Relatos de un Tulipán: Ecos del Ramadán y 7 cosas indispensables en Irán
Terminó el Ramadán. Una experiencia que la comunidad musulmana de todo el mundo espera con ansias cada año. ¿Cómo entiende el mundo occidental este mes que es mucho más que ayuno? ¿Cómo sería para una cristiana occidental atravesarlo en una sociedad islámica? De eso va este primer relato desde el corazón de un tulipán.
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Ecos del Ramadán y 7 cosas indispensables en Irán
“Te saludo por la llegada del mes bendito de Ramadán”, leo tras revisar mi celular al despertar el primero de marzo de 2025. Día 11 de Esfand de 1403 y día 1 del mes sagrado de Ramadán. Lo escribe Alí desde algún lugar fuera de Irán.
Me desea que sea un mes especial para mí aun siendo cristiana, me aconseja que preste especial atención a los días 19, 21 y 23 del mes sagrado, que aproveche mi estancia en Irán para constatar cómo se vive islámicamente: que puedo comer carne halal (procesada de acuerdo con las leyes islámicas que estipulan la crianza natural y dieta vegetal del animal y que sea sacrificado mediante un método que incluye la recitación del nombre de Dios); me recuerda que puedo conocer las mezquitas, experimentar las ventajas de no consumir alcohol y me sugiere que le pregunte a alguna chica musulmana sobre el “Gusl”.
Lo hago, y la única chica que habla español a mi alrededor comienza emocionada a explicarme haciendo énfasis en que todo lo que me explicará a continuación lo debo hacer con “Niyyah”, con intención. Ya sabía yo que ritual sin intención, es mera superstición.
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Ecos del Ramadán y 7 cosas indispensables en Irán -
Ecos del Ramadán y 7 cosas indispensables en Irán -
Ecos del Ramadán y 7 cosas indispensables en Irán
Así empieza mi primer Ramadán en una República Islámica de mayoría chiíta y en mis 34 años de vida. El Gusl es el baño de purificación mayor realizado para entregar tu mejor versión a Dios antes de comenzar el mes de ayuno, dádiva y adoración. Tiene su técnica: en la ducha, comienzas mojando toda la cabeza, la cara, las orejas, el cuello, todo. Luego de esto sales del agua y comienzas a meter tu mano derecha, y pasas la otra mano por toda la parte derecha de tu cuerpo, luego vas con la parte izquierda prestando atención a que la piel quede completamente mojada (purificada) y, además, las partes íntimas se lavan con la mano izquierda.
Ahí me detengo y cuestiono. Ella me explica que es una enseñanza religiosa y de etiqueta que era hábito en el Profeta. Por tanto, un musulmán come, bebe, da y recibe, con la mano derecha. A la mano izquierda se le deja el asunto de la limpieza. No das la mano con la que te limpias cuando defecas. A menos que haya un verdadero problema con la mano izquierda. (Asumo que las personas zurdas, serán adiestradas desde pequeños a ser ambidiestras).
La chica de 21 años que me explica y que aspira a convertirse en profesora de teología islámica, ve que me dirijo al baño a hacer el Gusl para dar por iniciado mi mes de ayuno, corre tras de mí y me dice: “Recuerda. Muy importante. Todo debe mojarse y no lo olvides, las partes íntimas y con tendencia a estar impuras se asean con la mano izquierda y con la mano derecha se tocan y ofrecen las cosas honorables. Velo de esta manera: la mano derecha es Irán y la parte íntima es Israel ¿Ok?”.
Apenas un día de ayuno e Iftar
En abril de 2024 durante un recorrido por la mezquita de Al Tabya en El Cairo, Egipto, nos indican por el lado que entran los hombres y por el que entran las mujeres; nos señalan que hay que entrar sin zapatos, y Karim, quien guía, hace un comentario breve sobre que estamos al final del Ramadán. Mientras habla sobre el ayuno y lo que implica en el mes sagrado, una turista española pregunta “¿y a todos los obligan a ayunar?”.
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Ecos del Ramadán y 7 cosas indispensables en Irán -
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Ecos del Ramadán y 7 cosas indispensables en Irán -
Ecos del Ramadán y 7 cosas indispensables en Irán
Karim explica que nadie los obliga, que es un asunto personal de cada musulmán, que solo es Haram (pecado) en niños muy pequeños, personas enfermas de gravedad, viajeros, mujeres embarazadas y mujeres menstruantes, porque en esas condiciones no tienen suficiente energía vital, pero que siempre pueden reponer los días de ayuno durante el año.
Ahora, de regreso de mis recuerdos de ese 2024 a la realidad del Ramadán de 2025, por una de esas razones, sólo ayuné un día, y eso, aunque truncó mi anhelo de experimentarlo, me brindó otra forma de vivir un aspecto crucial de ese mes inmersa en una sociedad islámica: la tolerancia y la generosidad. Ni siquiera entre los más religiosos esperaban que ayunara, soy cristiana, era una decisión personal.
La chica que me instruyó sobre el baño de purificación, me escribe por WhatsApp: “Dios sabe que el período nos roba las energías, entonces no te sientas triste, es la misericordia de Dios y su amor a las mujeres, su bellísima creación. No te sientas mal”.
Le leo adolorida, deshidratada, con la piel reseca, con dolor de cabeza y con mucha hambre tras sólo un día de ayuno llevado de la forma correcta, es decir, sin ingerir alimento, ni bebida, alterando el sueño comiendo a las tres de la mañana, rompiendo el ayuno a las seis y treinta de la tarde, y pienso que esto lo hacen de forma ininterrumpida durante un mes y les parece poco. Es admirable ser musulmán.
