Nazanin Armanian

Escritora y politóloga iraní exiliada en España desde 1983.​

Irán en las 14 mil 352 mentiras de Trump

Si alguien cree que tantas mentiras impedirán su reelección, está más que equivocado: personajes como él solo mintiendo pueden ascender al poder. Los ciudadanos tenemos derecho a la información objetiva y no manipulada.

  • Irán en las 14 mil 352 mentiras de Trump

Bueno, es una cifra aproximada. Es imposible seguirle al Joseph Goebbels americano. Hasta el 16 de diciembre del 2019, Trump había soltado unas 14 mil mentiras, falsedades, tonterías, manipulaciones y exageraciones según Washington Post, cuyo "detector de mentiras" (Fact Checkers) echa humo: un promedio de 22 mentiras por día, y sobre todas las cuestiones: el supuesto asesinado de Al Bagdadi, el inexistente atentado perpetrado por refugiados musulmanes en Suecia, la retirada de tropas de Siria, que EE.UU. es la nación con los impuestos más altos del mundo, que China no paga aranceles, el Ucraniagate, etc.

Su primera gran mentira fue acusar a Barak Obama de haber nacido en Kenia. Y si en tiempo de paz hay que vigilar a nuestros mandatarios, hoy que estamos en tantas guerras habría que desconfiar absolutamente de ellos. Las técnicas trampianas incluyen pervertir las palabras; provocar polvo y niebla para impedir ver la realidad, y borrar la frontera entre la certeza y la incertidumbre, entre otras. Que no haya tenido que rendir por sus patrañas ante los ciudadanos, Donald Trump sigue batiendo su propio récord, incluso sin mejorar sus métodos.

Irán en el repertorio de Trump. El atentado terrorista contra el general Qasem Suleimani el 3 de enero del 2020 por EE.UU. en Iraq, -aunque ha sido sacado de los titulares por el humo del extraño derribo del avión ucraniano en Teherán cinco días después y la muerte de sus 176 pasajeros-, sigue envuelto en un halo de misterio. ¿Por qué EE.UU. de repente decide matar al hombre más poderoso de Irán y su séquito, cuando él se movía sin problemas en las zonas de guerra de una región que está bajo el control militar de EEUU desde 1991? “Pretendía atentar contra cuatro embajadas de EE.UU.”, afirmó por el presidente.

Preguntas: ¿Por qué, entonces, el senador Chris Van Hollen dice que el miércoles día 1 la Casa Blanca no informó a los diputados de ningún complot para asaltar las embajadas, durante una sesión informativa sobre la inteligencia clasificada? ¿Por qué no revela qué embajadas eran objetivos? Al no tener una justificación ante la opinión pública, el vicepresidente Mike Pence afirma que la información sobre el asesinato era "demasiado sensible" para compartirla con el público.

¿Por qué esta información, si existió, no fue presentada a los comités de inteligencia del Congreso y el Senado? ¿Por qué el Departamento de Defensa declara que EE.UU. pretendió el 4 de enero "disuadir futuros planes de ataque iraníes", y no menciona en ningún momento que habían asesinado a Soleimani para interrumpir una operación en curso? ¿Cómo eliminar al general podía haber detenido un ataque de la República Islámica? “Bajo mi dirección, el ejército de los EE.UU. eliminó al principal terrorista del mundo”.

Más allá de que estas palabras están llenas de complejos narcisistas de un mediocre magnate, matar a Soleimani es un acto de guerra, cuando EE.UU. oficialmente no se encuentra en una guerra con Irán. Ben Wikler, del grupo “MoveOn.org” que se dedica a desnudar al presidente, nos revela que: “Trump no intenta, de vez en cuando, engañar a todas las personas. Tiene una estrategia muy clara de engañar a un sector de la población todo el tiempo". Seguimos: "El régimen iraní es el principal patrocinador estatal del terror”, cuenta Trump. “Ser terrorista” también fue una de las 7 acusaciones de Bush contra Iraq cuando decidió desmantelar el poderoso estado iraquí, rival de Israel en Oriente Próximo.

