El Barça y la falla de San Andrés

Hace unos días, el director del Centro Sísmico del Sur de California, Thomas Jordan, advirtió que la falla de San Andrés está cargada y lista para provocar uno de los terremotos más destructivos de la historia de la humanidad.

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Algo similar, aunque en el panorama estrictamente deportivo, ocurre en el FC Barcelona, un club llamado a marcar una época por la presencia del genio argentino Lionel Messi, pero que está al borde del colapso absoluto, de estremecerse hasta los cimientos, debido a la continua incapacidad gestora de la directiva.

Primero, dejaron comenzar la temporada al técnico Ernesto Valverde, para después removerlo al poco tiempo. Medio mundo sabía que eso iba a suceder ?el estratega había cumplido su ciclo en el club, los cataclismos de Roma y Liverpool lo habían decapitado- y los jefes hicieron caso omiso a especialistas y fanáticos.

Entre el sismo de Valverde y la posterior llegada de Quique Setién al banquillo, cayó lesionado el delantero uruguayo Luis Suárez y los mandamases del Barcelona, uno de los cinco clubes de balompié más ricos del planeta Tierra, determinaron que no era necesario buscar un 9 en el mercado de invierno.

Por el contrario, vendieron a dos delanteros de la cantera, léase Carles Pérez y Abel Ruiz -menos conocido este último porque jugaba en el filial-, en espera de que el extremo francés Ousmane Dembelé, un diamante en bruto, se recuperara de su lesión.

Sin embargo, en lugar de mejorar, Dembelé sufrió otra lesión y quedó apartado del equipo hasta la próxima temporada, hecho que dejó al Barcelona con solo tres atacantes para las inminentes batallas que se avecinan, y uno de ellos, Ansu Fati, apenas tiene 17 años en sus costillas.

Ya muchos expertos dijeron en sus respectivos espacios que el Barcelona se quedará sin títulos esta campaña. En realidad, no se necesita ser especialista para pregonar dichos vaticinios. Hasta Ricardo, mi buen vecino del barrio, lo dice cada día, y con razón.

Los azulgranas apenas cuentan con Messi ?que no es poco- y el francés Antoine Griezmann como únicos delanteros contrastados, curtidos en batallas de gran envergadura, dos armas letales, pero insuficientes para afrontar todas las contiendas que vienen de aquí a junio.

Esa plantilla tan corta pagará el precio del cansancio acumulado y cederá uno por uno cada título, y además irá desangrando el orgullo culé hasta que el Camp Nou, de pie, saque pañuelos blancos y exija la dimisión del presidente José María Bartomeu, el hombre con más suerte del mundo por aquel triplete de 2015, cuando en realidad debió haber salido del cargo ese mismo año.

Bartomeu, el gran responsable del amenazador terremoto, y Eric Abidal, su director deportivo, deberán encenderle unas velas a La Moreneta, la virgen de Montserrat, patrona de Cataluña, y rezar tres padrenuestros y 10 avemarías para soñar con un 'Messiánico' milagro de resurrección.