Rafael Cancel Miranda, uno de los grandes de Nuestra América

Pensaba escribir sobre las elecciones en Estados Unidos cuando me sorprendió la triste noticia del fallecimiento en Puerto Rico de Rafael Cancel Miranda, uno de los hombres más extraordinarios

  • Rafael Cancel Miranda, uno de los grandes de Nuestra América

Estaba preparando mi artículo semanal. Pensaba escribir sobre las elecciones en Estados Unidos cuando me sorprendió la triste noticia del fallecimiento en Puerto Rico de Rafael Cancel Miranda, uno de los hombres más extraordinarios que he tenido la suerte de conocer.

Llegué a su humilde casa en Cabo Rojo al occidente de Puerto Rico acompañado de mi amigo Antonio Gaztambide-Geigel cuando preparaba mi tesis de maestría en la que me propuse demostrar que el status colonial de la isla borinqueña era incongruente con el mundo de fines del siglo XX. Eso fue el 26 de julio de 1998. El día anterior se había cumplido el primer centenario (y espero que el último) del inicio de la ocupación de Puerto Rico por Estados Unidos.

En Guánica (lugar del desembarco yanqui) hubo dos eventos, el de los independentistas, masivo y contundente rechazando la invasión, y el de los anexionistas -mucho más disminuido- conmemorando de forma exultante la llegada de los estadounidenses. No entendía porque ese fervor independentista no se manifestaba en las elecciones. En su discurso, el entonces gobernador Pedro Roselló expuso que llamaría a un plebiscito para que los puertorriqueños opinaran sobre el status del país.

Sobre esto hablé con Rafael quien se negó a que lo tratara de usted exigiéndome que lo hiciera por su nombre. Así, se originó una larga y portentosa entrevista -que permanece inédita- de la que he extraído algunas pocas ideas, muy pocas en realidad, para rendir homenaje –con sus propias letras- a uno de los más grandes revolucionarios del siglo XX en Nuestra América irredenta. He aquí las palabras de Rafael Cancel Miranda:

Primero, visualizo lo de ayer como un triunfo moral por parte de las fuerzas independentistas, había que ver a los miles que estuvimos ahí en defensa de la independencia y en contra de la invasión de nuestro país. Para mí, esto demostró un triunfo moral sicológico del pueblo puertorriqueño, que pese a 100 años en los que ellos (Estados Unidos) han usado todos los medios para controlarnos, manipularnos, engañarnos, despersonalizarnos y desnaturalizarnos, todavía haya miles de puertorriqueños y puertorriqueñas que confiamos en nuestra capacidad a ser libres.

Reafirmamos nuestra identidad como nación y como persona puertorriqueña, caribeña, indo-afro-latina. Para mí, sí solo hubiesen habido 100 puertorriqueños, 10 puertorriqueños o puertorriqueñas, o un conjunto de ambos protestando ahí después de cien años igual habría sido un triunfo de un pueblo que no se ha dejado vencer, que ha podido resistir la tecnología porque hoy en día ellos tienen los instrumentos para programarnos a través de los medios de comunicación, incluso para decirnos a quienes debemos odiar, ellos tienen la capacidad de hacerlo.

Para mí, fue una victoria ver tantos miles, sobre todo jóvenes que son tan vulnerables a la propaganda de la asimilación y de la negación del ser. Fue aleccionador ver tantos jóvenes con expresiones verticales y hasta agresivas de su puertorriqueñismo, de que no vamos a morir, que estamos de pie. Para mí fue un triunfo estar allí, recordando cuando yo de niño – en esta fecha- iba con mi papá a Guánica y los que estábamos ahí cabíamos en un carro. Ayer, el pueblo puertorriqueño obtuvo una victoria de su espíritu.

Ese es el lado del puertorriqueño que no ha perdido su identidad y su ser, que no lo han podido deformar. A muchos sí los han deformado, podía ver a unos cuantos metros de nosotros a las fuerzas anexionistas. Cualquier pueblo del mundo que haya pasado por el estado de coloniaje que vivimos los puertorriqueños, es natural que existan esas fuerzas: las fuerzas patrióticas que reafirmen su ser, la fuerza que se asimila y se rinde ante el invasor y su poder y las fuerzas ambivalentes que no están “ni con Dios ni con el Diablo”, que quieren estar con los dos. Esto sucede en cualquier país del mundo que haya sido una colonia, no solo en Puerto Rico.

Hay que entender el coloniaje para entender cómo funciona la mente de ese pueblo, de esa colectividad, de esa comunidad, de esa nación. Hay que entender eso para comprender lo otro. Mientras no se perciba eso, no se puede entender porque algunos proclaman “¡qué viva el plebiscito!”, “¡Eso es democracia!”. Clinton se llena la boca hablando de plebiscito, él sabe perfectamente lo que está diciendo, él sabe que es un engaño, no es un idiota, él no está ahí por idiota, está ahí por servir a los intereses del poder, al verdadero poder de Estados Unidos, que no es el de Clinton. Él está ahí solo para firmar los documentos.

Pero el llamado poder invisible, ese que siempre está ahí, el de las multinacionales, el del complejo militar industrial que son los que controlan el poder en Estados Unidos, son los mismos que controlan a Puerto Rico. Son ellos los que hablan de plebiscito, entonces el que observa desde afuera dice: “¡Que gente más democrática, linda hablando de plebiscito, para que el pueblo decida”. Lo que no se dice es que ellos controlan todo en nuestra nación.  

