Susana Alfonso Tamayo

Corresponsal de Prensa Latina en Qatar

Dr. Zidane Zeraoui: Una incursión en Irán sería una catástrofe para EE.UU.

El conflicto Estados Unidos-Irán y las consecuencias para la estabilidad en el Medio Oriente despiertan preocupaciones por su trayectoria ascendente desde que la administración de Donald Trump abandonó el acuerdo nuclear con Teherán. Entrevista al Dr. Zidane Zeraoui

Zidane Zeraoui

El conflicto Estados Unidos-Irán y las consecuencias para la estabilidad en el Medio Oriente despiertan preocupaciones por su trayectoria ascendente desde que la administración de Donald Trump abandonó el acuerdo nuclear con Teherán.
Y más luego de que el dedo acusador señalara a la nación islámica como responsable de los estallidos de cuatro petroleros en aguas de Emiratos Árabes Unidos (EAU) y dos estaciones de bombeo del oleoducto que cruza a Arabia Saudita de oriente a occidente, ocurridos en mayo.
Acerca de este complicado contexto, Prensa Latina dialogó con el doctor en Ciencias Políticas de origen argelino Zidane Zeraoui, profesor titular e investigador del Tecnológico de Monterrey, en México.
Zeraoui es especialista en política internacional con énfasis en Medio Oriente, además de miembro del Sistema Nacional de Investigadores del Consejo Nacional mexicano de Ciencia y Tecnología (Conacyt).
-Pese a que las tensiones Estados Unidos-Irán alcanzan un punto crítico, esta no resulta una problemática reciente. ¿Podría usted comentar brevemente acerca de este devenir y los intereses que considera subyacen?
-Yo creo que para entender la posición de Trump tenemos que ver cuáles son sus principales aliados.
Tenemos a (Israel), un gran aliado, sobre todo por la gran cercanía de Kushner (Jared Corey Kushner quien es, además de asesor principal, yerno del presidente de los Estados Unidos) con Tel Aviv. Es judío. Por tanto hay una política de acercamiento que nunca se había dado.
Por ejemplo, el hecho de reconocer a Jerusalén como capital eterna del Estado de Israel. Ningún presidente norteamericano, incluyendo los más radicales, los más de derecha, habían dado este paso. Estamos hablando entonces de un rompimiento con toda una tradición de política exterior del gobierno estadounidense.
Por otra parte, está el acercamiento que se ha dado entre el presidente Trump y Arabia Saudita, en especial con Mohamed bin Salmán.
La posición adoptada por el príncipe heredero también rompe con la cautela que el gobierno saudita había tomado especialmente hacia Irán, Estados Unidos y la tierra santa.
Tenemos que recordar que uno de los puntos fundamentales que Arabia Saudita había enfatizado es la recuperación de Jerusalén, el tercer lugar santo del islam.
Esto es un gran cambio dado en el Medio Oriente y, obviamente, conlleva a una radicalización de la postura del presidente norteamericano.
Y si a esto le agregamos la cuestión de Siria, el apoyo de Irán al presidente de Bashar al-Assad, llegamos a la decisión de Trump de romper el tratado nuclear, que había permitido un equilibrio regional, o por lo menos evitado una carrera armamentista en la región. Lo que estamos enfrentando en el día de hoy es este riesgo.
Es en este contexto que debemos entender la posición de Trump, no solamente anti-iraní, que indiscutiblemente la tiene, sino de apoyo a aliados muy importantes en la región.
-¿Qué impacto tiene esta posición norteamericana en el área?
-Esta posición norteamericana contra Irán tiene varias consecuencias; la primera, agudizar la división que ya existía en el Medio Oriente entre un eje sunita (Arabia Saudita, Turquía, Jordania, Kuwait, Egipto, Túnez, EAU, Qatar, entre otros -esta es la rama mayoritaria del islam) frente al eje chiita (Irán, Iraq, Siria y el Hizbullah en El Líbano). Ya existía esta división pero con la intervención norteamericana se está agudizando.
