EE. UU. adopta teoría de la economía de las catástrofes en Gaza
El analista político y comunicador de Jordania, Mohammad Faraj, aborda en entrevista exclusiva con Al Mayadeen la responsabilidad de los países árabes de implicarse en el proceso de reconstrucción de la Franja de Gaza como una vía para enfrentar los verdaderos intereses detrás de la propuesta de desplazamiento forzoso de los palestinos esbozada por Estados Unidos.
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EE. UU. adopta teoría de la economía de las catástrofes en Gaza
1- El presidente de Estados Unidos, Donald Trump, intentó tener el mérito del alto el fuego en la Franja de Gaza, luego propuso de manera sorpresiva un plan para expulsar a los palestinos del enclave y construir instalaciones turísticas. ¿Este plan responde a los intereses de “Israel” o priman los intereses de Trump?
- La pregunta gira en torno a la naturaleza de la relación entre los Estados Unidos y la entidad de ocupación. “Israel” representa, sin dudas, la base avanzada para el imperialismo global encarnado por Estados Unidos, pero existe una forma de contradicción de intereses o de objetivos estratégicos, lo que puede llevar a una brecha entre ellos.
Cuando esta brecha de intereses o contradicción entre los intereses israelíes y estadounidenses ocurre, no lo hace en un marco estratégico, sino más bien en uno táctico. Justo cuando se produce en este marco táctico, la última palabra siempre la tiene Estados Unidos pues posee el control, los medios y las herramientas necesarias para imponer sus intereses sobre los de la entidad ocupante.
Muchos investigadores creen que hay una fuerte influencia del lobby sionista en Estados Unidos y en la formulación de su política exterior, y esto es innegable. Sin embargo, no llega al extremo de que la parte menor, es decir, la entidad ocupante, pueda mover a la mayor, o sea, a Estados Unidos, líder del imperialismo mundial en la actualidad.
Respecto al tema de la Franja de Gaza, Estados Unidos puede priorizar sus propios intereses, pero hasta ahora todo lo que hizo fue satisfacer las necesidades e intereses de “Israel”, mostrándose alineado con la entidad en este aspecto.
Los planes de desplazamiento forzado responden a las necesidades israelíes de vaciamiento demográfico en territorio palestino. Desde siempre, la gran pesadilla que enfrenta la entidad ocupante es la diferencia demográfica con respecto al pueblo palestino, que se mantiene firmemente aferrado a su tierra.
A pesar de todos los intentos israelíes, incluso con la modificación de marcos legales internos como la “Ley de Nacionalidad” para facilitar la llegada de colonos a los territorios ocupados y utilizarlos como reservorio humano, la diferencia demográfica es aún favorable al pueblo palestino.
Por lo tanto, Estados Unidos está otorgando un gran regalo a la entidad ocupante israelí: el intento de vaciamiento demográfico.
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2- Trump pasó la responsabilidad de hacerse cargo de los palestinos a países como Jordania y Egipto, pero fue rechazado. Ahora los países árabes, liderados por Arabia Saudita, buscan concretar un plan de reconstrucción de la Franja de Gaza para presentar ante Washington. ¿Qué posibilidades reales tiene ese plan de concretarse y ser una alternativa?
- En términos numéricos, los países árabes tienen la posibilidad de enfrentar el proyecto de desplazamiento forzado acelerando el proceso de reconstrucción.
Si las Naciones Unidas estiman el costo de la reconstrucción de Gaza en 53 mil millones de dólares, esta cifra representa solo el uno por ciento del Producto Interno Bruto (PIB) combinado de las economías árabes en un año. En otras palabras, si se destinara tan solo el uno por ciento del PIB total de los países árabes, sería posible impulsar la reconstrucción de manera rápida, en una velocidad récord.
La pregunta, sin embargo, no gira únicamente en torno a las capacidades numéricas, sino también a la voluntad política como un factor principal. Si realmente existe una voluntad genuina para detener el proyecto de desplazamiento mediante la aceleración del proceso de reconstrucción, es probable que Estados Unidos intente usar herramientas de extorsión contra estos países.
Por ejemplo, Estados Unidos podría presionar a través de la ayuda financiera, que constituye una proporción significativa del presupuesto de naciones como Jordania. Hablamos de entre tres y cuatro mil millones de dólares, equivalente aproximadamente a un cuarto del gasto público del Estado jordano.