Una noche vale más que mil meses
Si bien hay dos Teherán. Contrario a las costumbres en occidente, no son las personas mayores quienes se toman más en serio cada uno de los ritos sugeridos por su religión o su cultura en este tiempo tan relevante para la sociedad iraní. Me rodeo de jóvenes de entre 18 y 35 años ansiosos por cumplir con lo que Allah espera de ellos en Ramadán.
Finalmente llegaron las noches de las que me había advertido Alí, las del 19, el 21 y el 23 de Ramadán, que conforman la llamada ‘noche del decreto’ o ‘Lailatul Al Qdar’.
Una que dicen de forma tan religiosa como poética, que vale mal que mil meses de adoración a Allah.
Los musulmanes creen que la noche 23 del Ramadán comenzó la revelación del Corán al Profeta. Dicen las narraciones que estas noches descienden los ángeles y “el Espíritu” (el ángel Gabriel), y visitan al “Imam de la Época”, en este caso sería el Imam Mahdi y todos ellos, juntos, presentan el decreto del destino para cada ser humano.
Esta noche los musulmanes practicantes vuelven a hacer el baño completo de purificación durante el ocaso; realizan dos ciclos de oración, recitan unos capítulos del Corán, muchos lo ponen sobre su cabeza como señal de apertura al conocimiento y al terminar dicen setenta veces:
اَسْتَغْفِرُ اللهَ واَتُوبُ اِلَيْهِ
Astagfir-ul·lâha rabbî ua atûbu ilaih
“Pido perdón a Dios y a Él me vuelvo arrepentido”
Lo hacen porque el Profeta aseguró que la persona que realice esta oración no se retirará de su lugar sin ser perdonado.
¡Hacen tantas cosas estos días, además de atender los cinco llamados a oración!
La noche del 23, se convocan para reunirse en las mezquitas y en las salas de oración de las residencias estudiantiles a partir de las 12 de la madrugada. Mientras ellos oran. Yo me dispongo a escribir y estudiar el Corán, algo que se recomienda para aprovechar que están abiertas las puertas al conocimiento.
En estos días se abre una especie de portal y se manifiesta una conexión magistral entre numerología, el curso de los astros y premisas base del misticismo islámico, entre esas el concepto de destino.
En el Islam, el destino se entiende de dos formas: uno inamovible. Y otro que se puede cambiar mediante la oración y las buenas acciones. Así, aunque solo Dios conoce el destino de cada persona; la voluntad humana juega un papel importante en la transformación de sus circunstancias. Eso que se conoce como “libre albedrío”. Y en esto se centran esa serie de noches que conforman una gran noche donde se potencia lo que cada ser humano decreta para sí mismo: el 19, los destinos iniciales son escritos; el 20 los decretos comienzan a darles forma y esta noche 23 es la noche definitiva del destino.
Es tan cierto que la ‘Noche del decreto’ y otros fenómenos propios del mes de Ramadán no impactan solo a los musulmanes, y que es una invitación a la humanidad que desea corregir errores y renacer con un corazón puro, que al cierre de este Ramadán, aún digiero la comida de tantos festines Iftar a los que fui invitada de forma amable y generosa siendo cristiana y puedo digerirlos gracias a tantos té con azafrán que me fueron ofrecidos aun cuando quienes lo ofrecían ayunaran, en una mezcla de disciplina y solidaridad; y es así como pude ver más allá de las caras, las similitudes de almas que logran coexistir aún en medio de la diversidad.
El mes de las dos mesas: Haf Sin e Iftar
Este mes de Ramadán incluyó el cambio de año en Irán (Nowruz) que además une a las familias persas profesen o no profesen el islam. Cerraron las oficinas, iniciaron las vacaciones, y todos convergían en medio de los ayunos decididos de unos y la voluntad de armar por las noches sus festines de Iftar y sus mesas de ‘Haf Sin’. Un equivalente al pesebre navideño venezolano en Irán.
El Haf Sin adorna la entrada de cualquier casa y local comercial en la previa al Nowruz. Se trata de una mesa servida con siete objetos vinculados a la abundancia, cuyos nombres comienzan con la letra S en el alfabeto persa: Sabzeh, unos brotes verdes que representan el renacer; Samanu, una mermelada de trigo germinado que simboliza la abundancia; Sir, el ajo como arquetipo de la protección contra las enfermedades; Sekkeh, monedas que representan la riqueza y prosperidad; Senjed, una fruta seca irrompible que simboliza el amor que no se marchita, ni se pudre ni se acaba y que usado como medicina fortalece la memoria; Somāq, una baya roja que simboliza el triunfo del bien sobre el mal; Serkeh, el vinagre como símbolo de paciencia en la vejez.
Y todos van acompañados de una Sib (manzana), velas y otros artilugios que no empiezan por S, pero tienen un significado muy especial: una edición del Corán y una edición de colección del gran maestro de la poesía persa Hafez. Para que la fe, el misticismo y la literatura nunca falte en un hogar de Irán.
También un espejo que representa lo que aún no se ha visto: la iluminación. Y un pez dorado muy representativo en el antiguo calendario iraní.
Así se fue un mes dividido entre dos calendarios (el persa y el islámico), en el que confluyeron de forma extraordinaria dos eventos importantes para las familias iraníes y donde ninguna acción se ejecuta por inercia sino con método e intencionalidad. Desde cada dádiva hasta cada ciclo de oración, desde cada minuto de abstención de alimento y comida hasta el ejercicio de salir a comprar alimentos para el festín de ruptura del ayuno y para armar una mesa con esas cosas que no pueden faltar en este país y que les recuerda desde pequeños cómo se cuida el cuerpo físico, mental y espiritual en consonancia con la naturaleza y con una realidad en Irán: que los meses más importantes están regidos por lo que indique la luna y que el año empieza en marzo con un brote primaveral.