Pero ¿no fue EE.UU. quien, como lo reveló el asesor de seguridad de EE.UU., Zbigniew Brzezinski, había creado el espantoso terrorismo “Yihadista”? Su vicepresidente Mike Pence asegura que “Suleimani ayudó a los terroristas del 11S”, a pesar de que todos los informes oficiales de EE.UU. niegan la implicación de la República Islámica e incluso del conocimiento previo de los atentados, en cambio, señalan a Arabia Saudita, el íntimo aliado de Washington (y del propio Trump) de organizar aquella masacre.

O la mitomanía de Trump es contagiosa o el presidente ha creado un gabinete a su propia y medida. Acusa a Obama de haber pagado a Irán 50 mil millones de dólares, tras la firma del acuerdo nuclear, casi como un soborno. Sin embrago, este dinero no salía del tesoro de EE.UU., sino de los bancos de China, India y Turquía,como parte de la deuda contraída con Irán por su compra del petróleo, bloqueado por las sanciones impuestas a Teherán por la ONU.

“Pregunté cuántos morirían” -dijo Trump cuando el mundo esperaba una reacción contundente de Washington por el derribo de un dron estadounidense por Irán el verano pasado-, “‘150, señor’, fue la respuesta de un general. Diez minutos antes de la ofensiva, lo paré. No era proporcionado al derribo de un dron no tripulado”.

Trump, el mismo que encierra a los hijos pequeños de los inmigrantes en jaulas y ha matado a miles de civiles en Siria, Yemen, Afganistán e Iraq, ¿tuvo, realmente, un ataque de compasión con los iraníes o pretendía no sabotear la posibilidad de llevar a Irán a la mesa de negociaciones y firmar un nuevo acuerdo BILATERAL con Teherán? Posición relacionada con el lema “Hagamos grande a EE.UU. otra vez”: su plan es acabar con la multilateralidad, excluir a otras potencias de la gobernanza mundial y así cumplir su misión que es devolver a EE.UU. su hegemonía exclusiva de la que gozó entre 1991(fecha de fin de la Unión Soviética), y julio del 2001 cuando China y Rusia constituyeron la Organización de Cooperación de Shanghái y Beijín y Moscú formaron una alianza estratégica por primera vez tras la muerte de Stalin: meses después la OTAN y sus 300 mil soldados ocuparán Afganistán, país situado en la zona de influencia de China, Rusia, Irán e India, a pesar de que los terroristas del 11S eran de nacionalidad saudí. Y ahora, Donald Trump pretende, en vano, regresar al pasado.

La actual crisis coincide “accidentalmente” con el intento de Francia y Alemania de ampliar el INSTEX, el mecanismo de reducir el impacto de las sanciones de EE.UU. contra Irán, a China y Rusia. Que el acuerdo nuclear con Irán estaba “basada en la confianza con Irán”. Federica Mogherini, la exjefa de la diplomacia europea, le denuncia: El acuerdo "no se basa en asunciones de buena fe o confianza, sino en compromisos concretos, mecanismos de verificación y un control de los hechos muy estricto, realizado por la Agencia de Energía Atómica de la ONU”, que ha instalado decenas de cámaras en todas las instalaciones nucleares iraníes, monitorizando hasta el vuelo de las moscas.

Este pacto, en cuyo detalles había al menos 16 demonios contra Irán, le prohibía comparar armas avanzadas durante 15 años, mientras EE.UU. seguía vendiendo artefactos de ultimísima generación a (Israel), Arabia Saudí, Turquía, y Emiratos Árabes. Los propios servicios de inteligencia de EEUU e Israel habían certificado que Teherán cumplía con su compromiso. Romper el acuerdo fue el primer paso de Trump hacia la guerra diseña por el Estado Profundo de EEUU. Y erre que erre: "Hoy tenemos pruebas definitivas de que esta promesa iraní programa pacífico de energía nuclear fue una mentira.

Según los informes trimestral del Organismo Internacional de la Energía Atómica (OIEA), la cooperación iraní es puntual y activa y destaca que incluso está facilitando la aplicación del protocolo adicional. Esto significa que, aunque no lo ha ratificado, Teherán aplica el "protocolo adicional del Tratado de No Proliferación nuclear (TNP), que permite inspecciones sin aviso previo en cualquier instalación que los expertos del OIEA deseen ver.” “No obtuvimos nada” al firmar el acuerdo. Desmantelar el programa nuclear de Irán, sin disparar una sola bala y sin que muriese un soldado estadounidense, ¿no es “nada”? Que Teherán no respetaba el “espíritu del acuerdo”.

