Enrique Román

Periodista, académico y comunicador cubano, analista de política internacional.

Cuba: las elecciones del domingo

El domingo 11 el proceso eleccionario cubano alcanzó su cúspide, en una votación crucial para la historia de la Revolución cubana y del propio país.

Los nuevos dirigentes cubanos gozarán de la legitimidad y tendrán además la satisfacción que les proporcionará haber surgido de un proceso auténticamente democrático.

Ese día, con una elevadísima participación de los votantes, se eligieron a los delegados a las instancias provinciales del Poder Popular – las Asambleas Provinciales – y también a los más de 600 diputados a la Asamblea Nacional. Y de inmediato este parlamento, en los próximos días, elegirá al órgano representativo del Estado cubano, el Consejo de Estado, y este a su presidente. Al nuevo presidente de la República de Cuba.

Es el mismo proceso que periódicamente, en los plazos que marca la ley, se ha efectuado en la isla desde 1976. El proceso en que fue elegido varias veces Fidel Castro.

Pero las elecciones del domingo marcan el acceso a la máxima representación estatal de personalidades que no provienen, como los anteriores, de la generación que inició y condujo, siempre en aguas procelosas, la Revolución cubana.

Es un auténtico parte aguas generacional.

No obstante, lo señalado del acontecimiento ha hecho que la información internacional haya dejado en segundo lugar la explicación del acto electoral y del sistema particular que condujo a él. Merece algunas explicaciones, para que se comprenda la esencia del acto ocurrido el pasado domingo.


En Cuba, a lo largo de seis décadas, lo que se conoció como elecciones fueron procesos turbios, al más virtuoso de los cuales no le faltó el clientelismo, el engaño y la politiquería.

Un poco de historia

Las elecciones inauguradas por los estados liberales desde el siglo XIX, en el mundo entero, suelen ser la marca reconocida de la democracia.

Pero no agotan la democracia. El ejercicio del poder por el pueblo es, o debe ser, trascendente a este acto inicial. De ahí que además de ser el momento de elegir los representantes a quien el pueblo dota de poder para actuar en su nombre, en las últimas décadas se ha insistido en la necesidad de que una democracia, para serlo realmente, debe ser participativa.

Que el pueblo controle a sus electos y tome partido en la elaboración de las decisiones de mayor interés e importancia.

Como se conoce, esta no es la práctica habitual, y mucho menos en la Cuba prerrevolucionaria.


Al nacer la República de Cuba, en 1902, los procesos electorales perdieron rápidamente el rumbo que por definición trazaban los fundamentos constitucionales de los procesos electorales.

A lo largo de seis décadas, lo que se conoció como elecciones fueron procesos turbios, al más virtuoso de los cuales no le faltó el clientelismo, el engaño, la politiquería y hasta la violencia más descaradas, desde la paliza y el crimen hasta la compra de votos o el robo impune de urnas electorales.

Los siete años de dictadura de Fulgencio Batista, entre 1952 y 1958, conocieron dos procesos electorales, el primero con Batista como único contendiente, y el segundo como un acto más propicio del teatro burlesco que de la política real.

De ahí que al triunfo de la Revolución hubiera un consenso generalizado en que, consolidado el proceso liberador y llegado el momento electoral, debía regir un sistema que obviara la negra tradición acumulada durante las décadas anteriores.


La Revolución nació legitimada por el reconocimiento de todo el pueblo.

Un sistema revolucionario para una revolución

La Revolución nació legitimada por el reconocimiento de todo el pueblo a su victoria sobre la tiranía y por el aplauso prácticamente unánime que mereció el programa de reformas sociales, económicas y políticas, que se puso en marcha.

Estados Unidos, con su reacción arrogante y violenta, ayudó sin duda a la aceleración de un proceso de cambios que daba respuesta a necesidades y requerimientos acumulados durante décadas. Algunos de ellos previstos incluso en la Constitución imperante, como el caso de la nunca aplicada reforma agraria, y que la Revolución puso en práctica a escasos cinco meses de su triunfo.