Sin embargo, esta cantidad no representa mucho para un país como Egipto. Una ayuda de tresa cuatro mil millones no constituye, por ejemplo, una proporción considerable dentro de los 135 mil millones de dólares que representan el gasto público total del Estado.
Probablemente haya intentos de extorsión contra países del Golfo, como Arabia Saudita, ejerciendo presión a través de los acuerdos de seguridad existentes. Por tanto, estos países deben dar hoy uno o varios pasos al frente para responder a la extorsión estadounidense con una contrapresión.
En otras palabras, si intentan presionarnos mediante la ayuda financiera o los acuerdos de seguridad, nosotros podemos presionar sobre los intereses estadounidenses en la región: ya sean sus inversiones en la zona, así como nuestra capacidad de reemplazar los acuerdos de seguridad con otras partes del mundo competentes para proporcionar dicha ayuda.
Sin mencionar el aspecto más importante: el diálogo interno entre los pueblos de la regiónpara llegar a un modelo colectivo de seguridad que no necesite ninguna intervención externa.
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3- ¿Cuál es el peligro de que cualquier plan futuro para la Franja de Gaza deje fuera a Hamas a tono con las aspiraciones de “Israel” y Estados Unidos?
- La exclusión de Hamas del sistema de gobierno o del sistema administrativo en la Franja deGaza, imponiendo esto ahora como una condición o cláusula dentro del proceso de negociación, generará repercusiones no deseadas tanto a nivel árabe como palestino, con implicaciones históricas.
Todos sabemos que Estados Unidos intentó cambiar regímenes en numerosos países del mundo, ya sea mediante golpes militares, ataques directos, alterando el tejido social, utilizando organizaciones no gubernamentales u otros medios.
Sin embargo, Gaza es un caso que no puede compararse con esos grandes países en el mapa mundial. Hablamos de un pequeño territorio sitiado, cuya superficie no supera los 365 kilómetros cuadrados.
Por lo tanto, el intento de excluir a Hamas del sistema de gobierno tiene profundas dimensiones en las tentativas israelíes y estadounidenses de imponer una imagen de sometimiento a la resistencia. Es decir, busca enviar un mensaje de que pueden cambiar cualquier sistema de gobierno donde y cuando quieran y, por supuesto, si no llevan a cabo elcambio de esta manera y en este momento, interrumpiría el camino a los intentos de imponer y generalizar esta imagen.
El diálogo palestino, el diálogo árabe-palestino, el diálogo entre el pueblo palestino y las naciones y pueblos de la región debe centrarse en encontrar soluciones administrativas que sean fundamentales, pero no a través de Estados Unidos, ni de “Israel” pues intentan imponer esta fórmula de sometimiento como una condición de las negociaciones.
Si ellos insisten en incluir esta cuestión como una cláusula de las negociaciones, entonces es un derecho legítimo de la resistencia palestina, por ejemplo, decir: "No continuaremos estas negociaciones mientras permanezca en el poder el gobierno de Benjamín Netanyahu". Sería más apropiado exigir un cambio en ese gobierno, y luego continuar las conversaciones.
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4- Bajo la presidencia de Trump, una vez más vuelve a estar fuera del juego la posibilidad de crear un Estado palestino. ¿Qué responsabilidad tienen los países árabes que participan en ese supuesto proyecto de reconstrucción, pero no abordan las causas profundas del conflicto?
- En general, nadie quiere la solución de los dos Estados: ni Estados Unidos, ni la entidad ocupante israelí, ni los pueblos de la región.
Cuando Estados Unidos dice que apoya la solución de los dos Estados, esto no es más que una expresión de engaño y desinformación histórica, enmarcada bajo el título del "camuflaje moral". Así pretende mostrarse como defensor de los derechos humanos y ser considerado un cuidador de los derechos de los pueblos y las naciones, entre otros argumentos.
Bajo la presidencia de Donald Trump, Estados Unidos se encuentra ahora liberado de sus propias restricciones, incluso de ese propio camuflaje moral, y dice las cosas, los títulos y las orientaciones tal como son, sin el maquillaje que solía ocurrir en las habitaciones cerradas para encubrir a la entidad ocupante israelí.
