Cumbre del G20 en Arabia Saudita, que nunca debió ser

Arabia Saudita gastó millones en los últimos dos años tratando de encubrir una imagen empañada por sus crímenes de guerra en Yemen y por la brutal represión de la disidencia nacional, observa The Washington Post.

  • Cumbre del G20 en Arabia Saudita, que nunca debió ser (Foto: AFP)
    Cumbre del G20 en Arabia Saudita, que nunca debió ser (Foto: AFP)

Ese esfuerzo estaba destinado a culminar este fin de semana para no opacar la organización de la Cumbre del G20 en Riad. 

El evento ahora no será tan destacado por la COVID-19 y se celebrará en videoconferencia, aunque el régimen del rey Salman y su líder de facto, el príncipe heredero Mohammed bin Salman, seguirá recibiendo una validación inmerecida, a menos que durante el G-20 los participantes utilicen la reunión para apoyar los activistas de derechos humanos encarcelados injustamente.

Varios sauditas que hicieron campaña pacífica por los derechos de las mujeres languidecieron en prisión, pese a que nunca los condenaron por un delito, sino por disentir.

Varias prisioneras están en régimen de incomunicación y torturadas antes de ser trasladadas al sistema penitenciario. 

Mohammed bin Salman está directamente relacionado con esos crímenes, al igual que con el asesinato y desmembramiento en octubre de 2018 del periodista saudí exiliado Jamal Khashoggi en el consulado saudí en Estambul. 

Loujain al-Hathloul reveló que las torturas a que fue sometida, las supervisó Saud al-Qahtani, uno de los ayudantes más cercanos del príncipe heredero, quien también observó la operación contra Khashoggi. 

Hathloul dijo que Qahtani juró asesinarla y cortarla en pedazos, pero solo después de violarla.

Los líderes de las naciones del G-20, en especial los de las democracias, nunca debieron permitir que Arabia Saudita asumiera la presidencia del grupo u organizara una Cumbre mientras estos atropellos continuaban y agravarán su error si participan en los eventos de este fin de semana y guardan silencio sobre los activistas encarcelados. 

Debían exigir en esa cita que Hathloul y otros activistas encarcelados sean liberados, y dejar en claro que el régimen saudita carecerá de relaciones normales con sus gobiernos hasta que haya un cambio de política hacia los disidentes del reino del desierto.