La disyuntiva de EE.UU. en Medio Oriente

Reducir la presencia militar norteamericana en Medio Oriente, según la revista Foreign Affairs, requiere de un equilibrio complicado, pues, a los efectos de Washington, no puede dejar atrás inseguridad ni perder influencia en intereses clave.

  • La disyuntiva de EE.UU. en Medio Oriente.

El presidente de Estados Unidos, Donald Trump, y sus opositores del Partido Demócrata, coinciden en que se deben poner fin a las guerras interminables, aunque por ahora ese concepto sigue siendo mal definido, solo se mira el comienzo sin pensar en el final.

Reducir la presencia militar norteamericana en Medio Oriente, según la revista Foreign Affairs, requiere de un equilibrio complicado, pues a los efectos de Washington no puede dejar atrás inseguridad ni perder influencia en intereses clave.

La respuesta del gobierno de Trump a ese desafío ha sido incoherente, en unos casos impulsada por deseos de salir de la región y, en los otros, de mantener presión máxima sobre Irán.

Se contraponen el envío de casi 20 mil soldados a la región y la retórica sobre una retirada.

El resultado ha sido el peor de todos, según Foreign…, una combinación de activismo militar y pasividad diplomática que da a los socios regionales un cheque en blanco en un comportamiento que mantiene a la región al borde de un conflicto más amplio.

Un mejor enfoque necesitaría claridad sobre los intereses de Washington para asegurarlos y variar el desempeño norteamericano hacia un orden regional que ayudaría a atenuar caos, sufrimiento e inseguridad.

Una estrategia más adecuada sería evitar lo que repite con frecuencia Estados Unidos, su apelación a medios militares, que hasta ahora no solucionaron los problemas.

Es el momento de intentar usar una diplomacia agresiva para producir resultados más sostenibles, sugiere Foreign Affairs.

Hasta ahora, la cuestión se centró en cómo Estados Unidos e Irán podrían restablecer el acuerdo nuclear y que no debía ser lo único, sino incluir un diálogo regional, con apoyo del Consejo de Seguridad de la ONU, para reducir tensiones, crear vías de una desescalada y recuperar confianza.

Los dos principales protagonistas regionales son Arabia Saudita e Irán, que probablemente llegarán a principios de 2021 curándose de las heridas por la crisis de los bajos precios del petróleo y de los impactos económicos y de salud causados por la pandemia de la COVID-19.

En ocasiones anteriores, las crisis humanitarias originaron deshielos y podrían estar nuevamente presentes, mediante el fomento de las peregrinaciones del hajj y el umrah a las ciudades sauditas de La Meca y Medina, con las correspondientes a los sitios sagrados en territorio iraní.

Pero, además, podría haber espacio para una conversación más amplia sobre Yemen, Siria y los países del Golfo, como Bahrein, y también sobre cuestiones como la seguridad marítima.

Tal esfuerzo apuntaría a llenar un gran vacío que, en la práctica, con demasiada frecuencia lo llena el poder militar estadounidense.

Hay organismos con posibilidades de crear entendimiento, como la Liga Árabe, que no lo logró hasta ahora, y el Consejo de Cooperación del Golfo, estremecido por el bloqueo contra Qatar, uno de sus integrantes.

Mientras, el concepto de la OTAN árabe manejado por Trump se orienta más hacia rivalidades y los compromisos de seguridad de Estados Unidos que a los intereses comunes de los posibles miembros.

Las conversaciones interregionales se realizarían mejor con el apoyo de Washington, pero sin su presencia, para garantizar que los asistentes sientan que sus acciones están sobre la mesa y no al lado de ella.

Otros diálogos serían de naturaleza bilateral, dado el papel preeminente de Arabia Saudita y los distintos intereses y perspectivas de estados más pequeños.    

Sin embargo, existen razones para priorizar esa iniciativa regional.

Después de tres gobiernos estadounidenses sucesivos, Arabia Saudita y Emiratos Árabes Unidos parecen comprender que ninguna solución externa, sean los neoconservadores de la era George W. Bush o de los ultrahalcones de Trump, pueden librarlos de Irán.

Riad y Abu Dabi se dieron cuenta que el enfoque agresivo de Trump no incluía ir a la guerra con Teherán, lo cual, desde sus puntos de vista, los deja desamparados ante misiles, drones y otras amenazas que presumiblemente utilizaría la nación de los persas.

Tal vez ese sea el motivo por el que estén considerando la realidad de lo que tienen ante sí y abrir canales destinados a recortar tensiones que podrían ser los bloques de construcción para una vía diplomática más expansiva, observa Foreign Affairs.

Los funcionarios emiratíes realizaron visitas públicas a Teherán y hay rumores de que los sauditas coquetean en esfuerzos más silenciosos.

Pese a la incoherencia de los recientes movimientos estadounidenses en la región y que cambiaran sus intereses, no implican que Estados Unidos pueda, quiera o deba abandonarla por completo.

Lo correcto sería, según Foreign Affairs, liderar una diplomacia capaz de facilitar reducciones de su presencia militar y, a su vez, salvaguardar intereses en una zona de mucha importancia para Estados Unidos, hoy, y en los próximos años.