La crisis del reclutamiento en "Israel" probablemente provocará un colapso desde dentro
Samuel Geddes argumenta que la creciente crisis del reclutamiento en "Israel", impulsada por el agotamiento militar, la fragmentación política y la exención ultraortodoxa, está llevando el proyecto sionista hacia un colapso interno irreversible. La estrategia de supervivencia de Netanyahu, escribe, ha acelerado la implosión.
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La crisis del reclutamiento en Israel probablemente provocará un colapso desde dentro
Ya sea durante este gobierno o el próximo, la cuestión del servicio militar obligatorio acelerará el colapso del proyecto sionista.
Junto con el genocidio de dos años en Gaza, la media docena de guerras lanzadas por "Israel" contra la región, desde Líbano hasta Yemen e Irán, eran inevitables. La única variable era bajo qué condiciones específicas ocurrirían.
Bajo el liderazgo de Netanyahu, prófugo de la CPI, la lógica detrás de los dos años de vaivenes entre un escenario político y otro se basó en un único objetivo: mantener a su gobierno en el poder y a sí mismo fuera de los tribunales y, en última instancia, de la cárcel.
El colapso de la seguridad israelí el 7 de octubre de 2023 prácticamente sentenció el fin de su carrera política en cuanto se silenciaron las armas. Por ello, desde entonces, ha estado agotando el tiempo e intentando ganarlo lo máximo posible y para esperar que transcurra el suficiente entre el 7 de octubre y las próximas elecciones para dar a su partido esperanzas de redención.
El resultado de este pacto fáustico ha sido el estado de guerra activa más prolongado en la historia del proyecto sionista, causó bajas militares sin precedentes y una brecha de reclutamiento en las Fuerzas de Defensa de "Israel" (FDI) de 12 mil soldados. Esta brecha no ha hecho más que crecer en la medida que la realidad fundamental de la posición regional sionista se mantiene inalterada tras su ofensiva de dos años.
Tras haber declarado la victoria sobre Hizbullah en Líbano el año pasado, "Tel Aviv" se ha visto obligado a admitir que tal objetivo nunca se logró y se prepara para un segundo intento de aplastar el movimiento de resistencia. Nadie cree seriamente que la guerra de 12 días contra Irán fuera el fin del asunto. Más bien, abrió una nueva fase de enfrentamientos directos con Teherán, con ambas partes preparándose activamente para la reanudación de las hostilidades.
Esta tensión acumulada sobre las fuerzas armadas de “Israel”, así como sobre su economía, ha vuelto a poner en primer plano la cuestión que con más probabilidades ha de provocar el colapso de este gobierno: la cuestión del servicio militar obligatorio.
Desde sus inicios,"Israel" ha impuesto el reclutamiento universal de judíos con una excepción significativa: los jaredíes, también conocidos como la comunidad ultraortodoxa. A pesar de ser el grupo judío más observante en apariencia, los jaredíes siempre han mostrado una actitud ambivalente, en el mejor de los casos, hacia el sionismo. Para quienes históricamente se han unido al bando sionista, su apoyo ha sido muy condicional. A lo largo de las ocho décadas de existencia de "Israel", la condición clave ha sido que se permitiera a los hombres jaredíes sustituir el servicio militar por sus estudios religiosos.
Desde 1948, el crecimiento proporcional de la comunidad ultraortodoxa, así como la ahora visible presión militar que experimentan las fuerzas de ocupación han convertido su continua exención en una de las contradicciones internas más explosivas políticamente dentro del proyecto de colonización. Sin excepción, todos los partidos de la oposición sionista han tildado a los haredim de "evasores del servicio militar", con voces prominentes como Benny Gantz y Avigdor Lieberman abogando por todo, desde el encarcelamiento de quienes evitan el alistamiento militar hasta la privación de la ciudadanía y todos los derechos políticos asociados. Claras mayorías han expresado repetidamente un creciente apoyo al fin de estas exenciones para los ultraortodoxos.
Desafortunadamente para Netanyahu, es a los jaredíes a quienes ha ligado su propio destino político durante la última década. Para conservar el poder, el Likud se ha vuelto dependiente de la formación de coaliciones con partidos ultraortodoxos, especialmente el Shas y el Judaísmo Unido de la Torá. Cabe destacar que el Shas, que representa principalmente a los ultraortodoxos entre las poblaciones judías mizrajíes y sefardíes (árabes y de Asia Occidental), no adoptó formalmente el sionismo en su plataforma política hasta 2010 .
Para ambos partidos, la línea roja para su apoyo ha sido mantener la exención cada vez más insostenible de sus electores, de modo que desde junio de este año, ambos han abandonado el gobierno, dejándolo al borde del colapso y totalmente dependiente del apoyo de los partidos sionistas religiosos de Bezalel Smotrich e Itamar Ben-Gvir.
La semana pasada, el Tribunal Supremo, que ya declaró ilegal la exención para los jaredíes, ordenó al gobierno imponer sanciones significativas a los hombres ultraortodoxos que eviten el reclutamiento, con un plazo de 45 días. Para que Netanyahu pueda salir airoso de esta situación, debe aprobar una nueva ley que consagre la exención del servicio militar para los jaredíes (cada vez más imposible políticamente) u obedecer la orden del tribunal y poner fin de forma efectiva a su alianza con los ultraortodoxos, junto con su gobierno y cualquier posibilidad de volver al poder.
A menos de un año de las elecciones, el gobierno de Bibi ha entrado definitivamente en su fase terminal, y el colapso es prácticamente seguro en los próximos meses debido a este asunto. En el improbable caso de que regresara al gobierno, su necesidad de seguir eximiendo a una comunidad específica del peso de su política de agresión regional incesante no será menos acuciante ni más factible que ahora.
En el caso más probable de que la oposición sionista gane el gobierno, presumiblemente bajo el liderazgo de Naftali Bennett, se acabarán las exenciones especiales para los costos de mantener la ocupación. En ese escenario, los líderes religiosos de los partidos jaredíes, que representan la mayor parte del crecimiento poblacional actual y futuro de la población judía, han dejado clara su respuesta. En palabras del propio Gran Rabino de "Israel", Yitzhak Yosef : «Si los estudiantes de yeshivá son obligados a alistarse en el ejército, todos abordaremos aviones y nos iremos de "Israel"».
Sería una ironía de proporciones verdaderamente históricas si Netanyahu, al perseguir una agresión regional incesante hasta el agotamiento, solo por su propia supervivencia, fuera el principal responsable de hacer inviable el proyecto sionista en Palestina. Además de su historial de genocidio, sería un broche de oro a su obra.
Samuel Geddes
Al Mayadeen Español