La ilusión del “Gran Israel” es un peligro existencial y una amenaza para la paz y la seguridad internacionales
El ministro de Relaciones Exteriores de Irán, Abbas Araghchi, analiza la situación que debatirán en la reunión extraordinaria de la Organización para la Cooperación Islámica que tendrá lugar en Jeddah.
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La agresión israelí contra Gaza superó los 62 mil mártires palestinos, en su mayoría mujeres y niños.
En vísperas de la reunión extraordinaria de ministros de Asuntos Exteriores de los países islámicos en Jeddah, la atención mundial se centra una vez más, y en esta ocasión con más urgencia, en la mayor amenaza existencial e identitaria para la región y el mundo islámico: la entidad sionista. (Ver en https://aawsat.news/w99xh)
Esta entidad ha destruido completamente Gaza, convirtiéndola en tierra arrasada, ha perpetrado las masacres más horrendas contra mujeres y niños, y ha forzado el desplazamiento de su población en repetidas ocasiones.
Ha utilizado la hambruna como una nueva herramienta de genocidio, transformando los centros de distribución de alimentos en trampas mortales para mujeres y niños inocentes y hambrientos, creando así una de las tragedias humanitarias más terribles de la era moderna. Lo que está sucediendo en la Franja de Gaza no es solo una confrontación militar pasajera ni una crisis humanitaria común. Se trata, más bien, de un genocidio sistemático y en toda regla, y de una flagrante limpieza étnica que tiene lugar en medio del silencio absoluto de Estados Unidos y Occidente.
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Los crímenes de la entidad sionista no se limitan solo a Gaza. La rápida expansión de los asentamientos en Cisjordania, sumada a las prácticas terroristas de colonos armados contra los palestinos, con el objetivo de desplazarlos por la fuerza y anexar Cisjordania a “Israel”, junto con la intensificación de la judaización de la Santa Jerusalén, las reiteradas violaciones del alto al fuego, los continuos ataques contra Líbano, a la infraestructura en Yemen, los esfuerzos por socavar los cimientos del Estado en Siria y avivar el conflicto para dividirlo.
Así como la reciente agresión militar contra Irán, que cobró la vida de más de mil mártires de mis compatriotas. Finalmente, las declaraciones públicas y la publicación de mapas falsificados por parte de los líderes de esta entidad sobre el llamado "Gran Medio Oriente" y sus intenciones expansionistas hacia sus vecinos, indican claramente la propagación de este tumor canceroso por toda la región.
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El plan para una ocupación militar completa de la Franja de Gaza y el desplazamiento forzado de su población a zonas remotas, es solo el último episodio de la siniestra cadena de genocidio del pueblo palestino. Estas prácticas y declaraciones de criminales de guerra sionistas, perseguidas por tribunales internacionales, revelan claramente la "intención premeditada" de esta entidad artificial y usurpadora de completar su proyecto de limpieza étnica. Su objetivo es borrar de forma permanente e irreversible la identidad geográfica y política de Gaza en particular, y la causa palestina en general.
Al tiempo que crea tragedias, provoca guerras y se embarca en aventuras en Gaza, Líbano y el resto de la región.
La entidad ocupante busca desgarrar Siria bombardeando y destruyendo su infraestructura vital y fomentando el caos en zonas como Sweida.
Aquí surge la pregunta fundamental y crucial: después de Siria, ¿qué país de la región será blanco de agresión militar u ocupación? ¿Podemos imaginar límites a las insaciables ambiciones expansionistas de esta entidad?
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Las recientes declaraciones y acciones del primer ministro de la entidad, en el contexto de la implementación del plan expansionista y agresivo por él llamado "Gran "Israel" del Nilo al Éufrates", no es solo una afirmación pasajera. Más bien, constituyen una declaración clara y directa de una política y estrategia dirigida a violar la soberanía nacional, la integridad territorial y la seguridad de los Estados independientes de la región, incluyendo Siria, Jordania, Egipto, Líbano e incluso Kuwait, Irak y el Reino de Arabia Saudita.
Esta grave afirmación es una flagrante manifestación de la violación de la Carta de las Naciones Unidas y de las normas imperativas del derecho internacional, y una clara revelación de las agresivas intenciones de la entidad de buscar el control de todo el mundo islámico.
En estas circunstancias, la continua cooperación y el apoyo de algunas potencias occidentales, especialmente Estados Unidos, a la entidad criminal no solo constituye complicidad con el crimen, sino que también representa una creciente amenaza para la paz y la estabilidad en la región y en el mundo.
Los reiterados vetos en el Consejo de Seguridad han privado a este organismo internacional de su responsabilidad de detener la agresión israelí e impedir que rinda cuentas por sus crímenes.
Esta reunión extraordinaria de la Organización para la Cooperación Islámica (OCI) se celebra en un momento en que la situación en la Palestina ocupada ha superado los límites de una catástrofe, de modo que no hay palabras ni frases suficientes para describir esta horrible tragedia humanitaria y moral.
