Opinión - Artículos

América Latina en movimiento resiste los golpes imperiales que se manifiestan de manera diferente y que, por primera vez, generan respuesta de los pueblos que parecieran decididos a no seguir aceptando la sumisión y la derrota.

Nadie podría acusar al gobierno de Evo de hundir a Bolivia en una crisis económica y social: todo lo contrario. Según datos de CEPAL, la economía del país ha crecido en promedio un 4.9%, casi duplicando su tamaño pasando de 16 mil millones de dólares en 2005 a 29 mil millones de dólares en 2018. El PIB per cápita ascendió un 50%, esto es de 1,725 dólares en 2005 a 2,586 en 2018.

Desde la campaña electoral, el empresario devenido presidente, Donald Trump, anunció que desmontaría el puente que se comenzaba a construir entre los gobiernos de EE.UU. y Cuba, y digo entre los gobiernos, porque ese puente ya tenía pilares construidos entre ambos pueblos.

Indefensas ante su enemigos de clase, con las instituciones armadas al servicio de la oligarquía y el imperialismo, un poder mediático nacional y global que los demoniza y unos movimientos sociales sin la capacidad movilizativa de cuando peleaban en la calle los derechos que Evo conquistó para ellos, no es muy esperanzadora la situación actual de las fuerzas que encabezara el primer Presidente indígena en Suramérica.

Existe en marcha el plan de hacer desaparecer los Estados-Nación árabes. Los pueblos, la ancestral diversidad cultural árabe, la historia e identidad y soberanía árabe está amenazada, el caso de Irak es abominable, y todo esto pasa a través del sacro manto de la democracia, libertad y derechos humanos. Estamos en el siglo XXI y la humanidad aún se encuentra atrapada en el anacronismo y la atrofia imperialista.

Aunque he traducido y distribuido este documento lo más ampliamente posible, considero que las preguntas que se hacen hoy en nuestra región distan de ser conceptos y estrategias claras, escritas y publicadas.

No hay referentes en la Historia Universal de un país y un pueblo cercados por la mayor potencia mundial durante casi 60 años.

La tragedia boliviana enseña con elocuencia varias lecciones que nuestros pueblos y las fuerzas sociales y políticas populares deben aprender y grabar en sus conciencias para siempre.

Agreguemos otro dato duro, en doble acepción. En pocos años se sucedieron golpes de estado en Paraguay, Brasil y ahora Bolivia. El más reciente llega desnudo de disfraz institucional. No hay juicio político exprés como contra el expresidente paraguayo Fernando Lugo ni impeachment fundado en delitos inexistentes como contra Dilma Rousseff. Hay violencia pura, ataques armados con protagonismo policial y militar, amenazas de muerte, linchamientos, viviendas quemadas, una alcaldesa vejada a niveles inhumanos.

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