Sugieren separación de EE.UU. con Turquía

Turquía disfrutó durante mucho tiempo de la reputación de ser importante por limitar el avance soviético en el Mediterráneo a través del mar Negro y en el Medio Oriente por tierra, comenta el sitio The American Conservative.

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    Sugieren separación de EE.UU. con Turquía

Estados Unidos todavía utiliza las bases aéreas de Incirlik e Izmir para ampliar su alcance militar e incluso durante la Guerra Fría, la OTAN pagó un alto precio por la inclusión de Ankara. 

Los gobiernos autoritarios y dominados por los militares redujeron los espacios cívicos y organizaron varios golpes, duros y suaves.

En 1974, Turquía invadió y dividió la República de Chipre.

La guerra casi estalló con Grecia y durante un tiempo el Congreso estadounidense prohibió la venta de armas a Ankara.

Pero con el colapso de la Unión Soviética, el antiguo país de los otomanos se convirtió en un guardián regional sin deberes serios, mientras que su política de coalición inestable y dominada por los militares y su economía débil no parecían ser un modelo para nadie.

La victoria de 2002 del Partido Justicia y Desarrollo (AKP) de Recep Tayyip Erdogan traormó la nación.

Al principio el AKP se presentó como responsablemente religioso, pro-occidental y liberal, ansioso por democratizar la sociedad, excluir a los militares de la política y unirse a la Unión Europea.

Sin embargo, Erdogan y su partido se sumergieron en la corrupción y su mandato parece más el de un gobierno autoritario.

Su compromiso con el islam se volvió duro y político, en tanto que se sacrificaron el estado de derecho, las libertades individuales y los procedimientos democráticos para mejorar el poder del régimen. 

El intento de golpe de Estado en 2016 contra Erdogan, propició la represión y purga que siempre quiso.  

Por primera vez, el año pasado, Erdogan manipuló la votación real y obligó a una repetición de la carrera por la alcaldía de Estambul, que su partido terminó perdiendo dos veces. 

La próxima vez puede estar más desesperado y simplemente robar la elección.

El grupo Freedom House califica al país como no libre, mientras el Departamento de Estado señala “informes de asesinatos arbitrarios; muertes sospechosas de detenidos, desapariciones forzadas; tortura, arresto y detención arbitraria de miles de personas”, y eso es solo el comienzo, recalca The American Conservative.

De esa manera, Turquía socavó la OTAN. Los europeos se toman la democracia más en serio que durante la Guerra Fría, y en su momento justificaron la expansión de la alianza noratlántica después de la Guerra Fría como un medio para integrar a los antiguos estados comunistas de Europa Central y Oriental.

Aún más problemático para la OTAN es la política exterior cada vez más independiente y hostil de Ankara. Rusia es el único adversario serio imaginable de Europa. Sin embargo, Erdogan se ha convertido en el equivalente de un quinto columnista, con más probabilidades de apoyar a Moscú que a Bruselas.

Su política hacia Rusia fue irresponsablemente imprudente cuando, hace cinco años, Ankara derribó un avión de combate ruso que operaba en Siria. 

Si la guerra hubiera estallado, se habría esperado que Washington enfrentara a Rusia con armas nucleares.

Erdogan luego protagonizó una espectacular pirueta política y se unió a Moscú para gestionar el desenlace de la guerra civil siria.

Además, decidió comprar el sistema de defensa aérea ruso S-400 como resultado del cual hubo un corte del programa de los aviones norteamericanos F-35 y demandas del Congreso de sanciones económicas. 

Los gobiernos ruso y turco están en bandos opuestos en la lucha en el territorio sirio controlado por la oposición, en la guerra civil de Libia y en el creciente conflicto entre Armenia y Azerbaiyán.    

¿Qué posibilidades hay de que Turquía declare la guerra a Rusia para ayudar a defender, digamos, Estonia?

Ese factor por sí solo justifica la expulsión de Ankara de la alianza transatlántica.

Sin embargo, la participación de Turquía en Siria no es solo un problema de cooperación con Moscú.

Durante los primeros años de la guerra civil, el gobierno de Erdogan permitió al Estado Islámico el libre tránsito por las fronteras turcas.

Se cree que la inteligencia turca ayudó directamente a los terroristas y, además, la familia de Erdogan y miembros de su personal pueden haberse beneficiado a través del comercio con la banda extremista.

Ankara también lanzó dos invasiones contra los aliados kurdos de Washington, que lideraron el asalto terrestre al "califato" del movimiento islamista con sede en Siria.

