La búsqueda de una estrategia regional para el nuevo orden mundial

La coyuntura geopolítica actual, coloca a Latinoamérica y el Caribe en medio de la disputa entre la potencia decadente y las emergentes.

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    La búsqueda de una estrategia regional para el nuevo orden mundial

No solo por ser gran reservorio de recursos naturales, materias primas, fuerza de trabajo, riqueza cultural y sus posibilidades como mercado de consumo que atrae el interés de todas las potencias, sino también por la importancia histórica de los modelos político-culturales de resistencia que se han levantado desde ella en el último siglo, desafiando la más grande hegemonía mundial en su propio continente.

La Revolución Cubana, la Sandinista, la Salvadoreña, las luchas guerrilleras de Colombia, México, Guatemala, Perú y Bolivia, el gobierno de Unidad Popular de Chile, la teología de la liberación, la Revolución Bolivariana y el bloque histórico que comenzó a levantarse en la región a partir de ella, son solo algunos de los procesos latinoamericanos que, a pesar de las corporaciones mediáticas y del eurocentrismo de una parte de la élite intelectual del norte, se han convertido en acervo político de las luchas de resistencia mundial al capitalismo y su imperio.

En su reciente libro “la escalada de Tucídides. Hacia la tripolaridad”, [i]el actual Ministro del Poder Popular para la Defensa de Venezuela, General en Jefe Vladimir Padrino López, describe la actual situación geopolítica desde la llamada “trampa de Tucídides” que refiere al momento en que un poder en ascenso desafía al poder hegemónico, y prevé que una vez superada la pandemia, arreciará la guerra de mercado entre los Estados Unidos y China, donde esta última avanzará en la construcción de las dos Rutas de la Seda y el primero hará ingentes esfuerzos para detenerla. Textualmente el General describe que ambas naciones “Compiten en dominios comunes y cada uno busca diseñar sus propios sistemas, sus propios estándares y sus propias cadenas de suministros”. “La pérdida del poder hegemónico de los EE. UU., tanto desde el punto de vista atómico como económico; y la decisión china de aprovechar la evidente debilidad en aumento, marcan la pauta del no retorno.” Padrino López destaca el papel de Rusia como el alfil que puede definir la partida entre estas dos potencias y con ello marcar un Nuevo Orden Mundial Tripolar.

Evidentemente Estados Unidos, teme esta realidad que luce inminente e intenta amalgamar en un solo bloque a las potencias emergentes y los países soberanos que se atreven a desafiar sus imposiciones, para volver al mundo bipolar que aprendió a manejar durante la llamada Guerra Fría,  por más de cuatro décadas[ii]. Con esa idea pretende continuar disputando el hemisferio oriental, mientras busca recuperar el terreno perdido en el occidental, del cual se cree legítimo dueño y que por supuesto tiene como primer objetivo a Nuestra América.

Esto explica por qué en el 2018 Trump invocó la Doctrina Monroe ante la Asamblea General de la ONU,  para defender su pretendida autoridad sobre el hemisferio occidental y en su posterior “Discurso de la Unión” en 2019 recuperó el lenguaje de la guerra fría para señalar como conflicto fundamental, la necesidad de detener el avance del socialismo. Biden no ha roto esa estrategia y es de esperar que no lo haga, aunque sus tácticas puedan variar.

El grave problema al que se enfrenta el mundo en este momento en el que, parafraseando a Gramsci, el viejo imperio no termina de morir y las nuevas potencias no terminan de emerger, es que mientras económica, cultural y políticamente el poder unipolar que surgió a partir del fin de la guerra fría se encuentra en una crisis aparentemente irreversible, su poder militar continúa firme y se ha extendido aún más con el apoyo de las corporaciones privadas del inmenso complejo militar industrial que le han permitido sostener su primacía mundial y promover una guerra infinita.

Esta guerra como estrategia imperialista, se contrapone a la estrategia china que evita conflictos y busca negociaciones, pero sobre todo se enfrenta con la búsqueda de la Paz que aunque suene paradójico, se pelea desde los Pueblos del Sur.

En el pasado, los países colonizados han avanzado hacia su independencia y soberanía precisamente en medio de las disputas entre potencias. Tal fue la situación en la que Bolívar y San Martín condujeron por ejemplo, la lucha contra el imperio español y en ese mismo contexto surge el bolivarianismo como doctrina que confronta la idea estadounidense del destino manifiesto y la famosa doctrina del gobierno de Monroe, que si bien surge para justificar su expansión en el Norte, terminó por convertirse en la doctrina que justificaría su avance sobre todo el hemisferio.