Históricamente, nunca hubo ninguna intención real de crear o acordar un Estado palestino. Desde 1948 hasta 1967, la ocupación israelí se expandió geográficamente, devoró más tierras, amplió los asentamientos, expulsó a más palestinos e intentó profundizar las medidas de vaciamiento demográfico, entre otras acciones.
Incluso cuando se firmaron los Acuerdos de Oslo a mediados de los años 90, la dirección israelí fue hacia lo llamado como "negociaciones del acuerdo permanente", que incluían los temas básicos, sensibles, críticos y centrales relacionados con Jerusalén, los refugiados, el derecho al retorno y la detención de los asentamientos.
Todo eso quedó congelado durante 30 años sin avanzar un ápice, por el contrario, los asentamientos aumentaron, las agresiones contra los palestinos se intensificaron, y así llegamos al momento del 7 de octubre de 2023.
No existe ningún deseo por parte de “Israel” de permitir la existencia de un Estado palestino, porque considera que, si este tuviera algún tipo de estabilidad institucional como un ejército o estructuras militares, se reorganizaría y buscaría recuperar sus tierras nuevamente.
Tampoco acepta la idea de un solo Estado, ya que sigue siendo incapaz de lograr resultados favorables en términos demográficos.
Por lo tanto, todo el discurso sobre la solución de los dos Estados nació muerto desde su origen, porque cualquier forma de ocupación colonial y de intento de sustituir a un pueblo porotro pueblo, o de reemplazar una cultura por otra, está destinado únicamente a la liberación completa de la tierra.
No queremos, en nuestra región, reproducir las experiencias trágicas que ocurrieron en formas históricas de ocupación colonial, ya sea en América del Norte, Nueva Zelanda, Australia u otros lugares del mundo.
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5- ¿Qué pueden hacer los países, especialmente los árabes, para evitar estos proyectos estadounidenses?
- Pueden hacer mucho, y tienen en sus manos numerosas cartas de poder. Hoy en día, necesitan pasar de una etapa de solidaridad con el pueblo palestino a involucrarse plenamente en la batalla.
Muchos periodistas, comunicadores e investigadores ya advirtieron sobre el momento que ahora está ocurriendo para estos países, encabezados por la amenaza directa que enfrentan a través de proyectos de desplazamiento forzado y cambios demográficos, entre otros.
“Israel” y Estados Unidos no limitan sus proyectos a simples cambios en mapas geográficos o redistribuciones demográficas. Estos proyectos también implican un cambio fundamental en los sistemas de gobierno, incluso en aquellos regímenes considerados amigos.
Por lo tanto, es necesario utilizar de manera rápida y efectiva un conjunto de herramientas estratégicas, así como redirigir y reformular las alianzas políticas, pues muchos sistemas cometieron errores al depender completamente de Estados Unidos, apostando todas sus cartas y colocándolas en la canasta estadounidense.
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6- Según Naciones Unidas la reconstrucción de Gaza costará más de 53 mil millones de dólares, de ellos, más de 20 mil millones en los tres primeros años. ¿Por qué Trump estaría dispuesto a asumir todo ese gasto en sus planes sobre la Franja?
- Primero, no sabemos si Estados Unidos pagará esta cantidad. No creo que desembolse estos fondos en el marco de la reconstrucción de Gaza. Tampoco está planteado de esa manera.
Donald Trump intentará que, en caso de un proceso de reconstrucción, esto no cause ningún daño a los intereses y objetivos estratégicos de Estados Unidos e “Israel”.
Además, buscará que la reconstrucción se realice a través de otras partes, ya sea mediante organismos internacionales o de los países árabes.
De todas maneras, cualquier monto que Estados Unidos ofrezca en este contexto de reconstrucción será considerado como una inversión a largo plazo y en el futuro. Será un intento de avanzar en su proyecto de convertir esta región en un destino turístico, nada más.
Trump, obsesionado con las operaciones comerciales, no comprende la diferencia fundamental entre un terreno inmobiliario apto para proyectos de inversión y una tierra que forma parte del imaginario colectivo de las personas, vinculadas emocionalmente a su patria.
La tierra es un elemento central del sentido de pertenencia nacional, pero él no entiende este mosaico integral que genera sentimientos de pertenencia y nacionalismo.
