Desvaríos del gobierno de Trump ante la Covid-19

Una revisión de contratos federales muestra que las agencias federales esperaron hasta mediados de marzo para hacer pedidos a granel de máscaras de respirador N95, ventiladores mecánicos y otros equipos necesarios de atención médica de primera línea.

  • Desvaríos del gobierno de Trump ante la Covid-19

Casi dos meses desperdició el gobierno de Donald Trump para reforzar la reserva federal de suministros y equipos médicos de importancia crítica con vistas a detener la pandemia de la Covid-19  en Estados Unidos, tras  registrarse  los primeros casos a finales de diciembre en la ciudad china de  Wuhan.

Una revisión de contratos federales muestra que las agencias federales esperaron hasta mediados de marzo para hacer pedidos a granel de máscaras de respirador N95, ventiladores mecánicos y otros equipos necesarios de atención médica de primera línea.

En ese momento, los hospitales en varios estados atendían a miles de pacientes infectados sin equipo adecuado y pedían envíos de la Reserva Estratégica Nacional. 

Esa reserva la habían creado hace más de 20 años con el objetivo de cerrar brechas en las cadenas de suministros médicos y farmacéuticos durante una emergencia nacional.

A tres meses de la crisis, está casi agotada justo cuando aumenta el número de pacientes con necesidades de cuidados intensivos.

“Básicamente perdimos dos meses”, dijo a Kathleen Sebelius, secretaria de Salud y Servicios Humanos durante el gobierno de Barack Obama.

Trump y sus funcionarios instaron a los gobiernos estatales y locales, y a los hospitales, la compra por sus medios de máscaras y máquinas de respiración, con el pretexto de que las solicitudes a las reservas nacionales deberían ser el último recurso.

Sebelius aclaró que los estados carecen del poder adquisitivo de la Casa Blanca y tampoco poseen capacidad para enfrentar un déficit como el gobierno federal. 

Ante la respuesta (de Trump) a la Covid-19, los gobernadores estatales hacen ofertas en contra de las agencias federales y entre sí por suministros escasos.

"…literalmente, una compañía lo llamará y dirá: 'California lo superó (en su oferta)”, apuntó el gobernador de Nueva York, Andrew M. Cuomo. 

Es como una subasta por eBay, agregó, con otros 50 estados.

Durante casi un mes, Trump rechazó las llamadas de Cuomo y de otros para usar su autoridad bajo la Ley de Producción de Defensa a fin de ordenar a las compañías aumentos en la producción de ventiladores y equipos de protección personal. 

Más de tres meses después de la revelación de China de los primeros casos de la pandemia, el magnate republicano cedió y emitió una orden para satisfacer las peticiones de los gobernadores.

Pero en este momento, Estados Unidos enfrenta la mayor cantidad de contagiados en el mundo, con más de 315 mil y ocho mil 500 muertas, según recientes estadísticas.

Trump pasó enero y febrero minimizando la amenaza, se burló de las advertencias y achacó a trucos de los demócratas y a la prensa, la incidencia de la pandemia.

Cuando la Organización Mundial de la Salud declaró el brote una emergencia mundial, el presidente republicano aseguró que el virus estaba “muy bien controlado” y pronosticó “un final muy bueno”.

Su Gobierno estaba tan seguro que el secretario de Estado Mike Pompeo anunció el 7 de febrero la donación a China de casi 18 toneladas de máscaras de respirador, máscaras quirúrgicas, batas y otros suministros médicos.

El 24 de febrero, la Casa Blanca envió al Congreso una solicitud de financiamiento inicial de 2.5 mil millones para abordar el brote del virus y al día siguiente, los Centros para el Control y la Prevención de Enfermedades advirtieron de la propagación incontrolable del patógeno en el país.

Sus pronósticos alertaban sobre graves interrupciones en la vida diaria, incluidos cierre de negocios y escuelas.

Durante esas cruciales primeras semanas en que se pudo rastrear la enfermedad, a casi nadie examinaron después de una serie de errores que llevaron a una escasez y falta de calidad en las pruebas.

Sin datos para determinar cuán extendida estaba la enfermedad, los gobiernos federales y estatales no pudieron prepararse.

A mediados de marzo, los hospitales de Nueva York, Seattle y Nueva Orleans estaban a punto del colapso por un aumento inconmensurable de ingresos, mientras médicos y enfermeras denunciaban por redes sociales la disminución de los suministros básicos.

En un intento por justificarse, Trump acusó a gobernadores demócratas de exagerar la necesidad y ridiculizó a los que criticaron la respuesta federal.

Al comienzo de la crisis, se conoció que la Reserva Estratégica Nacional almacenaba unos 13 millones de máscaras de respirador N95 que evitan la infección de los trabajadores de la salud, una pequeña fracción de las necesarias para pacientes y cuidadores.

El presidente estadounidense trató de culpar a su antecesor (Barack Obama) cuando dijo que había heredado un estante vacío que ahora lo estaba llenando y con rapidez.

Pero en realidad, según los registros federales de compras, el gobierno de Trump retrasó la solicitud de suministros adicionales hasta que el virus comenzó a propagarse de manera incontrolable.

Por ese motivo, el Congreso aprobó un proyecto de ley de gasto para enfrentar la mortal dolencia de 8.3 mil millones, más de tres veces lo que la Casa Blanca pidió en un principio.  

Trump declaró el brote emergencia nacional, seis semanas después de la alerta emitida por la Organización Mundial de Salud. 

Para entonces, miles de escuelas estadounidenses cerraron, la Asociación Nacional de Baloncesto suspendió sus partidos y hay informes de que las Grandes Ligas de Béisbol valoran iniciar o no la temporada.

Según estimados, el país requiere de unos tres mil 500 millones de respiradores N-95 para superar la pandemia y la cadena de suministro nacional posee apenas uno por ciento de esa cantidad, a la vez de carecer de suficientes máscaras.

Trump hizo su propia aportación, al sugerir que los estadounidenses sin acceso a máscaras hechas en fábrica podrían cubrirse la cara con pañuelos.

“Los profesionales recomiendan una bufanda", dijo, y "creo que, de cierta manera, en dependencia de la tela, una bufanda es mejor”.