Estados Unidos, Bielorrusia y los miembros de la UE

Estados Unidos debe abstenerse y no involucrarse ni dejar que la OTAN se involucre en diferencias existentes entre Bielorrusia y naciones limítrofes sobre el flujo migratorio hacia esos países, estimo Ted Galen Carpenter, investigador principal de estudios de defensa y política exterior en el Instituto Cato y editor colaborador de The American Conservative.

 

En un artículo de opinión que publicó en el sitio The American Conservative, el experto analizó lo que llamó el “nuevo alboroto de los refugiados”, lo que consideró  es una disputa entre Bielorrusia y los miembros de la UE.

Washington debería tratar de mantenerlo así y no involucrarse ni dejar que la OTAN se involucre, dijo.  Cualquiera de los dos pasos crearía una confrontación mucho más seria, ya que mantener a Bielorrusia fuera de la órbita de Occidente es un interés prioritario para Rusia, subrayó.

La afición de la administración Biden a imponer sanciones a Bielorrusia por las presuntas  violaciones de los derechos humanos y la erosión de las normas democráticas, incluida la última ronda de agosto dirigida a más de 20 allegados de Alexander Lukashenko, debe ser el límite de la tentación de injerencia de Washington, apunto Carpenter.

Los líderes estadounidenses deberían informar a los gobiernos polaco, lituano y letón de que Estados Unidos no incurrirá en riesgos innecesarios para respaldarlos contra Lukashenko en la cuestión de los refugiados. La última disputa es definitivamente un caso en el que Washington debería mantenerse al margen y dejar que las naciones europeas resuelvan sus propios problemas.

En su artículo “Tensiones en las fronteras: Bielorrusia y la OTAN”,  Carpenter advierte que la  mayor parte de la atención en Estados Unidos y en todo el mundo en las últimas semanas se ha centrado, comprensiblemente, en la situación en Afganistán, pero llamó la atención sobre la crisis en que palpita en esta zona de Europa  por el  flujo de inmigrantes procedentes de Oriente Medio enfrenta a los países de la UE con Lukashenko.

Esto, apuntó, no se trata de una  cuestión trivial, pues Estados Unidos tiene la obligación, según el Artículo 5 del Tratado del Atlántico Norte, de ayudar a un miembro de la Alianza si su seguridad se ve amenazada. Las cosas no han llegado todavía al punto de una crisis, pero la situación merece un seguimiento cuidadoso.

No es la primera vez que las tensiones se agudizan a lo largo de estas fronteras, y los funcionarios estadounidenses deberían estar preocupados por estos acontecimientos. En agosto de 2020, Bielorrusia realizó simulacros militares a gran escala cerca de su frontera con Lituania y Polonia.

Esa medida fue una respuesta tanto a los ejercicios militares anteriores de la OTAN cerca de Bielorrusia, como a las intensas críticas de Occidente contra ese país.

En la actualidad un problema preocupante es el esfuerzo de Lituania y Letonia por reducir el flujo de refugiados de Bielorrusia hacia sus países, lo que conllevó el aumento de tropas en las fronteras, entre otras acciones.

La situación para Bielorrusia es compleja teniendo en cuenta  que es blanco de una avalancha de refugiados procedentes de la agitación en Oriente Medio, causada en gran parte por las guerras de cambio de régimen dirigidas por Estados Unidos en Siria, Irak y Libia.

Carpenter en su valoración señaló además que parte del alboroto parece ser un esfuerzo por parte de Vilnius, Riga y Varsovia para conseguir más ayuda financiera de la UE, y quizás en nombre de la "seguridad fronteriza" para conseguir también algo de dinero de la OTAN.

Asimismo indicó que el aumento de la militarización de las fronteras entre Bielorrusia y los miembros de la OTAN tampoco ayuda, más cuando  esta por realizarse  un nueva ronda de ejercicios militares a gran escala entre Rusia y Bielorrusia (que se celebran cada cuatro años), del 10 al 16 de septiembre,  algo que pude calentar más la situación.