Cuba, elecciones y retos

Enrique Román

Periodista, académico y comunicador cubano, analista de política internacional.
Las elecciones para elegir a los miembros de las Asambleas Provinciales del Poder Popular y a los diputados a la Asamblea Nacional de Cuba acaban de ser convocadas.
Esos comicios, probablemente los más importantes en las últimas décadas en la isla
Esos comicios, probablemente los más importantes en las últimas décadas en la isla
Esos comicios, probablemente los más importantes en las últimas décadas en la isla, siguen a otros anteriores, donde se eligieron a los miembros de las mismas Asambleas, pero al nivel municipal.


De las que acaban de ser convocadas resultará el nuevo parlamento cubano y su órgano superior, el Consejo de Estado.


Y este elegirá al nuevo presidente de la República de Cuba: al sucesor de Raúl Castro.


A partir de entonces, quien lo duda, se abrirá una etapa diferente en la historia de la Revolución de Cuba y en toda la historia republicana caribeña. 

Hombres y mujeres que no basan su legitimidad en los méritos alcanzados durante los momentos épicos de la Revolución – la lucha contra Batista, la resistencia frente a las agresiones de Estados Unidos – se harán cargo de la conducción del país, de salvaguardar los logros del proceso revolucionario, de seguir indagando en la vía cubana para desarrollar el proyecto socialista y de resistir la omnipresente hostilidad del vecino del norte.

Casi nada.


Un sistema desconocido

El arcaico sistema electoral de EE.UU. permite que Donald Trump haya sido electo presidente
El arcaico sistema electoral de EE.UU. permite que Donald Trump haya sido electo presidente
El sistema electoral cubano es desconocido en el mundo y fuertemente vilipendiado por la propaganda anti cubana.

La democracia, todo el mundo lo sabe, es un producto imperfecto, salvo para garantizar la hegemonía de una clase social sobre otras.  Suele reducirse al proceso eleccionario, su fase más visible, espectacular y muchas veces engañosa: luego de ser electos, los elegidos se desaparecen de sus bases y no se implementan formas para dar continuidad a la participación popular en la toma de las decisiones principales.

Sistemas obsoletos, que no funcionan ni en sus países de origen, se venden públicamente como ideales a perseguir.  Estados Unidos hace de la promoción democrática en el mundo la raíz visible de su política exterior.  Sin embargo, el arcaico sistema electoral de ese país permite que Donald Trump haya sido electo presidente, a pesar de perder frente a su contrincante por tres millones de votos.

Cuba, luego de más de una década inicial de trasformación revolucionaria acelerada, en que las leyes principales, que subvertían el viejo orden, se tomaban de forma central por el Consejo de Ministros, emprendió un serio proceso de institucionalización, que supuso la redacción de una nueva Constitución, adecuada a los nuevos ideales, y la reorganización de sus órganos deliberativos y de gobierno.  Como parte del nuevo orden, se creó un sistema electoral sui generis a mediados de la década del 70.

En un país donde existe un único partido – tradición que viene por cierto, no de Moscú, sino de la guerra de independencia contra España, conducida por el partido fundado por José Martí – está prohibida la propaganda electoral.

Los vecinos de las comunidades eligen de entre ellos mismos a sus representantes, los cuales a su vez integran la Asamblea Municipal. 


Luego, en elecciones como las que se convocan ahora, también se eligen los miembros de las Asambleas provinciales y los diputados a la Asamblea Nacional del Poder Popular.  Constituida esta, sus miembros eligen al Consejo de Estado, integrado por una veintena de miembros, y estos a su presidente, presidente del Estado, quien es también presidente del Gobierno.


Todos los electos, desde las comunidades hasta la nación, están obligados a rendir cuenta de su ejecutoria varia veces en el año ante quienes los eligieron.


Sé que la inspiración inicial estuvo en la democracia asamblearia griega.  Pero a diferencia de esta, los electores son hombres, mujeres, blancos, negros, mestizos, civiles y militares: toda la gama de la sociedad cubana, sin otras limitaciones que los que tienen restringidos sus derechos por alguna sanción jurídica.


