Libia ha dejado de ser un país soberano

“Libia es un país que se encuentra en medio de una feroz guerra civil alimentada por potencias externas que no tienen ningún problema en utilizarlo para perseguir sus propios intereses. En Libia, todo, desde la industria petrolera hasta la autoridad política, está dividido, apunta The National Interest.

  • Libia es un país que se encuentra en medio de una feroz guerra civil alimentada por potencias externas.

Durante los últimos nueve años, Libia ha dejado de ser un país soberano. El productor de petróleo del norte de África ha perdido su independencia, su sentido del orgullo y su autoestima, considera un reporte difundido por la edición digital de la revista The National Interest.

“Es un país que se encuentra en medio de una feroz guerra civil alimentada por potencias externas que no tienen ningún problema en utilizar a Libia para perseguir sus propios intereses. En Libia, todo, desde la industria petrolera hasta la autoridad política, está dividido, apunta el medio.

Prácticamente todas las potencias externas que tienen un pulgar en la escala libia reconocen que ninguno de los dos lados es capaz de triunfar sobre el otro militarmente. Sin embargo, sigue habiendo un desacuerdo importante sobre cómo resolver el conflicto de forma diplomática.

Una vez culminada la Conferencia de Berlín, los europeos que la organizaron se dieron palmaditas en la espalda por un trabajo bien hecho y se mostraron cautelosamente optimistas de que lo peor de Libia había pasado. 

Por un lado, Al-Sarraj y Haftar, jedes del Gobierno de Al Wefaq y del Ejército Nacional Libio, respectivamente, no se veían por ninguna parte. Ninguno de ellos pudo conseguir sentarse en la misma habitación con el otro. Merkel dejó claro este punto; los dos hombres se desprecian mutuamente.

Según The National Interest, Al-Sarraj considera que Haftar es un agresor que busca asaltar Trípoli, imponer una dictadura militar personalista en el molde de Muammar al-Qaddafi y gobernar el país por decreto.

Por su parte, Haftar estima que las administraciones de Al-Sarraj en Trípoli son débiles, sin ley y completamente dependientes de las milicias dominadas por extremistas islámicos.  La relación es tóxica, y las potencias regionales no han hecho nada para abordarla.

Otro punto es que mientras actores externos como los Emiratos Árabes Unidos, Egipto y Turquía se comprometan a seguir adelante con esta guerra, ninguna diplomacia intra-Libia tendrá éxito. 

Si bien Moscú puede estar cansado de la guerra y frustrado por la personalidad de Haftar, Abu Dhabi no ha demostrado mucho interés en la desescalada.

Es evidente –sostiene la publicación estadounidense– que ningún comunicado conjunto es lo suficientemente fuerte como para poner en evidencia estas diferencias.  Y el comunicado no significará nada si la implementación es laxa, si la supervisión se ve privada de recursos o si la aplicación de la ley es una broma.

Las conversaciones en Berlín son sólo un primer paso. Para los libios, el comunicado es sólo otro pedazo de papel. 

Para los europeos, sin embargo, la conferencia representa una toma de conciencia de que la guerra de Libia no puede seguir siendo ignorada. Todavía está por determinar si Europa tiene la gravedad y la capacidad de atención para actuar como ejecutores de un alto el fuego en Libia y (se espera) un acuerdo político.


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