Randy Alonso Falcón

Periodista cubano, Director del portal web Cubadebate y del programa de la Televisión Cubana “Mesa Redonda”. En Twitter: @RandyAlonsoFalc

De África sólo trajimos nuestros muertos

Fue una jornada de terrible dolor para Cuba. La Revolución no deja a sus hijos abandonados a la suerte; ni siquiera a sus muertos a miles de kilómetros de distancia. La Patria se inclinaba ante sus héroes: 2 085 habían cumplido misiones militares y 204 en tareas civiles.

  • Operación Tributo. Foto: Trabajadores.

De mi memoria no se borran las imágenes de aquel 7 de diciembre de 1989. Cuba entera asistía conmovida al entierro, en sus localidades de origen, de los 2 289 compatriotas muertos durante las contiendas internacionalistas en África.

Fue una jornada de terrible dolor en el país, pero también de infinito orgullo patrio por el heroísmo y la entrega de aquellos hombres y mujeres, que fueron capaces de dar hasta su vida por la independencia y la liberación de distantes pueblos hermanos.

A África llegaron los soldados cubanos no como legiones de conquistadores o mercenarios.

Los movía un sentimiento de grandeza humana que se llama Solidaridad. 

“No hubo causa justa del África que no contara con el apoyo de nuestro pueblo. Che Guevara, acompañado de un grupo numeroso de revolucionarios cubanos, combatió contra mercenarios blancos al este del actual Zaire, y hoy, en la República Saharauí, médicos y maestros prestan sus generosos y desinteresados servicios a ese pueblo en combate por su libertad”, afirmaría en su vibrante discurso ese día el jefe de la Revolución Cubana, Fidel Castro.

“También tuvimos el honor de combatir junto a los valerosos hijos de Namibia, a los patriotas de Guinea Bissau y a los insuperables soldados etíopes. Años antes, en los días difíciles de Argelia, recién conquistada la independencia, nuestros combatientes internacionalistas estuvieron a su lado, como estuvieron también más tarde junto a Siria, otro hermano país árabe víctima de la agresión exterior, que solicitó nuestra cooperación.”, recordaría antes.

Fue bajo ese espíritu superior de internacionalismo que Cuba no vaciló para responder a la solicitud de ayuda del líder histórico del Movimiento para la Liberación de Angola (MPLA) Agostinho Neto, ante la agresión perpetrada por el Régimen del apartheid sudafricano y sus aliados internos y externos, para impedir la independencia de la nación africana tras el fin de la dominación colonial portuguesa, derrotar al MPLA y ocupar el país.

Desde agosto de 1975 hasta mayo de 1991, cuando regresó el último grupo de combatientes, pelearon en Angola 337 033 militares cubanos (regulares o de la reserva), quienes fueron hasta el país africano bajo el absoluto principio de la voluntariedad.

Por aquellas tierras estuvieron, en medio del conflicto, unos 50 mil colaboradores civiles en los campos de la educación, la salud, la construcción y otros.

En enero de 1978, Cuba inició además una misión internacionalista militar en Etiopía, para ayudar a aquel país a enfrentar la agresión de las fuerzas armadas de Somalia, iniciada en julio de 1977. La misión se prolongó hasta septiembre de 1989 y en ella participaron 41 730 militares cubanos.

Los restos de cada uno de los caídos durante aquellos catorce años de contienda fueron preservados celosamente en suelo africano, hasta que pudieran ser retornados a la patria. La Revolución no deja a sus hijos abandonados a la suerte; ni siquiera a sus muertos a miles de kilómetros de distancia.

Cuando la guerra cedió paso a la negociación y la política, ante la incapacidad de Estados Unidos, Sudáfrica y Somalia de concretar sus agresivos propósitos contra Angola y Etiopía, Cuba decidió retornar sus tropas y a sus muertos.

  • Fue una jornada de terrible dolor en el país. Foto: Trabajadores.

“Nada nos llevamos de África, saqueada una y otra vez por las potencias coloniales. Estuvimos allí a solicitud de su pueblo, cumpliendo lo que consideramos un deber sagrado. Los miles de combatientes que pelearon en África no actuaban en busca de gloria personal ni de riqueza alguna, no les movía otro deseo que el ser útiles, cumplir con la Revolución, estar a la altura del tiempo que les tocó vivir.”, destacaría Fidel en la ceremonia principal de despedida de duelo por los caídos.

Era una idea cardinal del liderazgo histórico de la Revolución cubana. Ya antes, en 1977, el General de Ejército Raúl Castro, Ministro entonces de las Fuerzas Armadas Revolucionarias,  diría sobre la presencia internacionalista en Angola: “¡Nos llevaremos solamente la amistad indestructible de este gran pueblo, y los restos de nuestros muertos!»

Pocos faltaron al homenaje póstumo de aquel 7 de diciembre de 1989. La lluvia y el dolor pusieron a prueba ese día la firmeza del pueblo. Ante los féretros cubiertos con la bandera cubana desfilaron niños y jóvenes, mujeres y ancianos, estudiantes y trabajadores, amas de casa y campesinos, soldados y milicianos. La Patria se inclinaba ante sus héroes: 2 085 habían cumplido misiones militares y 204 en tareas civiles.

Desde el Cacahual, el sitio insigne donde reposan los restos del General Antonio Maceo, uno de los más grandes héroes de las luchas por la independencia de Cuba, Fidel pronunciaría ese día un memorable discurso definitorio del carácter socialista y del espíritu internacionalista de la Revolución cubana, en medio de la debacle que ya se vivía en el antiguo campo socialista europeo.

Al evocar el simbolismo de aquel homenaje de pueblo a sus compatriotas caídos diría: “Fue siempre de profunda significación para todos los cubanos la fecha memorable en que cayó, junto a su joven ayudante, el más ilustre de nuestros soldados, Antonio Maceo. Sus restos yacen aquí, en este sagrado rincón de la patria.

“Al escoger esta fecha para dar sepultura a los restos de nuestros heroicos combatientes internacionalistas caídos en diversas partes del mundo, fundamentalmente en África, de donde vinieron los antepasados de Maceo y una parte sustancial de nuestra sangre, el 7 de diciembre se convertirá en día de recordación para todos los cubanos que dieron su vida no solo en defensa de su patria, sino también de la humanidad.

“De este modo, el patriotismo y el internacionalismo, dos de los más hermosos valores que ha sido capaz de crear el hombre, se unirán para siempre en la historia de Cuba.”

  • Fidel Castro rinde la última guardia de honor junto al entonces presidente de Angola, José Eduardo Dos Santos, ante los restos a internacionalistas cubanos en 1989. Foto: Granma / Fidel Soldado de las Ideas.

Tres décadas después, Cuba sigue rindiendo homenaje a aquellos que con su sangre abonaron la soberanía nacional de Angola y Etiopía, el nacimiento de Namibia como nación independiente y el fin del apartheid en Sudáfrica, como reconoció Nelson Mandela.

Su ejemplo se multiplica hoy en los miles de médicos cubanos que en tierras de África dan una batalla ejemplar por la vida de esos pueblos, en los maestros y profesores que reparten conocimientos, en muchos otros profesionales que ponen su talento al servicio de países hermanos.

El espíritu internacionalista sigue fluyendo en las venas del pueblo de Cuba. 

Las ideas y opiniones expresadas en esta artículo son las de los autores y no reflejan necesariamente el punto de vista de Al Mayadeen