El sistema es aún perfectible.  Pero la voluntad de que cualquier modificación procure el acercamiento de la dirección del país a la población, es la constante que regiría cualquier modificación.


Sin embargo, cualquier comparación con los esquemas conocidos, cuyas virtudes y cuyos defectos son bien conocidos – la historia de Cuba es una panoplia de ejemplos de las insuficiencias, a veces atroces y escandalosas, de la democracia representativa - , debe tener en cuenta un hecho esencial: el poder hegemónico en Cuba está en manos del pueblo.


Y estas elecciones tienen a su vez el interés trascendental que legitimarán a dirigentes nacidos poco antes o después del triunfo revolucionario: que no cuentan con el aval histórico de la lucha guerrillera o del enfrentamiento armado a los enviados de la contrarrevolución.


Seguir construyendo el socialismo cubano

Las revoluciones que triunfaron fueron las originales
Las revoluciones que triunfaron fueron las originales
En los últimos años en Cuba se vienen desarrollando acciones para actualizar el camino propio hacia el socialismo.


La tarea es considerable. Para Marx el socialismo era una breve etapa, que caracterizó someramente, y que precedería a la sociedad ideal, la sociedad comunista, que él veía muy próxima, casi a las puertas de la historia europea.


Las cosas no salieron como él imaginaba. No fue en la desarrollada Alemania donde triunfó la revolución, sino en la empobrecida y atrasada Rusia. A Lenin le correspondió desbrozar el camino para establecer el modelo adecuado a su país. Después vinieron imitaciones e imposiciones del socialismo soviético, que no condujeron a nada.  Las revoluciones que triunfaron fueron las originales, las que encontraron un camino propio, como China, Vietnam y Cuba.


Lo fundamental que quedó de Marx, entre otras muchas cosas, fue la búsqueda de la plena justicia en las relaciones entre los hombres. El corazón ético del ideal comunista, donde el hombre cesara de ser enemigo  del hombre y se reencontrara con su esencia enajenada, el trabajo creador.


En esa dirección se han dado pasos atrás para luego dar pasos adelante.  Y el peso de la polémica nos acompaña hasta hoy. 


Un prólogo inédito de Ernesto Che Guevara a los llamados Cuadernos de Praga, en 1966, lanza un alerta y una premonición estremecedores sobre los riesgos de emprender los desconocidos caminos de la construcción socialista:


Luego de exaltar el indiscutible aporte de Lenin a la teoría del socialismo en la época del imperialismo, advierte sobre las consecuencias de los retrocesos que el propio fundador de la URSS se vio obligado a adoptar como política económica de la nueva nación.


“Nuestra tesis es que los cambios producidos a raíz de la Nueva Política Económica (NEP) han calado tan hondo en la vida de la URSS que han marcado con su signo toda nuestra etapa. Y sus resultados son desalentadores: La superestructura capitalista fue influenciando cada vez en forma más marcada las relaciones de producción y los conflictos provocados por la hibridación que significó la NEP se están resolviendo hoy a favor de la superestructura: Se está regresando al capitalismo.”*


Son los riesgos que deberá enfrentar la nueva dirección cubana, navegando entre la Escila de las herramientas de mercado, y la Caribdis de la solidez ética que es fundamento mismo del socialismo. Y con la perenne y cercana espada de Damocles del imperialismo estadounidense, ambicioso de revertir la historia revolucionaria.


Crear un modelo socialista que aunara la eficiencia económica del capitalismo, y sostuviera y desarrollara los valores del socialismo y del comunismo.

Casi nada. 

 

* Se incluye en el libro de Orlando Borrego, Che, El Camino del fuego, (editorial Hombre Nuevo, Argentina).

Los puntos de vista y opiniones expresadas en este artículo son las del autor y no reflejan necesariamente el punto de vista de Al Mayadeen.