La resistencia latinoamericana y caribeña al imperio del capital encarnado en los Estados Unidos, es diversa. Se da siempre desde el ámbito popular pero sus correlaciones de fuerza varían. Los Pueblos cuentan con la fuerza institucional donde han llegado al poder proyectos abiertamente contra hegemónicos como Cuba y Venezuela, con el apoyo relativo de gobiernos progresistas que abren espacios para construcciones soberanas como Bolivia y Argentina o están en franca confrontación con los gobiernos de estados subordinados como Chile y Colombia, por mencionar solo algunos ejemplos.

Para los países sumergidos del Sur y para esta región en particular, el derecho de vivir en Paz es una eterna disputa, porque su construcción histórica amerita la derrota de las condiciones impuestas por el capitalismo y su guerra imperialista.

Requiere por ejemplo, acabar con el eterno despojo de los recursos naturales, humanos y hasta culturales de nuestros países. Ese saqueo permanente que ha enriquecido a los Bancos estadounidenses y europeos, tanto como a sus museos donde exhiben sin pudor riquezas arqueológicas como  trofeos coloniales. Y por supuesto, implica detener la guerra infinita y cortar sus fuentes de financiamiento.

En este contexto, el relanzamiento de la doctrina Monroe es el retorno del tigre de papel herido a lo que considera sus predios para recuperarse, y como fiera adolorida se torna aún más agresiva. Por lo que implica un incremento de la violencia económica y política para la extracción de las riquezas de los territorios latinoamericanos y caribeños, militarización y paramilitarización para procurar el exterminio de las organizaciones populares de resistencia llegando hasta el genocidio y la violación de los derechos humanos como política instituida, así como el derrocamiento de los gobiernos no alineados con sus intereses en la región.

Ya no le basta usar medidas coercitivas unilaterales para legitimar el robo de bienes de Venezuela y acosar a la Revolución Cubana, ni continuar ejecutando el genocidio en Colombia, Haití y en los territorios mapuches, violar los derechos humanos del pueblo chileno, sostener los poderes coloniales en Las Malvinas, negar la soberanía de Puerto Rico, pauperizar Meso América, sabotear intensamente los procesos electorales para impedir el establecimiento de gobiernos que se planteen tan siquiera alternativos o soberanos, etc. Necesita ir más allá.

El relanzamiento de su doctrina sustentada en la idea de un destino manifiesto se está traduciendo ya en la violación de la soberanía territorial de los países no subordinados, el fomento de megaproyectos para acelerar el despojo, promoción del endeudamiento público, aumento de la presencia de corporaciones militares privadas, proliferación de organizaciones paramilitares, y por supuesto, el fortalecimiento de ese gran negocio que es lubricante de la economía capitalista y principal financista del terrorismo imperialista: el narcotráfico.

El interés del capital alinea a las oligarquías regionales con los intereses imperialistas hasta subordinarlas, pero las trampas político culturales (como las organizaciones no gubernamentales y sus discursos gatopardos) y el gigantesco poder de las corporaciones mediáticas, dispersa la imprescindible unidad de los Pueblos para la construcción y defensa de un verdadero bloque histórico.

América Latina y el Caribe están obligados a relacionarse con las potencias emergentes para contribuir al equilibrio en esa nueva tripolaridad, pero siempre deben recordar la importancia histórica de la unidad como única estrategia geopolítica que les permitirá convertirse en potencia para empujar un nuevo orden mundial que no tenga uno, dos o tres polos, sino que sea auténticamente multicéntrico y pluripolar. 


[i] Padrino López, Vladimir. 2020. La escalada de Tucídides. Hacia la tripolaridad. en http://www.aviacion.mil.ve/wp-content/uploads/2020/12/La-Escala.pdf
[ii] Barreto, María Fernanda. Junio 2019. La urgencia de un mundo pluricéntrico y pluripolar como única garantía de Paz. En Correo del Alba N. 18.

Las ideas y opiniones expresadas en este artículo son las de los autores y no reflejan necesariamente el punto de vista de Al Mayadeen
María Fernanda Barreto

Escritora e investigadora colombo venezolana.

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