Si hay elecciones en Reino Unido, y como se prevé, obtiene la victoria Farage (Nigel Farage, del Partido del Brexit), su enfoque sería muy similar al de Trump.
Ya tenemos a Pakistán e (Israel) como dos potencias nucleares, si se empuja a Irán tendríamos una tercera y esto convertiría a la región en un espacio con riesgo de una conflagración mayor, y las rivalidades que existen hoy podrían tener graves consecuencias.
No toda la política de Irán va en contra de los intereses de Estados Unidos en el área. Creo que hay una visión errónea de Washington en el Medio Oriente si revisamos, por ejemplo, los apoyos dados por Arabia Saudita a ciertos actores como los grupos fundamentalistas o islamistas, que básicamente son los que están atacando hoy los intereses norteamericanos.
La posición de Arabia Saudita es debilitar el gobierno de Irán, que siempre ha respaldado al gobierno de Iraq, un aliado natural. En el caso de Siria, si bien es cierto que Teherán respalda la permanencia de Bashar al-Assad, ha estado también combatiendo a los grupos radicales, como el ISIS, la prolongación de Al-Qaeda en el Medio Oriente. De hecho, el Al-Qaeda de Mesopotamia que nació en la década pasada, fue financiado por Riad.
Así que las alianzas en el Medio Oriente no son tan sencillas de entender y no siempre son las mismas. Están cambiando en función de los intereses del momento.
-Luego del sabotaje a cuatro embarcaciones petroleras en aguas de los EAU -dos de ellas sauditas- y el ataque con drones a estaciones de bombeo en Arabia Saudita, actos de los cuales Riad culpa a Teherán, con respaldo de Estados Unidos, el rey Salmán bin Abdulaziz, convocó a cumbres de emergencia en La Meca.
Entre el 30 de mayo y el 1 de junio se llevaron a cabo la cumbre de emergencia árabe y del Consejo de Cooperación para los Estados del Golfo, y la sesión 14 de la Organización de Cooperación Islámica. ¿Cuáles cree son los intereses en juego para Arabia Saudita en este escenario?
-La cumbre de La Meca parece ser un paso hacia atrás en la posición tradicional de Arabia Saudita, pero creo que no hubo ningún cambio. Es el propio rey Salmán quien encabezó la cumbre, y tiene una postura de no aceptar la declaración norteamericana de Jerusalén como capital eterna e indivisible de (Israel).
Es la misma posición del príncipe heredero pero él es mucho más pragmático. Su principal problema ahora es Irán y está claro que sacrificará otros intereses para tener el apoyo norteamericano.
Mientras, el rey Salmán tiene una posición más tradicional, la que siempre ha tenido Arabia Saudita de reivindicar Jerusalén, la tercera ciudad santa del islam. Estamos hablando de dos generaciones que tienen prácticamente 50 años de diferencia.
-Al concluir las tres reuniones, se vio una región con criterios diversos. Por un lado, Iraq rechazó de plano la declaración conjunta en lo referente a Irán, Siria también emitió un comunicado en el que dejaba claro que no existía la aludida intromisión de Teherán en sus asuntos internos; y por otro, después de pasada la cita, el ministro de Relaciones Exteriores de Qatar, Mohammed bin Abdulrahman Al-Thani, expresó las reservas de su país con respecto a las líneas de las cumbres y declaró a Al Jazeera que estas "adoptaron la política de Washington hacia Irán y no una que tenga en cuenta al vecindario". ¿Qué opina acerca de los resultados de estos encuentros?
-La cumbre estaba destinada a condenar aún más a Irán y poner al resto de los países árabes del lado de Arabia Saudita. Y era de esperarse que los aliados tradicionales de Irán se opusieran a las declaraciones: estos son Iraq y Siria.
La posición de Qatar, en tanto, tiene muchos matices. Con Irán hay intereses en común, básicamente los yacimientos de gas compartidos. La relación económica entre Doha y Teherán es muy estrecha.
