¿Hacia dónde van las relaciones turco-iraníes?
Las declaraciones iraníes críticas a las violaciones israelíes que tienen lugar en Siria provocaron una reacción pública, como si hubiéramos pasado de gestionar los desacuerdos a declararlos públicamente. Irán denunció estas declaraciones, considerándolas una crítica que escapa al marco diplomático.
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¿Hacia dónde van las relaciones turco-iraníes?
La visita del emir de Qatar, Tamim Al Thani, a Irán el pasado mes de febrero no parece haber logrado cerrar la brecha en la relación turco-iraní en Siria, en un momento en que la región enfrenta desafíos que requieren consulta y coordinación.
A pesar de coincidir en la conferencia de prensa con el presidente iraní, Masoud Pezeshkian, en que el mejor camino para resolver los conflictos es el diálogo constructivo, el emir Tamim intentó mediar entre Irán y la nueva administración política en Siria.
Turquía no parece dispuesta a abrir una nueva página en sus relaciones con Siria e Irán, como sí lo ha hecho con Rusia. De hecho, actúa bajo la premisa de que no le conviene hacerlo.
Aunque Qatar respaldó y financió la llegada de Ahmad Al-Sharaa al poder en Siria, limitó su intervención a fortalecer a sus aliados islamistas en el gobierno. Sin embargo, fue Turquía quien ejecutó los planes para derrocar a Al-Assad.
Ankara busca ejercer un control estratégico en Siria y un impacto directo en los ámbitos económico, militar y político. Considera su presencia en Damasco como una vía para fortalecer sus relaciones con los Estados del Golfo y ampliar su influencia hacia Irak, Yemen y Líbano.
Turquía pretende llenar el vacío dejado por Irán. Sin embargo, si bien Qatar ha intentado acercar posturas entre ambos países en Siria, las contradicciones en sus intereses y políticas han dificultado la consecución de acuerdos.
La crítica del ministro de Asuntos Exteriores turco, Hakan Fidan, a la política exterior iraní en una entrevista televisiva la semana pasada, en la que instó a Teherán a cambiar su enfoque, estuvo acompañada de una advertencia clara: Turquía no tolerará el apoyo iraní a ninguna facción que se oponga a sus esfuerzos por establecer un nuevo orden político en Siria.
Estas declaraciones se produjeron tras manifestaciones iraníes sobre la situación en Siria y la necesidad de resistir la expansión israelí en el sur del país, donde "Israel" ha consolidado su control sobre el Golán sirio ocupado y el Monte Hermón, justificando su presencia con la supuesta protección de la comunidad drusa frente a las políticas islamistas en Siria.
Además, ha avanzado en la provincia de Quneitra, donde ha establecido una base militar y logística en puntos estratégicos.
Las declaraciones iraníes denunciando las violaciones israelíes en Siria y abogando por un cambio en la situación generaron una respuesta mediática abierta por parte de Turquía, lo que marcó un punto de inflexión en la dinámica de gestión de diferencias entre ambos países. Irán interpretó esta reacción como una crítica fuera del marco diplomático.
Esta evolución refleja un cambio en la lectura turca de los acontecimientos regionales, dado que Ankara no ha logrado los beneficios estratégicos que esperaba de su enfoque en varios frentes.
Es evidente que Turquía no tiene intención de coordinar con Irán en Siria de la misma manera que lo ha hecho con Moscú y otras capitales que han solicitado su mediación ante la nueva administración siria. Su prioridad es reducir la influencia iraní en múltiples escenarios de confrontación bilateral y acusa a Teherán de evitar opciones de diálogo, distensión y diplomacia.
Estas declaraciones cruzadas entre ambos países se producen en un contexto en el que la expansión israelí no ha sido contenida y mientras se desarrollan incidentes en la costa siria.
En paralelo, las Fuerzas Democráticas Sirias (FDS) han manifestado su desinterés en la declaración de Abdullah Öcalan llamando al desarme del Partido de los Trabajadores del Kurdistán (PKK), argumentando que es un asunto interno de Turquía.
