiar en él como un socio, o será –como dice el refrán–: el hundido no teme mojarse.

 

Las ideas y opiniones expresadas en este artículo son las de los autores y no reflejan necesariamente el punto de vista de Al Mayadeen
Qassem Ezzeddine

Investigador, Diploma en Estudios Antropológicos de la Universidad de Sorbonne en París. Escritor en varios periódicos.

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