La guerra fría entre China y EE.UU. puede llegar a ser caliente

La actual escalada entre China y Estados Unidos empieza a ser la más aguda desde que normalizaron sus relaciones hace más cuatro décadas y la solicitud del gobierno estadounidense para que Beijing cierre un consulado en Houston es una de las últimas pruebas.

  • La guerra fría entre China y EE.UU. puede llegar a ser caliente.
    La guerra fría entre China y EE.UU. puede llegar a ser caliente.

La actual escalada entre China y Estados Unidos empieza a ser la más aguda desde que normalizaron sus relaciones hace más cuatro décadas y la solicitud del gobierno estadounidense para que Beijing cierre un consulado en Houston es una de las últimas pruebas.

En defensa, comercio, tecnología, derechos humanos y otras categorías, las acciones y represalias de un lado u otro se intensificaron bajo el gobierno de Donald Trump, pese a sus repetidas expresiones de admiración por el presidente chino, Xi Jinping.

El gobierno norteamericano incluso está sopesando, según The Washington Post, aprobar una prohibición general de viajes a Estados Unidos para los 92 millones de miembros del gobernante Partido Comunista de China y la posible expulsión de cualquiera de sus miembros en el país.

"Creo que estamos en una espiral descendente peligrosa y precipitada, sin las habilidades diplomáticas adecuadas para detenerla", expresó Orville Schell, director del Centro de Relaciones entre Estados Unidos y China en la Sociedad de Asia. 

Craig Allen, presidente del Consejo Comercial de Estados Unidos y China, dijo que estaba alarmado por la creciente invectiva de dos superpotencias que juntas representan 40 por ciento de la producción económica mundial. 

"Si nos gritamos unos a otros y cerramos puertas, el mundo es un lugar muy inestable y las empresas pueden colapsar", adelantó.

The Washington Post publicó un vistazo de lo que ha sucedido en los últimos años para la exacerbación de tensiones.

Trump y sus subordinados culparon a China de propagar el coronavirus que detectaron por primera vez en la ciudad central china de Wuhan a fines del año pasado. Han descrito repetidamente el virus en términos racistas y estigmatizantes, con denominaciones como el virus Wuhan, el virus de China y la gripe Kung.

El gobierno norteamericano ordenó la ruptura con la Organización Mundial de la Salud, a la cual acusó de ser deficiente en la respuesta inicial de China al brote. 

El Departamento de Justicia acusó a piratas informático chinos de intentos de robo de información sobre la investigación estadounidense para una vacuna contra el virus.

Por su parte, China rechazó esos ataques y criticó la pobre respuesta del gobierno estadounidense al brote. 

Los chinos también promovieron la teoría, sin pruebas, de que soldados estadounidenses pudieron ser la fuente original del contagio durante una visita a Wuhan en octubre pasado.

Trump ganó el cargo en 2016 en parte por sus acusaciones de que China estaba explotando la relación comercial del país con Estados Unidos al vender mucho más de lo que compra. 

Ya en el cargo, decretó una serie de aranceles punitivos sobre los productos chinos, al tiempo que Beijing tomó represalias en una guerra comercial que lleva más de dos años. 

Si bien se declaró una tregua en enero con la firma de lo que la Casa Blanca llamó acuerdo comercial de Fase 1, la mayoría de los aranceles no se relajaron.

El gobierno de Trump desafía cada vez más las afirmaciones de soberanía y control de China sobre gran parte del Mar del Sur de China, incluidas las rutas marítimas vitales. 

La semana pasada, el secretario de Estado Mike Pompeo, quien describió a China como una gran amenaza para la seguridad y decretó que la mayoría de los reclamos de Beijing en el Mar del Sur de China son completamente ilegales y vaticinó posibles enfrentamientos entre las fuerzas navales chinas y estadounidenses en el Pacífico.

China ha sido acusada de robar tecnología estadounidense. La Casa Blanca intensificó aún más esas acusaciones al colocar en una lista negra internacional a Huawei, la compañía de tecnología más grande de China, al calificarla de ser parte de los esfuerzos del gigante asiático para infiltrarse en la infraestructura de telecomunicaciones de otras naciones y obtener una ventaja estratégica.

Desde diciembre de 2018, la directora de tecnología de la compañía, Meng Wanzhou, está encarcelada en Canadá frente a una orden de extradición emitida por Estados Unidos bajo cargos de fraude. 

Reino Unido se puso al lado de Estados Unidos para impedir que los productos Huawei se conecten en su red inalámbrica de alta velocidad.

Al acusar a medios de comunicación estatales de China de fomentar propaganda, la Casa Blanca limitó el personal de organizaciones noticiosas chinas en Estados Unidos. 

China tomó represalias con la expulsión de periodistas del New York Times, The Washington Post y The Wall Street Journal, y tomó otras medidas que sugerían que se avecinaban nuevos impedimentos para el acceso de la prensa estadounidense.

El New York Times, preocupado por la posibilidad de nuevas limitaciones para los periodistas que trabajan en China, comenzó a trasladar hacia Seúl, Corea del Sur, sus enviados en Hong Kong.

La administración Trump canceló visas para miles de estudiantes de posgrado e investigadores chinos que mantienen vínculos con universidades afiliadas al Ejército Popular de Liberación.

Tales expulsiones presagian posibles restricciones educativas adicionales, y el gobierno chino podría tomar represalias imponiendo sus propias prohibiciones de visa a los estadounidenses.

Trump, con apoyo bipartidista, dio paso en noviembre pasado a una legislación que podría penalizar funcionarios chinos y de Hong Kong por reprimir a disidentes en Hong Kong, la antigua colonia británica y el centro financiero asiático con cierta autonomía de China.

En mayo, Trump anunció medidas para poner fin al estatus de comercio preferencial con Hong Kong después que China aprobó una ley de seguridad que podría usarse para sofocar cualquier forma de expresión considerada sediciosa por Beijing. 

El gobierno norteamericano dispuso sanciones contra varios funcionarios chinos, incluido un alto cargo del Partido Comunista, por presuntos abusos de derechos humanos en la región de Xinjiang contra la minoría uigur musulmana.

Beijing prometió represalias contra instituciones e individuos estadounidenses que consideró culpables de conducta atroz en asuntos relacionados con Xinjiang, una vasta extensión occidental en China.

Para el gobierno chino, las acciones estadounidenses tomadas en nombre de defender a las personas que viven en cualquier lugar de China constituyen una interferencia flagrante en su política interna, una queja con raíces profundas que se remontan a sus luchas con las potencias imperialistas desde el siglo XIX.

Otro hecho hostil de Estados Unidos, consistió en la aprobación de una venta de armas a Taiwán por valor de 180 millones de dólares como parte de un acuerdo mayor que enojó a las autoridades chinas que consideran a esa isla parte de su territorio.

También una fuente que alimenta la ira china es la deferencia estadounidense hacia el Dalai Lama, el líder espiritual en el exilio del Tíbet, el antiguo reino del Himalaya en el extremo oeste del gigante asiático.

En 2018, Trump firmó un proyecto de ley para penalizar a los funcionarios chinos que restringen a los funcionarios estadounidenses, periodistas y otros ciudadanos a ir libremente a las zonas tibetanas.