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Las estadísticas de mártires y heridos son impactantes y vergonzosas. Más de 70 mil personas, la mayoría mujeres y niños, perdieron la vida o quedaron sepultadas bajo los escombros, producto de los bombardeos en los últimos dos años, mientras que más de 170 mil resultaron heridas. Según las Naciones Unidas, cerca de 38 niños palestinos son asesinados por “Israel” cada día de las formas más brutales.
El 90 por ciento de Gaza es ahora inhabitable, e “Israel” ha comenzado oficialmente su ocupación militar de la ciudad y el desplazamiento de su población sin hogar al sur de la Franja.
En estas circunstancias, el primer ministro de la entidad criminal, Benjamín Netanyahu, intoxicado por el apoyo inquebrantable de las potencias occidentales, declara abiertamente que tiene la tarea de implementar la idea del “Gran 'Israel'”, un intento siniestro de ocupar y anexar tierras árabes e islámicas, empezando por Jordania, Egipto, Líbano, Siria y hasta Arabia Saudita.
Ante estos hechos, no hay lugar para ilusiones ni indiferencia. La próxima reunión de ministros de la Organización para la Cooperación Islámica (OCI) debe convertirse en un punto de inflexión que fortalezca la determinación colectiva de los países islámicos para frenar las ambiciones insaciables de Netanyahu y su grupo, e impedirles seguir asesinando inocentes, destruyendo países islámicos y anexando sus territorios.
Esta reunión no debe limitarse a una mera declaración de solidaridad con el pueblo palestino ni a una expresión de dolor y preocupación por la situación actual. Es, más bien, una verdadera prueba histórica para la nación islámica, y quizás una oportunidad excepcional para formar una coalición regional y global que detenga la agresión israelí.
Este encuentro debe ir más allá de las simples declaraciones y condenas, y centrarse en ejercer la máxima presión política y diplomática mediante la formación de una sólida coalición internacional que obligue a la entidad sionista a detener de inmediato su campaña genocida y a abandonar sus proyectos expansionistas, separatistas y de ocupación.
Un enjuiciamiento firme de todas las instituciones internacionales, incluidas la Corte Internacional de Justicia y la Corte Penal Internacional, para exigir responsabilidades y castigar a los líderes de la entidad criminal, junto con la imposición de sanciones militares y económicas integrales, son imperativos innegables.
Además de estas medidas, brindar asistencia inmediata e incondicional, mediante el establecimiento de un corredor humanitario seguro bajo la supervisión de las Naciones Unidas y la Organización para la Cooperación Islámica, para garantizar el suministro sin trabas de alimentos, medicamentos y combustible a la población sitiada de Gaza, es un deber humanitario y legal urgente.
La República Islámica de Irán considera que la celebración de esta reunión es un paso necesario para coordinar estas medidas efectivas, disuasorias y urgentes. Nuestra responsabilidad religiosa y humanitaria, como representantes de los países islámicos, junto con las obligaciones legales de cada uno de nuestros países como partes sujetas a la Carta de las Naciones Unidas, la Convención sobre el Genocidio y las cuatro Convenciones de Ginebra de 1949, nos exige tomar una decisión eficaz y seria para ayudar a nuestros hermanos en Gaza y Cisjordania, detener el genocidio, exigir responsabilidades y castigar a los criminales, e impedir las ambiciones expansionistas de esta entidad genocida e ilegal en el mundo islámico. Debemos avanzar con determinación para implementar estas resoluciones.
Cualquier vacilación, inacción o cualquier ilusión basada en la confianza, en promesas engañosas como los "Acuerdos de Abraham" resultará en una grave pérdida para la nación islámica.
El silencio ante las tragedias y los crímenes cometidos por la entidad sionista, así como la dilación a la hora de confrontar las políticas y acciones nazis del Hitler moderno, no solo constituyen una traición al pueblo oprimido de Palestina, sino también a todos los principios morales y los fundamentos de la civilización humana, y una grave amenaza para la seguridad, la soberanía nacional y la integridad territorial de los países de la región.
Ha terminado la era de las consignas, las declaraciones y las meras expresiones de condena y preocupación. Ha llegado el momento de la unidad y la solidaridad, de palabra y obra en el mundo islámico, para tomar decisiones decisivas y fortalecer la plena cooperación y coordinación para implementarlas, con el objetivo de salvar las vidas de los oprimidos en Gaza y proteger al mundo islámico.
La historia nos juzga hoy. Demostremos que la nación islámica, en los momentos más dolorosos y decisivos de su historia, es capaz de defender a los oprimidos y frenar al asesino. Preservar el mundo islámico, garantizar la seguridad nacional y la soberanía de los países de la región y alcanzar el objetivo sagrado de establecer un Estado palestino independiente con Jerusalén como su capital, dependen de la decisión valiente y decisiva que adopte la Organización de Cooperación Islámica frente a la amenaza existencial que plantea la entidad ocupante genocida.