Transcurrida más de una década, era obvio que el país se enrumbara por los caminos de la institucionalización, sin perder el aliento revolucionario. De conjunto, entre otras importantes medidas, se votó una Constitución en 1976 que establecía las bases del Estado socialista, popular, creado por la Revolución cubana.

En ella figuraban las bases de un nuevo tipo de proceso electoral, que garantizara el ejercicio democrático en la elección de los órganos y figuras gobernantes, y estableciera como requisito la consulta y la rendición de cuentas periódicas a los electores.

Estableció también la formula según la cual se elegiría a los gobernantes máximos del país y se constituiría el parlamento de nuevo tipo.
Haber conocido durante casi seis décadas los desmanes de la vieja democracia representativa tal como se practicó en Cuba, ayudó a adoptar algunas definiciones importantes.

- Al haber dejado atrás una práctica ineficaz y corrupta de multipartidismo, se estableció que el Partido Comunista de Cuba no propondría candidatos.

- Antes bien, serían los propios vecinos de los barrios en que se dividirían las circunscripciones electorales, varias por cada municipio, quienes propondrían candidatos a delegados de esa circunscripción. Luego, en una primera convocatoria electoral, todos seleccionarían de entre estos a su delegado. Y todos los delegados electos, representando a cada circunscripción integrarían la Asamblea Municipal.

- Así, con las propuestas de estas Asambleas ya constituidas y con otras provenientes de los diferentes sectores de la sociedad -de las organizaciones juveniles, de mujeres, de campesinos, de trabajadores – se conformaron las candidaturas a las Asambleas Provinciales y a la Asamblea Nacional. Son las candidaturas por las que se votó este domingo.

- La vieja alharaca publicitaria electoral, demagoga y manipuladora por esencia, fue sustituida por la exposición pública de los méritos de los candidatos en los distintos niveles para, con esa información, dotar a los electores de los elementos necesarios para optar por unos o por otros.

- Las Fuerzas Armadas y los órganos de orden interno, que desempeñaron un papel esencialmente represivo en el viejo sistema electoral, ahora tienen el derecho a ejercer el voto, en sus centros militares o en sus lugares de residencia.

- El cuidado de los colegios electorales donde se ejerce el voto queda entonces a cargo de escolares, estudiantes de escuelas primarias – niños, para hablar con claridad- de cada localidad.

- Y la apertura de las urnas, siempre expuestas a la vista pública en el colegio electoral, se realiza allí mismo, ante todos los miembros de esa instancia, y ante la vista de todos los ciudadanos que deseen estar presentes. También en ese escenario, y con el mismo público, se efectúa el conteo de los votos.

Hay más detalles. Pero todo lo que falte por explicar no hace sino reforzar el carácter transparente del proceso del sistema electoral cubano.


En los próximos días se establecerán las nuevas Asambleas Provinciales y la Asamblea Nacional. Se conformará el nuevo Consejo de Estado y se elegirá a su presidente. Al nuevo Presidente del Estado cubano.

La democracia perfectible

Esta explicación hará sentir orgulloso a un cubano, pero le parecerá innecesaria: para la inmensa mayoría de la población es bien conocida y practicada.

Sin embargo, fuera de las fronteras de la Isla siempre es noticia.

Desde su misma creación, el sistema electoral cubano ha sido falseado, desacreditado y, sobre todo, ocultado en la mayor parte del mundo mediático en que nos desenvolvemos.

Es perfectible - la democracia siempre lo es, en cualquier parte del mundo – y los nuevos tiempos requerirán que se vuelva sobre sus procedimientos para hacerlo aún más representativo.

Pero no será mediante el retorno a los viejos, gastados y escandalosos esquemas, que en Cuba tuvieron su momento y fracasaron estrepitosamente.

En los próximos días se establecerán las nuevas Asambleas Provinciales y la Asamblea Nacional. Se conformará el nuevo Consejo de Estado y se elegirá a su presidente. Al nuevo Presidente del Estado cubano.

Los nuevos dirigentes cubanos gozarán de la legitimidad y tendrán además la satisfacción que les proporcionará haber surgido de un proceso auténticamente democrático.