Y esa es la situación que hay que entender, va más allá del llamado derecho internacional, porque aunque sea difícil de entender “la ley en Puerto Rico no tiene legalidad”. Nuestra ley tendría que ir más allá de lo que decida una corte norte-americana porque ellos no tienen derecho a estar en Puerto Rico. ¿Tendría derecho alguna corte norteamericana a estar en Venezuela?, ¿encarcelando y enjuiciando venezolanos porque según ellos violan las leyes norteamericanas? Eso está pasando en Puerto Rico, todos lo n como una cosa natural. ¿Quién controla la aduana de Puerto Rico?, ¿Quién fija precios?, ¿Por qué el puertorriqueño no puede controlar su comercio?. La aduana norteamericana es la que tiene el control aquí. ¿Quién controla el mar, el aire, las comunicaciones? Nos obligan a ir a guerras que no son nuestras. ¿Quién controla todo esto? Yo te puedo hacer ahora mismo una lista casi infinita de situaciones que son controladas por ellos.

Si tú quieres venir a Puerto Rico, ¿a quién tienes que pedirle la visa?, ¿a los puertorriqueños, a mí, a ti, a Pedro Pérez? No, a los yanquis. Y cuando entras por el aeropuerto, ¿quién está?: La Inmigración de Estados Unidos es la va a fiscalizar tu entrada en nuestro país. Incluso los puertorriqueños tenemos que pasar por su inspección para entrar o salir de nuestro propio país.  Yo no te puedo invitar a mi propio hogar. Ellos, los gringos son los que tienen que dar el permiso. Bajo este control total es que se realizará el plebiscito por eso es falso, porque si ellos tienen ese control total y absoluto, pueden incluso someter la psiquis de miles de puertorriqueños.

Ningún puertorriqueño sabía quién era Saddam Hussein. De pronto, los gringos tenían problemas petroleros, unas compañías norteamericanas que tenían el dominio en Kuwait y robaban el petróleo de Irak, tuvieron un problema. Se metieron en una guerra de intereses porque George Bush que era presidente, obtenía beneficios del negocio petrolero. Así mismo, el que era secretario de Estado conseguía lucrar de cuatro compañías petroleras, entonces desataron una guerra en salvaguarda de sus intereses y obligaron al hijo de Pedro Pérez y María González a morir en el Golfo Pérsico. Nadie sabía quién era Saddam Hussein. En una semana hasta las cucarachas puertorriqueñas odiaban a Saddam Hussein. Todo el mundo quería que muriera Saddam Hussein.

El diablo encarnó en Saddam Hussein, porque adoctrinaron al pueblo -a través de los medios de comunicación- señalando que había que odiar a Saddam Hussein para así usar a los hijos del pueblo puertorriqueño en esa guerra, los enviaron a morir en el Golfo Pérsico. Es como si murieran venezolanos en Bosnia, obligados por el ejército norteamericano o por la miseria de muchos porque aquí, en esa “gloriosa convocatoria” más de 50% de nuestra gente se vio obligada a acudir so pena de dejar de recibir los cupones de alimentos que da el gobierno de Estados Unidos a los más humildes, como mecanismo de coacción y control.

Eso no es culpa del pueblo puertorriqueño porque desde el año 1898 no controlamos nuestra economía. Somos el rabo de la economía norteamericana. El trabajo de los puertorriqueños para los yanquis tiene varias funciones: multiplicar el capital en sus industrias a través de la explotación de nuestro trabajo, multiplicar su capital comercial consumiendo lo que ellos producen. Ellos han matado nuestra agricultura para que nos veamos obligados a comprar esos productos en la Florida, cuando en Puerto Rico se pueden sembrar y cosechar. Multiplicar el capital financiero trabajando para ellos. Las empresas norteamericanas se llevan más de 10 mil millones de dólares al año de Puerto Rico. Multiplicar el capital como un mercado. Somos un mercado muy grande, estamos obligados por la fuerza a asumir ese rol porque  tenemos que comprarles cuanta porquería vendan al precio que ellos ponen.

Morimos y matamos para proteger ese capital. Esa es la función que Estados Unidos le ha asignado a Puerto Rico. Usan nuestro territorio para agredir a países hermanos. Desde aquí agredieron a Granada, a Santo Domingo, aquí estaban preparando y entrenando comandos para atacar en Nicaragua junto a la contra. Mientras Puerto Rico sea una fortaleza militar norteamericana, donde ellos controlan no solo política y económicamente, sino incluso la mentalidad de los ciudadanos, tu país y toda América Latina y el Caribe estará amenazada.

Venezuela está amenazada, Perú, Cuba, Colombia. Todos nuestros pueblos porque desde nos usan para eso, por ejemplo Vieques es donde vienen a entrenar marinas extranjeras junto a las norteamericanas. En Vieques ahora mismo se estaban produciendo detonaciones que hacían temblar las casas de sus habitantes. Mientras se produce esta situación, en que cada vez militarizan más nuestro país, los payasos politiqueros traidores de aquí están jugando con el “tonto dulcecito” del plebiscito, que no va a resolver absolutamente nada.

 

Las ideas y opiniones expresadas en este artículo son las de los autores y no reflejan necesariamente el punto de vista de Al Mayadeen
Sergio Rodríguez Gelfenstein

Analista internacional. Exdirector de Relaciones Internacionales de la Presidencia de la República Bolivariana de Venezuela.

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