Por eso, si hay alguna contribución estadounidense, será en forma de inversión futura, enfocada únicamente en proyectos turísticos.
Sin duda, la estrategia básica será intentar trasladar todas estas cargas a otras partes, mientras se diseñan e implementan planes para asegurar que los frutos beneficien a Estados Unidos y a la entidad ocupante israelí.
Pero nosotros decimos que esto no es un destino inevitable, ni una decisión celestial que las naciones de la región deban aceptar y aplicar. Al contrario, existe una resistencia presente y un firme apego del pueblo palestino a su tierra, y apostamos a que la resistencia frustrará todos estos proyectos estadounidenses e israelíes.
La propuesta de Donald Trump de convertir la Franja de Gaza en la "Riviera del Medio Oriente", o de pensar en ello de alguna manera, transformando así la tierra del pueblo palestino en una especie de propiedad inmobiliaria turística, no es un enfoque nuevo en Estados Unidos.
Sabemos que Estados Unidos adopta la llamada “Teoría de la Economía de las Catástrofes”, que consiste en lo siguiente: cuando la economía alcanza un nivel de saturación en cualquier parte del mundo, provoca destrucción, ruina y desastre, para que luego las empresas estadounidenses entren a cosechar los contratos de reconstrucción y reparación.
Así ocurrió exactamente en Irak, cuando destruyeron la infraestructura estatal y, de inmediato, las empresas estadounidenses se lanzaron a obtener el mayor número posible de contratos, ya sea en el sector energético, agrícola, de irrigación, construcción, bienes raíces en general, seguros, telecomunicaciones, entre otros. En un entorno devastado, las empresas aprovecharon para obtener licitaciones y contratos que les generaron enormes ganancias.
Estados Unidos mira a Gaza en la misma dirección y bajo el mismo contexto: la “Teoría de la Economía de las Catástrofes”. Provocar la catástrofe, generar la destrucción, arrasar con la infraestructura, y luego presentarse para llevar a cabo la llamada "reconstrucción". Pero, en realidad, esto no es más que una inversión en la catástrofe.
Por supuesto, los intentos israelíes y estadounidenses de convertir Gaza en algo diferente, como una propiedad inmobiliaria turística, representan un interés compartido entre ambas partes y buscan alcanzar una serie de objetivos comunes.
Esta iniciativa se enmarca para Estados Unidos dentro de una plataforma más amplia: el clima general de la guerra comercial contra China. Esto es similar, hasta cierto punto, a los intentos que Estados Unidos realizó anteriormente, como hizo en Groenlandia o Panamá, para bloquear las rutas comerciales chinas y dificultar el paso fluido de sus productos económicos a nivel mundial, facilitando al mismo tiempo el comercio estadounidense.
Se trata de obstaculizar a China en su iniciativa de la Franja y la Ruta hacia el este y también hacia el oeste, en proyectos como Groenlandia, Panamá y la nueva ruta por el Ártico, entre otros. Entonces, es un interés estratégico para Estados Unidos enfrentarse a China en todos los rincones del mundo, incluido el ámbito comercial.
Por otro lado, también busca someter la idea de la resistencia al proyecto de hegemonía estadounidense, así como subyugar la resistencia contra la entidad ocupante israelí transformando la identidad de este lugar en algo distinto. No sería ya una tierra vinculada nacionalmente, y en términos de pertenencia, a un pueblo específico, que obviamente es el pueblo palestino.
Un tercer factor es la ventaja adicional de tener acceso al mar Mediterráneo, un sitio geoestratégico importante para Estados Unidos, especialmente en el marco de sus operaciones en el Comando Central (CENTCOM). A través de su posición en esta región, Estados Unidos intenta reconfigurar el sistema de seguridad en beneficio tanto de sus intereses, como de los de “Israel”.
El cuarto aspecto, que no debe ser pasado por alto, es que, además de la presencia de “Israel”como base avanzada del imperialismo global liderado por Estados Unidos, existe una notable armonía, cohesión e ideología compartida entre el enfoque anglosajón blanco en Estados Unidos y el enfoque colonial, racista y de sustitución demográfica en Palestina ocupada, representado por el proyecto de la entidad ocupante israelí.
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