Ignora que los espíritus no existen, y sabía que el acuerdo sólo y exclusivamente pretendía impedir un Irán nuclear, que no desarmarle para que claudicase ante el colonialismo estadounidense y “hacer a América más grande”. “Irán puede construir la bomba nuclear después del 2030”. Y ¿por qué le empuja a hacerlo ahora, saliendo del pacto? Además, es consciente de que, según lo acordado con los 5+, Irán entregó el diciembre del 2015 la totalidad del uranio enriquecido a Rusia. Por lo que, para regresar al punto en el que estaba en 2014, necesita varios años, y eso en el mejor de los casos y si Israel no bombardea sus plantas nucleares, como hizo con las de Iraq y de Siria con total impunidad.

Si como afirma, pretende un nuevo y mejor acuerdo con Teherán, podría haberlo mantenido, añadiéndole clausulas. Pero ¿de verdad cree que Irán volvería a fiarse de EE.UU.? El presidente oculta que, con el objetivo de para ocupar la Casa Blanca, prometió en su campaña electoral a los lobbies israelí y árabe (de los que recibió millones de dólares), castigar a Irán. De hecho, es el primer presidente de EE.UU. que realiza su primera visita oficial a los dos archienemigos de Irán; Arabia Saudí e Israel. “Quiero ver un Irán verdaderamente fuerte -cuenta-. Y no buscamos un cambio de régimen”. En realidad, el objetivo de EE.UU. no es la República Islámica sino el propio Irán.

J.F. Kenedy planeó derrocar al Sha en los años 60, por su “debilidad” en la lucha anticomunista y por negarse a ceder bases militares a EE.UU. en la frontera iraní con la URSS. Aquel rey acusó a otro presidente demócrata, Jimmy Carter, de derrocarle apoyando a Jomeini, al pedir al ejército iraní y a su macabro servicio de inteligencia SAVAK a colaborar con la teocracia islámica que los G4 plantó en Irán, como la segunda fase del golpe de estado de la CIA y MI6 del 1953, impidiendo un Irán avanzado y progresista.

EE.UU. está aplicando a Irán el mismo plan que a Iraq, las dos principales reservas de hidrocarburo del plantea: contener su desarrollo en favor de Israel. EE.UU. no soporta un poderoso estado al que no pueda controlar. Sacar las tropas de las “guerras tontas” de Oriente Próximo fue una de sus promesas electorales: pero, sigue en Iraq, Afganistán, Siria, Yemen, Libia, y ahora ha envía 14 mil soldados más -que harán de carne de cañón de los intereses de la élite de su país-, a la región para una nueva carnicería.

Con la guerra contra Irán, el magnate de casino (negocio basado en trampa y engaño) pretende ser recordado por la historia, no como el presidente más vulgar, degenerado, machista, racista, aporófobo e inculto de EE.UU., sino como Alejandro Magno, el criminal que incendió Persépolis, símbolo del primer imperio del mundo.

En un año electoral, un Trump que ha conseguido una alta tolerancia a la mentira en la opinión pública, y ha sido capaz de presentar sus fracasos como logros “bonitos y grandes”, necesita reconciliarse con su base social evangélica ultraconservadora, y al ver que no es castigado por su deshonestidad ¿por qué debe alterar su actitud? El electorado de Trump no le importa sus mentiras, e incluso piense que sirven para el bien común.

Y un dato: si Bush mandó destruir los documentos y videos de torturas de las personas secuestradas en las cárceles clandestinas -desde Rumanía y Polonia, hasta Afganistán e Iraq-, Trump mediante el uso de una aplicación encriptada para eliminar el contenido de su correo electrónico impide el registro de las conversaciones con los líderes extranjeros u otras de interés público. Por lo que, el Archivo de Seguridad Nacional y Ciudadanos por la Responsabilidad y la Ética en Washington y la Sociedad de Historiadores de Relaciones Exteriores de EE.UU. han presentado una demanda acusando a su gobierno de violar la Ley de Registros Presidenciales.

Si alguien cree que tantas mentiras impedirán su reelección, está más que equivocado: personajes como él solo mintiendo pueden ascender al poder. Los ciudadanos tenemos derecho a la información objetiva y no manipulada.

Las ideas y opiniones expresadas en esta artículo son las de los autores y no reflejan necesariamente el punto de vista de Al Mayadeen