Luis Beatón

Periodista cubano, ex corresponsal de PL en Estados Unidos

Y del cielo lloverá candela

Pareciera una afirmación bíblica pero no lo es. Si el ser humano prosigue su acción incontrolable contra la naturaleza provocando cambios ambientales, debemos esperar interrupciones en la seguridad hídrica y alimentaria mundial, una menor seguridad económica y el debilitamiento de los medios de subsistencia, el empeoramiento de la salud humana y animal y los riesgos para la cadena de suministro global.

El desenfreno llega a modificaciones irreversibles. Las temperaturas globales aumentan y con eso hay variaciones  en un gran número de procesos del sistema terrestre: en la atmósfera, el océano, el agua dulce, el suelo, las masas de hielo, el permafrost y los organismos que componen la biosfera.

Algunos efectos son bien conocidos, como el aumento de la frecuencia e intensidad de las olas de calor y las sequías, como las que vive Estados Unidos y Europa, y el aumento del nivel del mar. Otros son menos familiares, como la disminución de los niveles de oxígeno en los océanos  y la redistribución de las especies.

Rod Schoonover, ex director de medio ambiente y recursos naturales en el Consejo Nacional de Inteligencia de Estados Unidos, advirtió al presidente Donald Trump de estos peligros.

Con estos cambios ambientales debemos esperar interrupciones en la seguridad hídrica y alimentaria mundial, una menor seguridad económica y el debilitamiento de los medios de subsistencia, estimo el también profesor de química y bioquímica en la Universidad Estatal Politécnica de California, San Luis Obispo.


En este complicado escenario las preocupaciones se acentúan sobre la seguridad del agua, el vital líquido,  para muchos “el oro azul”,  que será motivo de guerras entre naciones si no se dan pasos para su conservación  y se trabaja en un tratado que regule su uso.

Si las guerras de este siglo se libraron por el petróleo, las guerras del próximo siglo se librarán por el agua, opina Ismail Serageldin, ex ejecutivo del Banco Mundial.

Hay que destacar que para 2025 unos mil 800 millones de personas vivirán en países o regiones con escasez absoluta de agua, y dos tercios de la población mundial podrían encontrarse en condiciones de "estrés hídrico", sostienen estimados de Naciones Unidas.

En la actualidad, indica el organismo internacional, hay suficiente agua dulce para siete mil millones de personas, pero está distribuida de manera desigual, contaminada, desperdiciada o mal gestionada.   Eso acentúa la necesidad de un tratado de agua que evite males mayores.

Los ejemplos no faltan sobre la gravedad del problema que puede causar el enfrentamiento entre naciones poseedoras de armas nucleares.

India y Pakistán,  por ejemplo, pese a la existencia de acuerdos bilaterales, pueden enfrentarse si los indios detienen el flujo de agua hacia Islamabad. Nueva Delhi controla tres grandes ríos que desembocan en la nación vecina.


En la actualidad existe una crisis creciente en el sur de Asia, donde las grandes urbes afectadas por la presión hídrica y la agricultura intensiva están secando literalmente el subcontinente.

Las estadísticas indican que para 2030, según un informe reciente, la mitad de la población de la India - 700 millones de personas - carecerán de agua potable adecuada. Actualmente, el 25 por ciento de la población de la India sufre de sequía.

Esto se agravara pues el informe HinduKush Himalaya Assessment estima que para el año 2100, alrededor de dos tercios de los más de 14.000 glaciares de la zona habrán desaparecido, lo que llevara a que algunos países construyan presas para retener el líquido.

Las afectaciones del  agua corriente abajo afectaran a grandes deltas como el Ganges-Brahmaputra, el Indo y el Mekong.

El problema se torna más complejo cuando el  actor central en la crisis del agua del sur de Asia es China, donde se encuentran las fuentes de 10 ríos principales que fluyen a través de 11 países, y que abastecen de agua a 1.600 millones de personas. Si no hay un tratado sobre el “oro azul”, también se incrementara la escasez de agua limpia y se intensificara  la crisis sanitaria, que en la actualidad ya mata más personas que las guerras, incluyendo a 1.5 millones de niños menores de cinco años. 


Esta situación se hace cada vez más crítica cuando el problema tiene un alcance mundial,  y por ejemplo, según el Foro Económico Mundial, para el año 2030 las fuentes de agua sólo cubrirán el 60 por ciento de las necesidades diarias del mundo de proseguir las tendencias actuales en su uso.

Cabría preguntarse qué hará el otro 40 por ciento.  Antes que esto suceda es imperioso para la humanidad crear un acuerdo global l sobre el agua con la prontitud que ameritan los riesgos.

Estimados de la ONU indica que para 2025, unos mil 800 millones de personas vivirán en países o regiones con escasez absoluta de agua, y dos tercios de la población mundial podrían encontrarse en condiciones de "estrés hídrico".

Es grande el apremio pese a que hay suficiente agua dulce para siete mil millones de personas, según las Naciones Unidas, pero está distribuida de manera desigual, contaminada, desperdiciada o mal gestionada, lo que puede llevar a que “del cielo llueva candela” y no como gotas de lluvias.