Ankara, por su parte, interpreta esta postura como extensible a las FDS en Siria y, tras haber apostado por su disolución al considerarlas una amenaza terrorista, ha intensificado su vigilancia y ha advertido públicamente a Irán contra cualquier apoyo a los kurdos.
Teherán mantiene intereses estratégicos en Siria y en la región en general. Su postura frente a la nueva administración siria es de cautela, sin haberla reconocido oficialmente. El líder supremo de Irán, Ali Khamenei, ha señalado que "Israel" y Estados Unidos han planificado la expulsión de Irán de Siria, insinuando la implicación de una "vecina" sin mencionarla directamente, en clara alusión a Turquía.
No cabe duda de que el cambio de gobierno en Siria representó un revés estratégico para Irán. Sin embargo, su dirección política ha optado por la vía diplomática para gestionar sus relaciones con Damasco, buscando puntos de convergencia con el gobierno sirio que le permitan garantizar su retorno a la escena siria.
Varios líderes militares y políticos iraníes han reiterado su apoyo a la soberanía y la integridad territorial de Siria. Teherán teme que el desmembramiento del país desestabilice toda la región y considera que cualquier llamamiento a la inestabilidad beneficiaría únicamente a actores externos.
La plataforma de Astaná jugó un papel clave en la contención de las diferencias entre Turquía e Irán.
No obstante, el nuevo enfoque turco en Siria ha favorecido la alineación con Occidente y la inacción ante la expansión israelí, que ha adoptado un claro componente divisionista al amparar a minorías en Siria.
La escalada solo beneficia a "Israel"
El endurecimiento de la postura turca coincide con la preparación de "Israel" para un conflicto en múltiples frentes. El primer ministro, Benjamín Netanyahu, lo expresó con claridad en la sesión de la Knesset del 3 de marzo, al enumerar las áreas de confrontación: Franja de Gaza, Cinco colinas en Líbano, cuyo control no está dispuesto a ceder pese al alto el fuego, manteniendo así una zona de operaciones para ejecutar asesinatos en territorio libanés con respaldo estadounidense.
El tercer frente es el Sur de Siria, donde busca ampliar su ocupación desde el Golán sirio ocupado hasta Quneitra, Campiña Damasco y el oeste de Daraa, estableciendo una zona de amortiguamiento y captando el apoyo de kurdos y drusos.
Según el Wall Street Journal, el gobierno de "Tel Aviv" podría destinar mil millones de dólares para atraer a la comunidad drusa, con el objetivo de afianzar su control sobre el sur de Siria e imponer su voluntad en Damasco.
Mientras tanto, Irán es amenazado con ataques a sus instalaciones nucleares y Yemen sigue resistiendo en favor de Gaza, dos frentes en los que "Israel" necesitaría una intervención directa de EE. UU. para doblegar.
Egipto y Jordania, por su parte, han rechazado el desplazamiento forzado de los habitantes de Gaza, y aunque mantienen acuerdos de paz con "Israel", han comenzado a comprender que estas alianzas no les garantizan seguridad, especialmente tras la negativa israelí a retirarse del corredor de Filadelfia, a pesar del acuerdo de Camp David y del alto el fuego con Hamas.
Ankara considera que su membresía en la OTAN y su relación con EE. UU. le brindan protección en Siria. Sin embargo, la crítica de su ministro de Exteriores a la política iraní refleja el temor a que Washington respalde la fragmentación de Siria, el mantenimiento de la ocupación israelí en el sur y la consolidación del proyecto de las FDS.
Su interferencia fuera del marco de los acuerdos de Astaná ha debilitado la capacidad siria de defenderse ante la agresión israelí.
Como dijo Erdogan, "Israel" no ha sido alejada ni de sus fronteras ni de las de Anatolia. Es posible que Turquía, al percibirse con mayor margen de maniobra, haya comenzado a confiar en un exceso de poder.