Coronavirus, el peor fracaso de la Inteligencia en historia de EE.UU.

La forma en que desperdiciaron los dones de previsión y tiempo nunca debe ser olvidada, ni la razón por la que fueron desaprovechados: Trump estaba inicialmente equivocado, así que su círculo interno promovió esa equivocación retóricamente y con políticas inadecuadas durante demasiado tiempo, e incluso hoy en día. Los estadounidenses pagarán ahora el precio durante décadas, concluyó el artículo.

  • Coronavirus, el peor fracaso de la Inteligencia en historia de EE.UU.

El desapego y la indiferencia de la Casa Blanca durante las primeras etapas del brote del nuevo coronavirus en Estados Unidos formarán parte de las decisiones más costosas de cualquier presidencia moderna, afirma un artículo de opinión de Foreign Policy al hacer un análisis sobre el fracaso de la comunidad de Inteligencia ante la Covid-19 y el caso omiso del presidente Donald Trump.

Señala el material que la administración Trump fracasó tanto en tomar en serio las repetidas y específicas advertencias de la comunidad de inteligencia sobre un brote de coronavirus como en seguir activamente las iniciativas de respuesta a nivel nacional acordes con la amenaza prevista.

El gobierno federal por sí solo cuenta con los recursos y las autoridades para dirigir a los interesados públicos y privados pertinentes a fin de hacer frente a los daños previsibles que plantea el virus.

Lamentablemente, los funcionarios de Trump hicieron una serie de juicios (minimizando los peligros de la Covid-19) y decisiones (negándose a actuar con la urgencia requerida) que han hecho innecesariamente que los estadounidenses sean mucho menos seguros, enfatizó la publicación.

En resumen, la administración Trump forzó una “catastrófica sorpresa estratégica” para el pueblo estadunidense, solo que,  a diferencia de los estupores estratégicos del pasado -Pearl Harbor, la revolución iraní de 1979, o especialmente el 11 de septiembre- el actual fue provocado por “una indiferencia sin precedentes, incluso por una negligencia deliberada”.

Mientras que, por ejemplo, el informe de la Comisión sobre el 11 de septiembre asignaba la culpa de los ataques de Al Qaeda a las administraciones de los presidentes Ronald Reagan y George W. Bush, la crisis del coronavirus que se está desarrollando es abrumadoramente responsabilidad exclusiva de la actual Casa Blanca, sustenta el trabajo periodístico.

A estas alturas, hay tres observaciones dolorosamente obvias sobre el estilo de liderazgo de Trump que explican el empeoramiento de la pandemia de coronavirus que los estadounidenses enfrentan ahora.

Primero, está el hecho de que una vez que él cree de manera absoluta cualquier cosa, no importa cuán mal pensada, mal informada o inexacta, permanece completamente anclado a esa impresión o juicio inicial.

Los líderes son en ocasiones arrogantes y demasiado confiados; para muchos, el hecho de que se hayan elevado a niveles elevados de poder es evidencia de su sabiduría inherente. Pero los líderes verdaderamente sabios solicitan la retroalimentación y la crítica, son pensadores abiertos y son capaces de cambiar de opinión. Según todos los indicios, Trump carece de estas competencias habilitantes.

En segundo lugar, los juicios de Trump son altamente transmisibles, infectando el pensamiento y el comportamiento de casi todos los funcionarios o asesores que entran en contacto con el portador inicial. No es de extrañar que el presidente se rodee de gente que se vea, piense y actúe como él.

Sin embargo, sus comentarios inexactos o de dudosa reputación también tienen la notable capacidad de ser reciclados por los antiguos y honorables líderes militares, de inteligencia y de negocios. Y si alguien no repite constantemente las proclamaciones del presidente con la intensidad adecuada, es despedido, o se filtra que su despido podría ser inminente en cualquier momento, el más reciente ejemplo es la impaciencia del presidente con el indispensable Anthony Fauci, director del Instituto Nacional de Alergia y Enfermedades Infecciosas.

Y, tercero, los pobres juicios pronto contaminan todos los brazos de la política del gobierno federal sin casi ninguna resistencia o incluso un cuestionamiento razonable. Usualmente, las agencias federales son dirigidas por aquellos funcionarios que la Casa Blanca cree que son los más capaces de implementar la política. Estos funcionarios generalmente han disfrutado de cierto grado de autonomía; no bajo Trump.

Incluso los puestos de liderazgo de seguridad nacional o inteligencia históricamente no partidistas han sido ocupados por personas que están desde el punto de vista ideológico alineados con la Casa Blanca, en lugar de estar dotadas de la experiencia o los conocimientos necesarios para hacer retroceder o dar cuenta de las preocupaciones planteadas por los empleados de carrera no políticos.

Así, una suposición o declaración inicial incorrecta de Trump cae en cascada en la aplicación diaria de la política.

"El desapego y la indiferencia de la Casa Blanca durante las primeras etapas del brote de coronavirus estarán entre las decisiones más costosas de cualquier presidencia moderna", sentenció el articulista.

Sin dudas, sugiere Foreign Policy, a estos funcionarios se les presentó una clara progresión de advertencias y puntos de decisión cruciales con suficiente antelación para que el país pudiera estar mucho mejor preparado.

Pero la forma en que desperdiciaron los dones de previsión y tiempo nunca debe ser olvidada, ni la razón por la que fueron desaprovechados: Trump estaba inicialmente equivocado, así que su círculo interno promovió esa equivocación retóricamente y con políticas inadecuadas durante demasiado tiempo, e incluso hoy en día. Los estadounidenses pagarán ahora el precio durante décadas, concluyó el artículo.