Esto ha llevado a oponerse o resistir la presión saudita, como ya lo hizo en el pasado, cuando Riad quería tener un respaldo unánime del Consejo de Cooperación del Golfo para romper relaciones diplomáticas con Teherán.
Resulta obvio que en la actualidad no hay ese contrapeso que tradicionalmente existía en el mundo árabe frente a la hegemonía saudita. En los 60 era Egipto, luego fue Iraq hasta los 90. También estuvieron otros países, como Libia que si bien no tenía un peso político o militar, sí lo poseía en el plano financiero, o Argelia, que hoy se encuentra sumida en una crisis.
Libia y Yemen están en una guerra civil y Sudán sin presidente. Hay una situación favorable para esta hegemonía saudita que se ha reflejado claramente en la cumbre.
-Muchos vieron con esperanza la participación del primer ministro qatarí, la visita por primera vez de un alto funcionario a Arabia Saudita desde que este país, los EAU, Bahréin y Egipto, en junio de 2017, rompieran relaciones y establecieran un bloqueo por tierra, mar y aire a Qatar.
Incluso, en sus declaraciones recientes a Al Jazeera, el ministro de Exteriores qatarí cuestionó la demanda de unidad para enfrentar a Irán en medio de un bloqueo en curso contra la nación del Golfo. ¿Cree usted que esta crisis tendrá solución?
-A corto plazo no lo creo, ni siquiera a mediano. La posición de Arabia Saudita está muy clara. Quiere doblegar a Qatar. Por un lado obligarlo a romper las relaciones diplomáticas con Irán, pero también a clausurar la cadena Al Jazeera. Las demandas son demasiado altas para que Qatar las admita. Si las acepta se convierte en un satélite de Arabia Saudita, sin ninguna posibilidad de tener voz en los asuntos del Medio Oriente.
No veo a Qatar renunciando a la posición mundial que Al Jazeera le ha dado; y mientras no se doblegue, la crisis o esta relación tensa va a seguir existiendo.
-Retornando al tema Estados Unidos-Irán. Se habla de evitar un conflicto armado, ¿cuán cerca cree usted se está de tan peligroso desenlace o considera que solo estamos en presencia de provocaciones, amenazas y presión?
-Creo que está bastante claro que no habrá ataque norteamericano contra Irán, menos aún una invasión.
Tenemos que recordar todas las invasiones en las últimas dos décadas. Ningún ataque ha logrado la consolidación de un aliado de Estados Unidos, ni en Iraq, que era el país más fértil para que se diera esa situación, ni en Afganistán.
Si analizamos Iraq, que se ha convertido en un Vietnam para Estados Unidos, es la tercera parte en tamaño y tiene la tercera parte de población de Irán. Además, con una gran división étnico religiosa entre los tres grandes grupos: sunitas, chiitas y kurdos.
Irán es mucho más homogéneo, y si bien es cierto que existen grupos étnicos como los baluchis, en el sureste, y los azeríes, en el noroeste, hay una masa crítica de persas, de farsis, que seguiría sosteniendo el régimen en caso de una invasión.
En resumen, una incursión en Irán sería una catástrofe para los Estados Unidos, no solo desde el punto de vista militar, sino económico. Si vemos que la invasión a Iraq debilitó enormemente a Estados Unidos, Irán sería una turba para la economía norteamericana.
Ataques selectivos podrían darse, pero lo dudo. No creo que Trump sea tan ciego de atacar a Irán sabiendo que no está solo.
-¿Cuáles considera serían los pasos claves en la solución de este conflicto?
-El primer paso es una posición firme de los países firmantes del tratado nuclear para demostrar que Estados Unidos no es la única potencia.
Desgraciadamente, con las últimas elecciones en el parlamento europeo se ve una tendencia de extrema derecha, mucho más pro-Trump. De darse este escenario veremos un nuevo realineamiento hacia las posturas norteamericanas.
El problema ya no es solo del Medio Oriente, es qué va a pasar en Europa. Lo que pase en Europa va a definir el futuro del Medio Oriente.