Turquía empleó fuerzas árabes islamistas, que cometieron limpieza étnica y otras atrocidades contra los kurdos sirios.

Ahora amenaza con la guerra contra los miembros de la OTAN y socios de la UE.

Las islas griegas cercanas a Turquía restringen enormemente la soberanía de esta última sobre áreas que considera suyas. Los enfrentamientos aéreos y navales entre Ankara y Atenas son rutinarios.

Además, Turquía sigue ocupando gran parte de Chipre y ahora hay otra disputa, tras la detección de petróleo y gas natural en las aguas circundantes a la isla del Mediterráneo oriental que llevó a enfrentamientos navales entre los turcos y el gobierno chipriota internacionalmente reconocido.

Ankara está promoviendo la exploración de energía en áreas reclamadas por la República Turca del Norte de Chipre, reconocida solo por Turquía.

Ankara entró en la guerra civil de Libia del lado del Gobierno de Acuerdo Nacional con sede en Trípoli, la capital, del cual extrajo un acuerdo de límites marítimos que le otorga derechos de desarrollo energético en aguas reclamadas por Chipre y Grecia. 

Ankara rompió el embargo de armas de las Naciones Unidas y protegió sus envíos con una escolta naval, lo que provocó enfrentamientos con barcos griegos y franceses desplegados para hacer cumplir la prohibición.

El combate terrestre en curso en Libia podría desencadenar una conflagración mayor. En contra de Turquía están Francia, Arabia Saudita, Emiratos Árabes Unidos, Egipto y Rusia, de lo cual pudiera surgir un conflicto con todas las de la ley. 

Un intercambio de disparos entre aliados estadounidenses, con Rusia lanzada en buena medida y todo el mundo buscaría en Washington el respaldo inevitable de la defensa.

Por último, Turquía parece preparada para intervenir en el reciente conflicto por la región de Nagorno-Karababj entre Armenia, respaldado por Rusia e Irán, y Azerbaiyán.

Se trata de un territorio azerbaiyano poblado en gran parte por personas de origen armenia, tomado después de un prolongado conflicto que terminó en un incómodo alto el fuego en 1994.

Ankara ayudó a entrenar a las fuerzas armadas azerbaiyanas y en días recientes la acusaron de derribar un avión armenio e introducir mercenarios sirios en los combates.

Las afirmaciones no están verificadas, pero Turquía respalda Bakú, Azerbaiyán, con armas armas y entrenamiento.

Tales acciones que parecen aisladas reflejan una política exterior turca cada vez más agresiva que se sustenta en las ideas de Erdogan.

Ante la Asamblea Nacional de Turquía, sugirió una agenda revisionista de gran alcance, al decir: “No hay posibilidad de que este orden distorsionado, en el que el mundo entero está obstaculizado por un puñado de personas codiciosas, continúe existiendo de la manera lo hace actualmente".

Así que Ankara no es el aliado de antaño, estima The American Conservative.

Con la Guerra Fría terminada, nada requiere que Estados Unidos ignore al elefante autocrático que siempre estuvo en la habitación, incluso durante aquella temporada.

Peores son los intereses de seguridad divergentes. Nadie en Occidente sabe hasta dónde está dispuesta a llegar Turquía. Si Ankara termina en una guerra de disparos con alguien, incluida Rusia, Europa y Estados Unidos podrían verse arrastrados.

Erdogan hace mucho tiempo que disipó cualquier reserva de confianza con otras potencias occidentales, pero algunos analistas abogan por esperar a que abandone la escena política. 

Sin embargo, a los 66 años podría gobernar durante otra década o más. Además, tanto su islamismo como su nacionalismo gozan de un fuerte apoyo interno.

El antagonismo hacia Occidente y, en especial, hacia Estados Unidos es fuerte. Incluso un régimen más democrático no estaría dispuesto a ceder ante importantes cuestiones geopolíticas.

Por decepción en lugar de enojo, Estados Unidos debería desconectarse de Turquía y liberar a ambos países para que actúen como consideren necesario y a la vez preservar una fuerte presencia diplomática mutua.       

Como mínimo, Washington debería retirar las armas nucleares de las bases turcas y reconsiderar la venta de armas. 

Además, la OTAN debería revisar el estatus de Turquía y facilitar la salida de Ankara de la alianza transatlántica que mejoraría la seguridad occidental, sugiere The American Conservative.