Dr. Hosni Mahali

Periodista turco de origen sirio. Especialista en las Relaciones árabes - turcas

El islam político: ¿árabe, turco o estadounidense?

Después del llamado proyecto del Gran Medio Oriente y el ingreso del partido la Justicia y el Desarrollo al mundo árabe a través de la puerta siria, abierta de par en par por el presidente al Assad al dúo Gül -Erdoğan, a finales de 2002, Occidente no se demoró en vender la “experiencia turca democrática laica islámica” a los árabes, quienes en su mayoría estaban alejados de estos conceptos y de sus significados.

El islam político: ¿árabe, turco o estadounidense?
El islam político: ¿árabe, turco o estadounidense?

Después del llamado proyecto del Gran Medio Oriente y el ingreso del partido la Justicia y el Desarrollo al mundo árabe a través de la puerta siria, abierta de par en par por el presidente al Assad al dúo Gül -Erdoğan, a finales de 2002, Occidente no se demoró en vender la “experiencia turca democrática laica  islámica” a los árabes, quienes en su mayoría estaban alejados de estos conceptos y de sus significados; y llegó la llamada Primavera Árabe para contribuir a consolidar esta idea, específicamente después que la Hermandad llegó al poder en Túnez y Egipto y el surgimiento de su papel en Yemen, Marruecos y en Gaza a través de Hamas, por medio de lo cual el presidente Erdoğan quería recoger la bandera de Palestina hecha trizas por los líderes del Golfo.

Las cosas tomaron otro rumbo con la caída del proyecto occidental para vender la imagen del islam moderado, después de que los islamistas radicales como Daesh, al Nusra y las facciones yihadistas tomaron el control sobre el terreno en Siria, Irak y Yemen, la caída de los moderados en Túnez y Egipto, y el fracaso de la experiencia de Marruecos y la agresión saudita-emiratí en Yemen y finalmente el derrocamiento del islamista Omar al Bashir.

Permaneciendo así el presidente Erdoğan en “solitario izando la bandera del Islam y de los musulmanes” a través de su conocido apoyo a los islamistas en Siria y su adopción de todos los movimientos del islam político en el mundo árabe y a nivel mundial.

Estambul recibe semanalmente numerosos eventos regionales e internacionales con diferentes titulares islámicos, así como alberga a los líderes y representantes de todos estos movimientos islámicos, y esas actividades tienen continuidad desde la “capital del sultanato y el califato islámico en Estambul”.

Esto ha sido tema de comentarios últimamente en ausencia de la parte árabe intelectual, ideológica y política en especial después de lo ocurrido a Siria, “el corazón palpitante del arabismo” de destrucción, a causa de la traición de los árabes y de los musulmanes, siendo los aliados de ayer los enemigos de hoy contra Damasco, la capital de los omeyas.

El presidente Erdoğan aprovechó todas estas contradicciones con sus implicaciones e interacciones regionales e internacionales, creyendo que esto lo ayudaría a liderar al islam político ya que se considera el heredero del imperio Otomano, rivalizando en esto con el predicador Fethullah Güllen, respaldado por Estados Unidos, y de quien se deslastró en el verano de 2016.

El declive del papel saudita ayudó a Erdoğan con su proyecto, esto explica su violento ataque contra el príncipe heredero Bin Salman después del asesinato de Khashoggi en Estambul, la capital del Imperio y del Califato; Erdoğan quiso a través del caso Khashoggi conseguir apoyo en su rivalidad con Arabia Saudita con el fin de liderar a la nación islámica, específicamente después de su desacuerdo con la misma, a causa del apoyo saudita al golpe de Estado de Al Sisi y la declaración, junto con los Emiratos Árabes Unidos, Bahrein y Egipto, a la Hermandad Musulmana como organización terrorista. Aunado a ello se suman sus esfuerzos para convencer al presidente Trump de ello.

Esto contradice los principios y fundamentos de la alianza saudita-estadounidense que comenzó el 14 de febrero de 1945 con el encuentro del rey Abdul Aziz y el presidente Roosevelt; convirtiéndose Al Saud después de esa fecha en punta de lanza estadounidense por excelencia, ofreciendo todo tipo de respaldo a todos los movimientos del islam político entre ellos la Hermandad Musulmana para enfrentar a los enemigos de Estados Unidos, sean estos nacionalistas árabes o de izquierda, incluyendo hasta la Unión Soviética que los apoyaba a todos; aumentó el monto de asistencia saudita a los partidos, organizaciones, asociaciones, mezquitas, círculos de oración, comunidades religiosas y clérigos en todo el mundo y esta asistencia ha excedido los trescientos millardos durante los últimos 75 años; esto si ignoramos el papel más importante de Al Saud en el liderazgo del Islam político al servicio de los proyectos estadounidenses a través de la adopción de movimientos de la yihad Islámica en Afganistán, incluidos Al Qaeda y los talibanes y luego en Bosnia, Somalia, Sudán y finalmente en Siria e Irak, ofreciendo apoyo directo a Daesh y al Nusra y todas las otras facciones para terminar entregando la bandera al presidente Erdoğan en Siria, Libia, Somalia y Bosnia.

Todo esto se produce en ausencia del peso ideológico del islam político en Egipto, de la que no ha quedado “ni al kenanah (su legado local) ni el arabismo" después que la Hermandad de Egipto entregara esta bandera a Erdoğan, al igual que hicieron sus abuelos en enero de 1517 entregando la bandera al Sultán Salim, quien regresó a Estambul como Califa de los musulmanes y tenía en su posesión las llaves de la Meca; 280 años después se rebelan los Al Saud contra Al Othman, pero siguen dando tumbos, a veces están con los ingleses y otras con los estadounidenses y ahora prueban su suerte con los israelíes y los acompaña en esta gestión Al Sisi.

Los judíos fueron en aquel entonces y ahora los primeros y últimos beneficiarios de todas estas contradicciones, conflictos e irracionalidades que dejaron caer no solo las banderas del Islam, sino también los cálculos de quienes estuvieron y aun lo están a sabiendas o por ignorancia al servicio de su “dios superior Estado Unidos” arrodillándose algunos, postrándose otros ante su presencia siendo una la invocación: “¡señor, no nos prives de tus favores!”.